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Madramany: el acto de coleccionar con el corazón

La Base de La Marina acoge una de las colecciones privadas más impactantes que se han visto en València en los últimos años.

‘Ramses II o es Franco! (2003) de Artur Heras. f.b.

El coleccionismo de arte contemporáneo atraviesa una etapa de extrañeza, entre la fiebre por el criptoarte y la inversión de grandes fortunas en subastas. Quizás sea este un buen momento para recordar a quienes coleccionan obra por el placer de contemplarla a diario o, más aún, apoyar a la creación en forma de mecenas. Independientemente de la escala a la que nos enfrentemos, iniciar una colección no deja de ser un acto íntimo para quienes saben apreciar lo que hay detrás de cada obra.

Esa intimidad con las piezas adquiridas a lo largo de una vida a veces se ve rescatada en forma de legado. Otras, se diluye cuando los herederos de la colección no tienen ánimo de continuarla o de contribuir a su conservación. Por eso si hay continuidad resulta tan especial, así los amantes del arte podemos asomarnos a un universo particular, recopilando retazos de una experiencia estética ajena que hacer nuestra.

Más de un centenar de obras pertenecientes en inicio al empresario agrícola, activista y coleccionista de arte Vicent Madramany (l’Alcúdia, 1946 – Perpiñán, 2018) reivindican su pasión por la pintura en un gran proyecto curatorial que expone La Base de la Marina de València. En un ejercicio de coordinación de préstamos de trabajos dispares, pese a tener puntos en común, para agruparlos en un mismo espacio físico y una cuidada publicación en formato catálogo.

Es la primera vez que puede verse una selección tan amplia de las obras que Madramany, implicado en el mecenazgo, coleccionó durante más de medio siglo, desde los años 60. La cita supone un homenaje a su figura, a lo largo de cuatro salas que articulan un recorrido por su sensibilidad a través de obras de 33 artistas. Memoria, ficción e intimidad son los tres ejes temáticos en torno a los cuales se estructura un panorama dominado por pintura figurativa y abstracta.

Comisariada por Josep Salvador y Artur Heras, la muestra, que estará expuesta hasta el 10 de enero de 2022, reúne piezas de Valerio Adami, Lucebert, Ben Vautier, Jean Le Gac, Pat Andrea, Toni Bevan o Claude Viallat, junto a los valencianos Javier Chapa, Adrià Pina, Chema López, Santiago Ydáñez, Tania Blanco, Mery Sales, Carolina Ferrer, Ernesto Casero, además de Rafael Armengol, Manuel Boix y el propio Artur Heras, entre otros.

Destacan en la entrada de la sala grandes lienzos de Heras, que reciben al espectador ante un espacio amplio que permite escoger la dirección en que visitar la muestra. No hay un itinerario fijado, los visitantes tienen libertad de movimiento y son las piezas las que llaman la atención y atraen para que cada uno trace su camino. De manera que la exposición se convierte en plural, en varias exposiciones, tantas como espectadores la visiten e interpreten.

El montaje intercala figuración y abstracción. Los impactantes rostros pintados por Santiago Ydáñez y Chema López conviven con los paisajes futuristas de las arquitecturas que Tania Blanco imagina para reflejar la relación entre naturaleza y artificio.

Esta colección colectiva pone en valor un intercambio entre artistas franceses y valencianos, cuyos trabajos dialogan en perfecta armonía pese a la diversidad de técnicas y lenguajes. Probablemente porque el gusto estético y de componente crítico que tuvo el coleccionista sigue latente entre la magnífica selección de piezas.

De hecho, Madramany es considerado por los comisarios como prácticamente un desconocido en nuestro ámbito local pese a su tan loable labor. Por lo tanto, ahora se pretende aproximar su historia, a través de lo que le apasionaba: el arte. Dicho objetivo lo cumple de largo el proyecto al que, además, lo siguen una serie de actividades, charlas y conferencias vinculadas al cooperativismo, ya que en ese contexto la importación y exportación de fruta fue su actividad principal. En realidad, su espacio artístico fue fundado en un antiguo almacén de frutas francés, al ser destinado a la zona, tras haber sido gerente de la Cooperativa Agraria de l’Alcúdia. Cuando lo designaron con Anecoop, primera empresa hortofrutícula del mediterráneo, a internacionalizar la cooperativa de cooperativas por Europa.

El origen del homenaje público se retrotrae varios años, pues la idea surge antes de la pandemia, al reflexionar sobre el repentino fallecimiento del coleccionista y su legado. Aunque inaugurar semejante exposición ha tenido ciertas dificultades. Así lo expresa el actual director del centro de arte Àcentmètresducentredumonde, Salvador Pavía, quien señalaba durante la apertura que ha sido un proceso laborioso que ha conllevado años. Entre otras cosas, porque los fondos del centro no son propiedad del recinto como tal, puesto que no es un museo, sino que funciona a modo de cooperativa.

La exposición, bajo el título ‘Colección Colectiva’, nos hace volver la mirada hacia un modelo de coleccionismo desde el corazón, coherente con los ideales y las tareas que se desempeñen desde lo privado a lo público. Entendiendo el acto de coleccionar como una forma de vida que va más allá de la acumulación de obras. Aquí el coleccionista y su generosidad, en cuanto a mecenas, se perpetúan tal vez como ejemplo para generaciones posteriores.

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