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Art Contemporani de la Generalitat Valenciana en el Centre del Carme

Esta exposición reúne las 37 obras adquiridas en 2020 sin pautas generacionales ni restricciones temáticas, que discurren cuestiones de nuestra sociedad más cercana.

Art Contemporani de la Generalitat Valenciana en el Centre del Carme

Una colección institucional que busca al mismo tiempo estimular el tejido artístico de una región y reflejar su estado, no debería aplicar restricciones temáticas o generacionales. Sin embargo es lo que suele darse como criterio de adquisición, con la excepción de la colección Art Contemporani de la Generalitat Valenciana, pionera en aplicar solo criterios de calidad y paridad por la igualdad entre artistas y libertad de creación, abarcando todo tipo de técnicas, con un carácter innovador y comprometido. El Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC) expone en sus salas Ferreres y Goerlich, hasta el 23 de enero de 2022, las 37 obras adquiridas en 2020 y consigue arrojar luz sobre un panorama artístico muy prometedor.

Art Contemporani de la Generalitat Valenciana en el Centre del Carme

Conviven en un mismo espacio las obras de Julia Galán (Castelló, 1963), Concha Ros (València, 1967) y Alejandro Casanova (València, 1981), en las que el cuerpo femenino tiene el protagonismo. Dibujo, collage, arte sonoro y fotografía, representan la soledad cotidiana, la incomunicación y los modos en que el lenguaje resulta central para la estructura del yo. Al pie de la escalera que da paso a la zona central de la sala, una escultura de Carmen Ortiz (València, 1966) nos recibe en forma de puerta blanca de acero esmaltado. Se trata de una metáfora del paso del tiempo, nos recuerda que nada es estático, que el presente muta hacia el futuro mientras estamos en él. «Cruzar la puerta es un acto de devenir», explica la artista.

Art Contemporani de la Generalitat Valenciana en el Centre del Carme

Una obra significativa de la primera etapa de la trayectoria de Carmen Calvo (València, 1950) hila la metáfora poética bajo el collage de las telas, dialogando con las cerámicas de Juan Ortí (La Coruña, 1974) que quedan a su lado. Afincado aquí, Ortí trabaja el contraste de texturas de una blancura impoluta.

A su izquierda, los dibujos de Roberto Mollá (València, 1966) aportan la estructura controlada del papel milimetrado, al mismo tiempo fluido y sometido a la geometría de la cuadrícula.

La naturaleza pasa a dominar la escena cuando accedemos al lugar en que convergen los trabajos de Elena Martí (Barcelona, 1966), Ester Pegueroles (Castellón, 1970) y Chema López (Albacete, 1969). La instalación ‘Out of place’ de Martí genera un lecho de posidonia que remite al mar, con el relato de bosques de pino y pantanos fotografiados por Pegueroles.

Laura Palau (Benlloch, 1993) es una de las artistas más jóvenes de la colección y puede contemplarse su magnífico políptico ‘Observatorio’ más adelante. Trabaja con fotografía estenopeica y muestra el resultado de una serie de capturas tomadas dentro de colmenas de abejas del interior de Castelló, en La Plana Alta y el Maestrazgo. El juego de escalas nos traslada a escondites perdidos entre la vegetación. Además quiere denunciar el robo que sufren continuamente los apicultores de ese área geográfica y que es también una agresión al entorno natural.

El mapa y el territorio, intervenidos por los humanos, emergen señalando los males del cambio climático. Silvia Sempere (Alcoi, 1968) propone, mediante imágenes sintéticas, una reflexión sobre el proceso de devastación del territorio por la generación de residuos. Así, su obra interviene el centro de la exposición con una fotografía a gran escala de un vertedero local. Impresa y arrugada, crea un paisaje de superexplotación. Nos pone delante de modo muy gráfico y sugestivo, uno de los mayores problemas de la sociedad del consumo. La inmundicia acumulada que envenena los mares, los ríos, las tierras, no tiene un origen natural y por lo tanto llama a la acción. Tomar conciencia de la capacidad de recuperación del medioambiente si actuamos pronto y consecuentemente, es uno de los objetivos que comparten muchas de las piezas que encontramos en esta muestra. La preocupación por mejorar la situación del planeta, el cuidado de la naturaleza y la relación de nuestros cuerpos y nuestra toma de decisiones con el contexto que nos rodea es un hilo conductor.

Por su parte, Josep Pedrós i Ginestar (Gata de Gorgos, 1957) exhibe una escultura de hierro, sarmiento y cáñamo que simboliza un refugio. Abarca dos acepciones, la de refugio como habitáculo o construcción que protege de la intemperie y la de una representación de la protección que otorga la naturaleza casi por azar. Con una luz suave en el interior de la pieza, la obra transmite paz, calma e invita al detenimiento. Está reforzada con elementos vegetales atados con cordeles de cáñamo que le dan el aspecto que podría tener un arbusto salvaje. Frente a ella se proyecta el vídeo de Alejandro Mañas (Castelló, 1985) titulado ‘Sonidos a la libertad. Dicha pieza de videoarte muestra un paisaje neblinoso en el que fueron asesinadas víctimas de la dictadura franquista. Se escuchan disparos, la memoria histórica y la Guerra Civil se hacen presentes. El paisaje se enturbia para que el olvido jamás provoque repetir los mismos errores del pasado.

Los flujos migratorios están también representados en varios trabajos, destacando la obra de Juan Fabuel (València, 1976) que exhibe un vídeo y dos fotografías parte de la instalación titulada ‘14,24’. Esos números indican la distancia en kilómetros que separa África de Europa. Las playas de sus fotografías evocan zonas de ocio y despreocupación pero a la vez lugares de llegada para personas que anhelan una nueva oportunidad, huyendo muchas veces del dolor, la inestabilidad y la guerra.

En definitiva, pese a incluir obras tan variadas, en el difícil ejercicio de ponerlas en diálogo dentro de una misma sala, se aprecia un entramado de conexiones conceptuales y estéticas que dan buena cuenta del estado de la creación contemporánea más actual en la Comunitat Valenciana. Las preocupaciones y aspiraciones de nuestros artistas no dejan de ser las de nuestra sociedad y eso sin duda es muy buen síntoma.

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