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Sol naciente

Una selección de las historias más representativas de la trayectoria de Hayashi, donde confluyen la estética tradicional japonesa y la sensibilidad del arte pop.

Sol

La aparición de la serie ‘Tokyo revengers’, de Ken Wakui (Norma Editorial) ha sido para muchos una revelación: las colas de chavales esperando que abrieran las librerías fueron solo el anticipo de todo un fenómeno de masas que ha aupado al manga al primer puesto de las ventas de libros en España, visibilizando con fuerza una realidad incontestable que lo coloca como locomotora de toda la industria del tebeo en nuestro país. Lejos del boom que en los noventa marcó el ‘Dragon Ball’ de Akira Toriyama, el éxito actual del cómic japonés llega tras un lento y continuo crecimiento que en los últimos años se ha hecho exponencial, impulsado por un público infantil y juvenil con el que conecta sin problemas. El manga habla su lenguaje y ofrece una variedad tan amplia que es difícil sustraerse a su encanto: sea cual sea la temática de la que se guste, hay un manga hecho a esa medida. El estereotipo de los dibujos de niños de ojos grandes, heredado de la influencia que las producciones de animación de Disney y los Flescheir tuvieron en Osamu Tezuka, está completamente superado por generaciones de autores y autoras que aportan al tebeo japonés una amplia diversidad estilística que una industria bien engrasada sabe aprovechar a la perfección. La naturaleza transmedia que el cómic occidental ha asumido a través del género de superhéroes es una realidad en la cultura japonesa desde hace décadas, con una transmisión perfecta entre el papel y el audiovisual que hoy se plasma en la nutrida presencia de la producción nipona en las plataformas de contenidos audiovisual más conocidas, que alimenta de nuevos lectores las series sobre las que se desarrolla.

Sin embargo, todavía hay muchos lectores y lectoras que se niegan a acercarse al manga influidos por ese éxito juvenil abrumador que, paradójicamente, lleva al manga los mismos prejuicios que ha tenido el cómic occidental tradicionalmente. Un error imperdonable que, afortunadamente, puede resolverse rápidamente con el catálogo de editoriales como Gallo Nero, que tras dar a conocer en España la obra de autores fundamentales como Yoshiharu Tsuge, Yoshihiro Tatsumi o Sin’ichi Abe publica este mes ‘Polen Dorado’, una antología de uno de los autores más vanguardistas del cómic japonés, Seiichi Hayashi (con traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés). Su obra es poliédrica e hipnótica: relatos construidos a modo de fragmentos aparentemente inconexos de recuerdos, leyendas y referencias de cultura pop, donde encontraremos misteriosos ‘yokais’ tradicionales japoneses que se cuelan en escenas que podría haber firmado Alain Resnais o caballeros del medioevo europeo que luchan contra hermosas mujeres desnudas mientras son testigos los ‘gasha dokuro’, los inmensos esqueletos que reptan durante la noche en los caminos bebiendo la sangre de los viandantes. En las creaciones de Hayashi no hay espacio para la narración lineal, sus relatos se mueven a golpe de emoción y sensaciones visuales que envuelven cada viñeta, trazos apenas esbozados que componen versos de poemas visuales que hablan de sentimientos perdidos. Sus páginas evocan lecturas mientras se dejan arrastrar por la melancolía o el recuerdo de la madre, por la fascinación por los personajes de los cómics americanos o por las leyendas que aprendió de niño. No hay que intentar encontrar lógicas en la lectura, solo dejarse arrastrar por unas imágenes que súbitamente comenzarán a tener vida propia y nos acompañarán en un viaje sin retorno a un mundo de recuerdos olvidados que solo viven en el mundo de los sueños. Una obra tan enigmática como hermosa que nos demuestra que el manga ha transitado caminos mucho antes que el cómic occidental y que renunciar a él es perder algunas de las obras más poderosas que ha dado el noveno arte.

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