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Turismo contemplativo

Un ensayo narrativo que entreabre una veintena de puertas, proponiéndo un periplo a través de la cultura y el arte, de la historia y los secretos del periodo en el que fueron levantadas.

Turismo contemplativo

Oscar Martinez, profesor de Historia del arte en la Escuela de Arte de Albacete, aprovechó su encierro forzoso durante los meses más intensos de la actual pandemia para ordenar el amplio material que a lo largo de los años habia recogido durante sus viajes en busca de arquitectura singular -palacios, castillos, mansiones, iglesias...en su mayoria del entorno mediterráneo-. Y dentro de ella, con polarizada fascinacion por los accesos, entradas, puertas, umbrales... de tales edificios.

El título completo de la obra resulta perfectamente orientativo acerca de lo que alberga: ‘Umbrales. Un viaje por la cultura occidental a través de sus puertas’.

La imagen de puerta, acceso o umbral se asocia, entre otras vinculaciones, a la idea de demarcación -física y sobre todo simbolico-emocional- entre lo exterior y lo interior, lo manifiesto y lo oculto, lo profano y lo sagrado...

Este libro configura un inventario razonado de veinte umbrales ilustres o secretos, que tienen en común la mencionada fascinación que han ejercido sobre el profesor Oscar Martinez.

Citemos algunos: la Casa de los Vettii en Pompeya, el dolmen de Menga en Antequera, el Panteón de Adriano, el arco de Tito, el templo funerario de Ramses III, la Basílica de San Marcos, las Torres de Serrano de la ciudad de València, la joyeria Fouquet en Paris, el edificio Bauhaus en Dessau, la Reja de la Finca de Güell, el pabellón de Secesión en Viena, el Templo de la Concordia de Agrigento, la iglesia de Santa María de los Reyes en Laguardia, el Parque de los monstruos de Bomarzo... Y así hace 20 umbrales de otros tantos edificios egregios.

Esta arquitectura es tratada desde la experiencia personal de un turista, a la vez, pasional y erudito y con evidente destreza literaria; lo que hace posible páginas tan instructivas y hermosas como las que dedica a la trayectoria simbólica del color azul en el arte religioso europeo: «En todas las ocasiones Maria viste un manto de un intenso azul. El cambio es radical. De ser un color detestado y denigrado como símbolo de barbarie, pasó a estar directamente relacionado con la mismísima Madre de Dios. El proceso es largo y confuso pero parece que se aceleró a mediados del siglo XII, cuando en pocas décadas el azul fue sustituyendo al negro como color de luto de la Maria por la muerte de su Hijo».

Siguiendo esta analítica iconográfica y a propósito del capítulo dedicado a la Reja de la Finca Güell: «En Occidente, el dragón es por lo general símbolo máximo de lo maligno. Normalmente asociado a las profundidades de la tierra y a las cavernas, como el Smaug de Tolkien, es por ello imagen de las sombras y de la oscuridad, de las fuerzas subterráneas y de las energías ctónicas». Como encarnación de la dimensión perversa de la naturaleza, en muchas ocasiones se le imagina y representa como una auténtica fusión de distintos animales reales; una unión, además, que puede hacer alusión a los cuatro elementos básicos del cosmos: tierra (en cuanto serpiente), fuego (por su aliento abrasador), agua (su parentesco con el cocodrilo), aire (su vinculación al muerciélago y los componentes alados).

A propósito de la visita que el autor realiza al edificio de la Bauhaus en la ciudad de Dessau, nos ofrece un pedagógica compendio de la historia de esa institución que tuvo una influencia decisiva en el arte y el diseño occidental, y de la que las actuales escuelas de arte y diseño vienen a ser como remotas franquicias de aquel proyecto nacido en los años 20 del pasado siglo, en la República de Weimar.

En otro excursus interpretativo, dedicado al Castel Nuovo de Nápoles, el profesor Martinez vuelve a dar prueba de amena erudicion y solvencia literaria: «Los hay que viajan hasta el centro de la ciudad para admirar el cabello milagroso de un futbolista argentino, adorado hoy en dia en una pequeña capilla en el interior de una cafeteria, como si de un semidios se tratara. E incluso he conocido a quienes han llegado hasta allí con el único objetivo de render tributo a Raimondo di Sagro, séptimo príncipe de Sansevero y constructor de la capilla de ese nombre, auténtico cofre de tesoros artísticos y científicos que necesitaría de un libro unicamente para ella. Yo acudí a Nápoles en busca de una escalera y me encontré con una puerta».

Es sencilla y elegante la estructura de este libro: a sus dos grandes bloques temáticos -’Umbrales sagrados’ y ‘Entradas a otros mundos’- los precede un prólogo ambientado en la mansión de un patricio de la Pompeya de hace 2000 años; y le siguen un epilogo situado en tiempo actual, concretamente en la calle Poeta Garcia Carbonell nº 10, 1ª de la ciudad de Albacete, domicilio del profesor Martinez

La bibliografia de esta obra debiera haber incluido quizá el ‘Diccionario de símbolos’ de Juan Eduardo Cirlot, que en lo referente a voz «puerta» propone lo siguiente: «Psicoanalíticamente la puerta es símbolo femenino que, de otro lado, implica todo el significado del agujero, de lo que permite el paso y es, consecuentemente, contrario al muro». Y especificando un caso más concreto, añade: «Entre la puerta del templo y el altar hay la misma relación que entre la circunferencia y el centro; aun siendo los dos elementos más alejados, son en cierta manera los más próximos, ya que se determinan mutuamente y se reflejan (...) Puerta, Umbral, Tránsito, también parecen ligadas a la idea de casa, patria, mundo. En la antigua Escandinavia los exiliados se llevaban las puertas de su casa; en algún caso las lanzaban al mar y abordaban en el lugar donde las puertas encallaban; así se fundó la ciudad Reykjavik en 874».

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