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El caminante

Goethe según Samuel Fuller

Pierrot le fou (Pierrot el loco) es una película de Jean-Luc Godard de 1965 que acaba con un inmenso Jean-Paul Belmondo volándose la cabeza con unos cuantos cartuchos de dinamita. Yo me vi casi todo Godard, al que llegué a través de Sunsan Sontag (Contra la interpretación), en los veranos del inolvidable París de los setenta. Fue Godard, a su vez, quien me despertó el interés por Samuel Fuller, realizador americano de marcada personalidad, siempre buen narrador, en ocasiones algo tosco, incluso estrafalario, y con marcada tendencia a incluir elementos sorprendentes en sus películas.

En Pierrot le fou Samuel Fuller se interpreta a sí mismo. Con gafas de sol y un ostentoso puro en la mano izquierda, responde a Pierrot-Belmondo en una fiesta sobre su idea de las películas: «El cine es como una batalla: amor, odio, acción, violencia y muerte. En una sola palabra: emoción».

Acabo de ver en la plataforma Filmin, que ofrece un inmenso tesoro de cine clásico, dos películas de Fuller. Una es Park Row (La voz de la primera plana), de 1952. Se trata de un vibrante y emocionado canto a la libertad de prensa. Cabe recordar que Fuller trabajó de muy joven como reportero de sucesos en el New York Graphic. Esta emblemática película de periodistas tiene un ritmo trepidante y se desarrolla en un reducido decorado del que Fuller saca el máximo partido. Cobra actualidad en un mundo en que negras sombras se ciernen sobre la libertad de expresión, con muy recientes casos sangrantes en Rusia y China. El siempre comprometido Daniel Barenboim incluyó por ello varias obras alusivas a la prensa en el último y memorable Concierto de Año Nuevo en Viena.

La otra es The Naked Kiss (Una luz en el hampa), de 1964. Con una bella fotografía en blanco y negro de Stanley Cortez, narra la historia de Kelly (Constance Towers), una prostituta que se esfuerza en cambiar de vida trabajando en un hospital para niños con problemas severos de movilidad. La obra circula entre el cine negro, el melodrama y el folletín sin límites. Tiene como principal atractivo su difícil singularidad y algunos giros de guion forzados que no restan encanto al producto final. Kelly se enamora del magnate de la ciudad, J. L. Grant, cuya aparente bondad esconde oscuros aspectos que precipitarán un final inesperado.

Al llegar a la ciudad de Grantville, Kelly conoce al capitán Griff de la policía (Anthony Eisley). Tras pasar la noche juntos, tienen una extravagante conversación, durante la que ella manifiesta al policía su devoción por la sonata para piano Claro de luna de Beethoven. Luego le recomienda leer más, y cita a Goethe, cuyo nombre el policía tiene dificultades para repetir. Con el fin de reprocharle su insensibilidad, le suelta una cita memorable del escritor alemán: «Nada es más terrible que la ignorancia activa». La frase no deja de ser como una especie de excéntrica isla en el decurso de la película, pero algunos ejemplos cercanos en la gestión pública recuerdan su triste actualidad.

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