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Cómo empiezan las guerras civiles y cómo pararlas

Barbara F. Walter, asesora sobre la violencia política desde la CIA hasta el Senado de los EEUU y las Naciones Unidas, explica como surgen las guerras civiles.

Cómo empiezan las guerras civiles y cómo pararlas

El congresista demócrata de EEUU Jamie Raskin declaró al periodista del londinense The Guardian, David Smith, que el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021, no es el final de una etapa sino el principio de algo (entrevista recogida y traducida por elDiario.es) La declaración del triunfo electoral del presidente Joe Biden, ratificada en una sesión presidida por Pierce, vicepresidente de EEUU con Donald Trump, no acabó con la polarización de un país que creía que, a pesar de todo, la democracia estaba asentada desde su independencia en 1776. Los contrapoderes institucionales habían funcionado durante más de dos siglos, a pesar de sufrir una guerra civil entre 1861 y 1865, en la que 12 estados formaron una Confederación con la pretensión de crear un nuevo estado frente a los unionistas del Norte, y donde el poder federal tendría un papel hegemónico en las decisiones políticas sin que los estados de la Unión mantuvieran sus amplias competencias. Desde entonces las publicaciones (libros, artículos y declaraciones) han ido creciendo geométricamente en el panorama intelectual norteamericano (véase David Armitage Las Guerras Civiles. Una Historia en Ideas. Alianza, 2018). La última, el libro de la profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Diego en California, Barbara F. Walter, How civil wars start and how to stop them (Peguin Books, 2022) no traducido todavía en España, y un éxito de ventas según el New York Times (ahora Alfons el Magnànim tendría oportunidad de traducirlo, en vez de gastarse el presupuesto con la biografía de Marx. Ilusión y Grandeza de Gareth Stedman Jones, publicada ya en 2018 por la editorial Taurus en un volumen de 887 páginas, pero no creo que esa institución, en manos de Flor, lo permita).

La tesis de Walter es que desde la II Guerra Mundial los conflictos armados civiles internos se han duplicado respecto a los enfrentamientos armados entre países y ya no puede afirmarse que sean casos excepcionales porque quedaron fuera de la regulación de las guerras por el Derecho Internacional. En ello intervienen diversos factores que provocan una violencia entre los habitantes de una comunidad teóricamente organizada en un estado. La guerra civil española, por ejemplo, tuvo un componente principalmente ideológico y de clase, por encima de las disputas étnicas o de rivalidades religiosas, que no hay que confundir con el anticlericalismo practicado contra la iglesia católica ocasionado por razones principalmente ideológicas, acumuladas históricamente. En cambio, en otras partes del mundo, las luchas étnicas, como en la antigua Yugoeslavia Bosnia-Herzegovina, Serbia, Eslovenia o Croacia fueron determinantes junto a la rivalidad entre las iglesias ortodoxas de serbios y la católica de croatas o eslovenos, a pesar de tener una lengua común, con ortografías diferentes, que en los últimos tiempos han ido intensificando las diferencias dialectales desde los Estados para fomentar que son lenguas distintas. Ocurrió algo parecido en Uganda entre hutus y tutsis donde las diferencias étnicas eran inexistentes, pero sí el papel que cada uno representó en la época colonial. También la iglesia ortodoxa ucraniana está separada de la rusa acentuando el conflicto de ambas comunidades, algo parecido a las luchas entre protestantes y católicos en el Ulster, zona del norte de Irlanda integrada en Gran Bretaña. Sin embargo, en Filipinas, en Myanmar, (antigua Birmania), Bangladesh, en India o en la Georgia rusa, los enfrentamientos violentos traspasan los elementos religiosos y se extienden a étnicos, con formas de vida y culturas diferentes. En última instancia se trata de diagnosticar los factores que desencadenan las guerras civiles, inaugurando una especialidad que Barbara Walter define como «civilwarology» cuya traducción podría ser «guerracivilogía». Aunque considera que las guerras civiles en nuestros días se libran de manera diferente a las del siglo XIX y a la primera mitad del XX, y constituyen en muchos casos el paso de la «anocracia», etapa de transición de una sociedad autocrática y represiva, a una democrática.

Una encuesta del Survey Center del American Enterprise Institute reflejaba que un 36% de la población (alrededor de unos 100 millones de estadounidenses) está abandonando las formas de vida tradicionales que los norteamericanos tenían desde el siglo XIX. Y así, muchos piensan que si los estados y el gobierno federal no les protege los ciudadanos se arrogan del derecho a hacerlo por su cuenta y mantener los valores de la patria, recurriendo a la violencia si ello significa poner las cosas en su sitio para salvar el país. Eso lo representó y lo sigue representando Donald Trump. Según expone Stephen Marche en «La próxima guerra civil en EEUU: mensajes desde el futuro de EE.UU» este país está llegando a su destrucción. Para Walter también existen precondiciones que pueden acabar en una nueva guerra civil en USA. No hay puentes de entendimiento entre unos republicanos que están dispuesto a acabar con el sistema vigente, restringiendo, si cabe, el voto a determinados colectivos, y unos demócratas que al menos pretenden mantener las actuales Instituciones. Por ello se alude a la fragilidad de la democracia en EEUU en la actualidad, lo que suele denominarse discurso populista. No solo fue el asalto al Capitolio, en 2020 unas milicias patrióticas intentaron secuestrar a la gobernadora de Michigan y los dos acusados fueron considerados no culpables por un jurado federal y con los otros no se llegó a un acuerdo y el juicio se declaró nulo. Pero, curiosamente, en medio de toda esta literatura pesimista sobre la evolución de EEUU Bruno Maçaes, antiguo ministro portugués de Asuntos Exteriores escribe un libro optimista sobre el futuro de los norteamericanos en History has begun: The birth of a New América (La Historia ha comenzado. El nacimiento de una Nueva América). Parte de una pregunta: ¿y si EEUU no está en declive y su historia como superpotencia acaba de empezar?

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