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El caldero de Gracq

Patrick Modiano dijo que los libros de Julien Gracq se pueden releer continuamente abriéndolos al azar.

Gracq

Julien Gracq (1910-2007), eminente escritor francés y profesor de geografia de instituto de segunda enseñanza. Autor de novelas como En el castillo de Argol, El mar de las Sirtes, Los ojos del bosque, El rey Cophetua... Militó algún tiempo en el partido comunista y más tarde en el movimiento surrealista. No fue persona con mucha vida social y literaria. Y muy aprensivo con los medios de comunicación. Se prestó a ser entrevistado en contadas ocasiones. Este volumen recoge y traduce algunas de ellas.

Sobre las condiciones idóneas para la creación literaria, al menos en su caso, dice Gracq: «dificilmente podría escribir en un lugar que no tuviera una ventana, preferentemente que diera al campo y con una vista panorámica ante mis ojos».

En cuanto al inicio de un proceso creativo: «basta con una señal, basta con un detonante que desencadene el azar; ese detonante puede ser cualquier cosa: un encuentro, un paseo, un paisaje».

Lo que trata de encontrar es «un clima, un espacio, una iluminación, una especie de nota musical muy precisa».

Cita con frecuencia, como fuente de autoridad, observaciones y aforismos de Paul Valéry.

En su opinion hay dos clases de escritores en lo que concierne a impresiones visuales: están los miopes y los que padecen presbicia; Breton y Colette pertenecen al primer grupo, se fijan en las cosas pequeñas; Chateaubriand y Claudel pertenecen al segundo , son escritores panorámicos.

Por otro lado, considera que Paul Valéry y André Breton cubren practicamente todo el espacio literario de su tiempo.

Consigna algunos de sus trucos compositivos: «el ritmo sigue siendo de importancia capital y el control del todo sobre las partes. Unicamente procuro, cuando cambio una palabra, sustituirla por otra más concreta, este uso siempre me ha resultado rentable. Las palabras abstractas son los ripios del vocabulario y nuestra època hace un uso abusivo de ellas».

Sutiles consideraciones propias de alguien que sabe de lo que habla: «un sentido táctil de la palabra, de sus armónicos y de sus correspondencias ocultas, de eso que yo llamo ‘vínculos enterrados’. Aquello a lo que denominamos estilo es, en gran parte el eco o resonancia de las palabras entre si».

En otra ocasión señala que los personajes de sus novelas siempre están de vacaciones o bien se han ido a la guerra, rara modalidad de vacación.

Uno de los temas que lo tuvo fascinado a lo largo de su vida literaria fue el Grial, a resultas de su pasión por la música de Wagner. El Grial es una piedra milagrosa que da de comer, aporta alimentos y cura heridas. «El Grial existe, está oculto en algún lugar concreto donde se le puede descubrir y eso es lo que literariamente resulta fascinante».

A propósito de esa pasión, advierte que aunque desprovisto de creencias religiosas, «sigo siendo, por una inconsecuencia que no me acabo de explicar, extremadamente sensible a todas las formas que pueda revestir lo sagrado».

Para ilustrar la relacion entre ficción y realidad, vida cotidiana y novela, Gracq, en una de las entrevistas, emplea este esclarecedor y afortunado símil: «una gran novela no era la vida pero se le parecía, en la medida, a la vez muy importante y muy incompleta, en que una campana se parece a un caldero. Es decir, la misma apariencia pero una se utiliza únicamente para satisfacer exigencias prácticas de la vida, y la otra únicamente para producir sonidos».

La traducción de estas entrevistas, excelente y documentada, ha estado a cargo de Manuel Arranz.

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