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Fuster acabó apreciando a Blasco

Un encuentro y una discusión literaria dio para que Joan Fuster reconsiderara su opinión sobre Blasco Ibáñez.

Fuster acabó apreciando a Blasco

Conocí a Joan Fuster una noche en que osé discrepar de sus opiniones sobre Blasco Ibáñez. Fue ocasión en la que en Castelló, fiestas de la Magdalena, otorgaron a Vicent Andrés i Estellés la Flor Natural de los Juegos Florales. Estellés acudió acompañado por Fuster y Vicent Ventura. Nos encontramos, tras la velada literaria, en el Casino Antiguo. En aquellos años yo colaboraba en Las Provincias. Tiempos en que los aspirantes no éramos becarios como ahora. Pagaban nuestras colaboraciones solicitadas o espontáneas. Por esta razón conocía a Estellés con quien había cenado muchas noches de bocadillo que desde Jai Alai traía un camarero. Estellés fue el primer maestro que me animó a seguir en el oficio.

Fuster acabó apreciando a Blasco

Aquella noche castellonense surgió en la conversación Blasco Ibáñez del que yo era gran defensor. Mi fervor por La Barraca, o Cañas y barro sorprendieron a Fuster quien, junto al escritor mencionaba al político a quien en este aspecto no tenía el mínimo aprecio.

Tiempo después, Estellés me relató una anécdota que me entusiasmó. Me recordó la noche de Castelló y mis opiniones sobre Blasco y las de Fuster. Una tarde en que Estellés estaba en la puerta del Ateneo Mercantil pasó un tranvía de aquellos amarillos con jardinera y en ella iba Fuster. Llamó a gritos a Estellés para que subiera y este lo hizo. En aquella jardinera, Fuster le dijo que, tras mi charla, había tenido la ocasión de releer a Blasco. Y tras ello confesó que como escritor le pareció más importante de lo que había creído. Le pidió que se lo contara a aquel xicon de Castelló. Tiempo después, Fuster acudió a Madrid a una de sus reuniones literarias que acababa compartiendo almuerzo con la colla ‘Tirant lo Blanc’ de la que formábamos unos pocos valencianos lectores de Fuster y de Estellés.

Al final del almuerzo me invitó a que participara en una enciclopedia que se estaba preparando y me propuso que escribiera la biografía de los toreros valencianos. Inmediatamente me puse a la faena para que constaran Manolo Granero, Fabrilo, Vicente Barrera, Manolo Martínez (exiliado tras la Guerra Civil una años en México), Rafael Ponce Rafaelillo, tío del actual Ponce, Ángel Celdrán Carratalá muerto en la plaza de Inca, entre otros, y hasta Miguel Báez Espuny ‘Litri’, nacido en Gandia.

En la siguiente ocasión en la que en el almuerzo tuvimos además como comensal a Raimon, Fuster me dijo que me iba a pagar la colaboración. Me dio seiscientas pesetas que en aquellos años para un jovenzuelo era casi una fortuna.

Mi relación con Fuster fue muy esporádica, pero siempre cordial a pesar de nuestro primer encuentro en el que no coincidimos en los valores de Blasco. Mi afecto por el autor de Nosaltres els valencians, me permitió convertirme en uno de sus defensores. Incluso una vez en que Antonio Puchades almorzó en mi casa, en Madrid, ya era casado, le hablé de Fuster. Tonico fue elocuente en pocas palabras: «Sé que és un xic molt intel·ligent i fa honor a Sueca. Jo també l’estime».

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