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Dime que me lees

Pilar en las ciudades

El verano debería estar, por fin, acabándose. Aunque no, las ganas de viajar. Partir, decía Paul Morand, es ganarle un pleito a la costumbre. Por eso, ante el imperativo de la vuelta a la rutina, no está mal recurrir al consuelo y a la llamada de un libro de viajes. Y si, además, no está escrito por un intrépido viajero profesional, sino por una mujer que podría ser nuestra vecina, nuestra compañera de trabajo o, con fortuna, nuestra amiga, mejor que mejor.

El libro que te propongo, quimérico lector, se llama Las bellas ciudades y yo (Libros del Baal). Está escrito por Pilar Lennon (València,1952), una profesora de instituto que lleva cuatro décadas recorriendo el planeta de punta a punta. Desde las primeras escapadas de una jovencita de apenas diecisiete años a París y Florencia, a sus viajes a Djenné y Tombuctú; desde los desiertos de Yemen a la austral Ushuaia; desde Samarcanda a Salvador de Bahía; de Cuzco a Jartum; de Ubud, en Bali, a Mombasa… Así, hasta setenta ciudades sobre las que compone un breve relato de trazos impresionistas, en el que confluyen pinceladas descriptivas y experiencias personales, paisaje y paisanaje en la mejor tradición del género viajero.

La autora ha tenido el acierto de no haber ordenado cronológicamente los viajes, algo que en cierto modo le hubiera conferido un interpretable tono biográfico, lo que no es el caso. Antes bien, ha optado por el orden alfabético, que aquí es una elegante manera de sistematizar lo aleatorio. Debajo del nombre de cada ciudad, aparece el país junto al mes y el año de la escapada. Referencia que permite al lector contextualizar unos relatos aparentemente escritos al regreso, o reconstruidos después, a partir de unas notas de viaje. Una opción narrativa que le otorga agilidad, ligereza y frescura a un texto que revela a una observadora perspicaz, llena de sentido del humor y curiosidad, de tenacidad aventurera, de empatía y de ganas de vivir y bailar, o lo que casi es lo mismo, de conocer al otro.

Dice Pilar Lennon que de todas las urbes a las que ha viajado, las que más le han impresionado son las ciudades de barro del Sahel y de los desiertos yemeníes. Y a propósito de Ghat, en el desierto de Libia, escribe: «En la ciudad de arena habita el tiempo». Una frase espléndida que habría hecho las delicias de Borges y que vale ya de por sí todo el libro. No sé si a Pilar Lennon le hubiera gustado hacer de su vida una película de carretera, ni mucho menos qué banda sonora le habría puesto, pero sí sé que ha escrito un hermoso libro para estas interminables tardes del final del estío.

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