Suscríbete

Levante-EMV

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Una vida para recordar

Un libro donde Nora Ephron repasa a modo de memorias, su vida profesional, familiar y sus pasiones más ocultas.

recordar

Fue en el año 2006 cuando aquí, en nuestro país, se publicó: Ensalada loca, el primer libro de ensayo de la conocida guionista estadounidense Nora Eprhon. Ya por entonces, su acerado sentido del humor y su temática feminista, captó la atención de los lectores. Con el paso del tiempo se convirtió en una autora de pluma irreverente y de lectura imprescindible.

Por su ingenio, ha sido a menudo comparada con Tom Wolfe, además, ella, era perspicaz y genuina. Nos dejó, lamentablemente, un 26 de junio del 2012, dos años después de la publicación en Estados Unidos del que seria su último libro: sirva su lectura y esta reseña como un pequeño homenaje.

Nora Ephron, era escritora de novelas y una gran creadora de comedias románticas, que también dirigía. En su haber constan varias películas míticas: Cuando Harry encontró a Sally, Tienes un email, Algo para recordar y Hearburn -traducida al español: Se acabó el pastel-, siendo en ésta última, adaptación de su primera novela, donde relata las vicisitudes de su matrimonio y posterior divorcio con el célebre periodista Carl Berstein –uno de los dos reporteros que destaparon la trama del escándalo Watergate-.

No me acuerdo de nada, es un libro en el que la autora, repasa a modo de memorias, su vida profesional, familiar y sus pasiones más ocultas. Lo hace sin tapujos y con soltura. Como mujer, sabe muy bien de lo que escribe y dice lo que piensa. Con un lenguaje mordaz e irónico, logra transmitir al lector su manera de ver y sentir las cosas cotidianas, lo excepcional, lo banal y lo verdaderamente importante. Y expresa con total naturalidad temas sobre los que algunas mujeres posiblemente por pudor, nunca hablarían.

A lo largo del libro, en cada capítulo o artículo, nos va desgranando todos aquellos episodios que recuerda y que fueron significativos para ella; desde sus divorcios hasta sus éxitos y fracasos, sus amistades y manías. Amaba su profesión de periodista y nos lo hace saber relatando sus inicios en Nueva York, en ese mundo masculino del periodismo en el ambiente de los años 60 y 70.

La cercanía en el tono que utiliza la autora, que habla directamente al lector en primera persona y con conocimiento de causa, resulta tan conmovedor y real, que no podemos más que asentir y sonreír ante las realidades de las que se ocupa. Pero también, a lo largo del texto, nos encontramos con sugestivas reflexiones que tratan sobre el envejecimiento y el paso del tiempo:

«Soy vieja. Tengo sesenta y nueve años. En realidad, no soy vieja. Viejo de verdad se es a los ochenta. Pero una persona joven definitivamente pensaría que soy vieja. A nadie le gusta reconocer que es viejo. Como mucho, la gente está dispuesta a aceptar que es mayor. O algo mayor».

No me acuerdo de nada, es un libro en el que la autora no se anda con rodeos en el mensaje que quiere hacer llegar al lector. Es agridulce, en ocasiones divertido y casi siempre nostálgico; en él descubriremos a una escritora brillante que con flahsbacks y numerosas anécdotas, nos muestra como fue su interesante vida. Una vida que, a pesar del título de la obra, recordaba lo suficiente como para dejar escrito para siempre una apasionante historia.

Y así empieza:

«Hace años que las cosas se me olvidan. Me pasa por lo menos desde los treinta. Lo sé porque entonces escribí algo sobre este asunto. Tengo pruebas. Por supuesto, no recuerdo exactamente dónde ni cuando lo escribí, pero seguro que podría averiguarlo si hiciera falta.»

En su caso, la falta de memoria nos deja -milagros de la literatura-, su recuerdo.

Compartir el artículo

stats