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Elca: paraíso terranal

Un precioso libro homenaje a la casa de Francisco Brines con reveladoras imágenes del exterior e interior de la masía y de los jardines y paisajes que la rodean.

Los fotógrafos María Bleda y José María Rosa. ojean el libro. | L-EMV

Pasear por Elca es seguir conversando con Francisco Brines, es continuar escuchando su voz sabia y suave que te envolvía con la claridad serena de un amanecer en el horizonte marino de Oliva, o con la perfecta lentitud del crepúsculo solar, llegada la tarde, deslizándose poco a poco por el tobogán del Montgó hasta dar paso a la noche estrellada. Las palabras del poeta, que yo he tenido la suerte de disfrutar a lo largo de cuarenta años, permanecen vivas en el jardín y las estancias de la que siempre fue su casa, en cada uno de los aromas, sonidos, paredes y rincones que formaron parte de su primer y último paraíso terrenal.

Elca:

Elca fue para Brines el principio y el final de ese paréntesis Entre dos nadas con el que tituló una de sus más apreciadas antologías, la consultada y prologada por Alejandro Duque Amusco (Ed. Renacimiento, 2017). Y en este nuevo volumen que ahora se publica en homenaje a su figura y su poesía, Elca. Feliz vida, está muy presente esa unión indisoluble entre poeta y lugar, entre el canto personal y el territorio tantas veces cantado.

Carlos Marzal, Fernando Delgado y Vicente Gallego, cada uno con propia visión y estilo, trazan una semblanza de su relación vital y literaria con Paco Brines, al que tan bien conocieron, y aportan con sus propios textos tres extraordinarios testimonios centrados, respectivamente, en «La casa de la infancia», «La poesía y la vida» y «El arte de la amistad» de nuestro Premio Cervantes. Así Marzal define Elca como «un espacio real y al mismo tiempo mitológico, que aparece en muchos de sus mejores poemas, una casa que constituye el núcleo sentimental en el que ha adquirido buena parte de su manera de ver el mundo, y desde el que ha irradiado bastante de su energía literaria»; por otro lado, Delgado nos dice que «existen dos símbolos complementarios y fundamentales en la obra de Brines: la pérdida y la búsqueda del paraíso. Es ese viaje el que le permite pasar del paisaje originario de Elca a otros paisajes del mundo»; y también Gallego apunta: «Paco tuvo una casa propia, Elca, la de sus padres, como pocos llegan nunca a tenerla, en la plena propiedad universal, ya que la tenía abierta a todo aquel que pasara por allí, y sabía cómo hacerla suya».

Es imposible desligar la vida y la obra de Brines del paisaje mediterráneo que rodea la finca donde vivió sus mejores encuentros con la poesía, porque incluso cuando residió en distintas ciudades, o viajó a otros lugares del mundo, siempre se llevó a Elca prendida en el pecho. Y a ella volvía en sus amados veranos a componer y dar forma a nuevos poemas, cuya idea inicial podía haber nacido en lugares tan diversos como los verdes campus de Oxford, las azarosas calles de Madrid, las ruinas de los templos griegos o bajo los voluptuosos anocheceres africanos, por citar sólo algunos de ellos.

Un precioso libro homenaje editado por la Diputación de Valencia, con la dirección/coordinación de Juan Lagardera y Ángela Pla, y que está ilustrado por los excelentes fotógrafos María Bleda y José María Rosa (Bleda y Rosa) con reveladoras imágenes del exterior e interior de la masía de Elca y de los jardines y paisajes que la rodean, salpicado de escogidos poemas del maestro de Oliva, junto a los tres textos ya citados escritos por Marzal, Delgado y Gallego. Un volumen que en su total conjunto nos permite entrar, de nuevo o por vez primera, al paraíso terrenal de Francisco Brines.

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