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Jordi Machí, la propuesta más optimista de Abierto Valencia

Tras haber recorrido medio mundo vuelve para exponer en Galería Cuatro.

Los fotógrafos María Bleda y José María Rosa. ojean el libro. | L-EMV

Hace unos años lo conocíamos porque la televisión y la prensa rosa lo apodaban «el pintor de los famosos» pero Jordi Machí (Algemesí, 1983) lleva tiempo desarrollando su proyecto más intimista, puliendo un lenguaje propio y reivindicando la creatividad valenciana tras haber recorrido medio mundo para volver a exponer en Galería Cuatro con motivo del evento de apertura Abierto València 2022.

Jordi Machí,

Este fin de semana han inaugurado a la vez todas las galerías de arte de la Comunitat Valenciana, cuya asociación propone comenzar temporada con las mejores apuestas y competir por premios que implican adquisiciones y reconocimiento. Pocas han decidido arriesgar con artistas jóvenes, yendo a nombres consagrados para tener más oportunidades de éxito. No obstante, algunos galeristas han querido aprovechar la ocasión para una puesta en valor de otro perfil artístico. Tal es el caso de Miguel y David Castillo, directores de Galería Cuatro y el proyecto «The Fucking Mañana».

Jordi Machí,

La exposición nos muestra un futuro utópico que contrasta con las tendencias distópicas que últimamente han plagado el arte actual y Machí lo explica: «para mí el futuro, claramente, va a tener más tecnología porque su presencia es exponencial, pero en mi futuro la naturaleza se ve integrada en todo el desarrollo humano y tecnológico». Afirma considerarse optimista, con la esperanza de llegar a un futuro sostenible, que imagina en una hermosa armonía. Ahí confluyen los tonos pastel y flúor.

Jordi Machí,

En la primera parte de la muestra encontramos piezas como «mujer florero» y «hombre florero» en los que la expresión con connotación negativa se utiliza para darle la vuelta y apropiársela en un acto de empoderamiento. Porque ambos cuadros, expuestos uno junto al otro pese a que funcionen por separado y no se trate de un díptico al uso, representan dos figuras humanas de las que emanan flores. Así, el artista trata de concienciar sobre la importancia de cuidar de naturaleza pues somos parte de ella. Lleva a cabo la serie en un ejercicio en el que los tonos tierra predominan y se respira cierto aire bucólico pese a su estilo rompedor.

La mayoría de los lienzos son cuadrados, aunque en la primera zona de la galería abunda el medio y pequeño tamaño, incluso en formato redondo. Destacan las manos, una parte de la anatomía a la que el artista presta siempre mucha atención, pintadas abstraídas en cuadros circulares que marcan una transición de tonos cálidos a fríos.

Según avanzamos para explorar este universo idílico que nos plantea Machí, la segunda sala contiene obras de gran formato que invitan, en palabras suyas a «entrar en otra dimensión donde los colores son más potentes y vivos, cuyos protagonistas son androides». Estos robots antropomórficos desprenden una belleza inquietante que no deja indiferente. Representan una ventana al mañana, una fantasía en la que lo humano, lo tecnológico y la naturaleza se unen con un resultado favorable tanto para el planeta como para nuestra especie.

La preocupación por nuestra forma de estar en el mundo y la defensa de la ecología no son asuntos que le vengan de nuevas al artista quien, lejos de la frivolidad hollywoodiense que se le podría presuponer, es una persona cercana, amable y comprometida. El secreto de que le vaya tan bien y que lleve años viviendo su momento reside en su tenacidad, su gran capacidad de trabajo y esfuerzo. Vive el arte con una autenticidad más allá del mercado y de la crítica.

Acercarse a conocer la obra reciente de Jordi Machí es acceder a una espiral cromática de optimismo y las últimas tendencias en composiciones figurativo-expresionistas. Acorde con la sensibilidad de su época, arroja luz y esperanza sobre lo que realmente es un futuro incierto.

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