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Bendito salto narrativo

Intervención del escritor Fernando Delgado, que junto a Carlos Marzal, presentó la primera novela de Juan Lagardera, ‘Psicodélica’, el jueves pasado 24 de noviembre en RuzafaStudio.

Fernando Delgado y Juan Lagardera en l’Elca. pd

Nuestro querido Juan es un artífice, y vive en el periodismo con pasión dentro del mundo de las letras. Pero el periodismo y la novela son para mí una misma cosa. Dos formas de narrar.

salto narrativo

No es cierto que la literatura mienta porque la verdad requiere siempre invención. Otra cosa es que haya un cierto periodismo que pueda corromper lo mismo la palabra que el relato.

Juan Lagardera lo tiene ahora consagrado y predica sus lenguas muy variadas desde un relato a otro. Ya podrán predicarse las palabras desde los territorios muy prudentes y quedar complacidas por sus relatos muy precisos.

De un salto a otro se aligeran, sin duda,y buenos descuidos habrá para sostenerlas.

No se trata al fin de novelas al descuido, ni de relatos mismos. Lagardera, sin embargo, ha ido ensayando sus palabras con destreza. Y es que dentro están los idiomas propagándose, pero las lenguas propias disparatan las músicas celestiales contra corriente. Entren ustedes, pues, en las galerías, si.

Aunque otra cosa es que haya un cierto periodismo, un periodismo bravo que pueda corromper lo mismo las palabras que el relato o las músicas. Y es que en este libro hemos llegado a tener buen palabrerío. Lo que dudo, pues, es que Satanás deje de reírse de un cúmulo de bestias analfabetas que disparan en cuanto pueden a modos de asesinos muy variados y cantan con entereza los cantos de viejas guerras. La economía va a ser, sin duda, el gran poder de la divinidad. Pero no sé si se va a tratar de una divinidad prudente. Porque el rico de hoy es menos fastuoso que el de antes; se santifica de otro modo en otras lenguas entregadas y perdidas.

Las lenguas han venido a ser muy ricas y variadas. Yo las he querido ver con muchos desvelos. Pero de las lenguas solemnes a las lenguas patrióticas he querido sostenerme con cierta holgura. Ahora bien, las novelas, los cuentos y los relatos se retratan con buenas palabras, sí. Y son las palabras mismas de la propia actualidad. Es como si el periodismo se sustrajera de la voz de la casa o de la calle o se dimensionara en las benditas escenas. Pero quizá el deseo sea la más sugestiva expresión de la esperanza y por ende de la confianza.

Y es que alguien que aprecie de verdad los libros no sacia nunca el hambre de ellos, disfruta con la gula. Contienen un veneno que no mata, aunque a veces también pueda matar, y suelen generar una adicción que termina reflejándose en la mirada de sus víctimas. Ahora bien, las novelas, los cuentos y los relatos se retratan con divinas palabras. Y son las palabras mismas de la propia actualidad. Es como si el periodismo se sustrajera de la voz de la casa o de la calle o se dimensionara en las benditas escenas.

Y claro, claro que la narrativa no se dispara en la novela, sin duda. Pero la novela se excluye. Y es que tal vez el periodismo esté dispuesto a predicar en variadas estaciones, aunque las estaciones vayan respondiendo en sus lenguas y tal vez en sus músicas.

Los pequeños espacios de esa literatura conforman la breve soltura de las palabras, sin duda alguna. Y Juan Lagardera las afina, por supuesto.

Porque no va con él una novela ni una profunda narración, sino la bendita noción de las palabras, que son toda una gloria. Todo un misterio, sin duda. Y los misterios valen para las lenguas voraces ya sea en Barcelona o en Valencia. Porque Lagardera las recorta vivamente, con astucia.

Y en la transmisión de esa realidad es en lo que creo que hay que ser más cautos, no tanto quizá para decir la verdad, de cuya posesión nunca podemos estar seguros, como para aproximarnos a ella honestamente. Y digo honestamente porque en la objetividad no creo y sí en la honestidad con que un periodista ha de tratar de alcanzarla.

Lagardera por Dios nació en Valencia. Y claro que en Valencia, sin duda. Habrá, sin embargo, una sociedad abierta y dialogante con buenas razones y sentido común,pero quizá metida en casa.

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