Crónicas de la incultura

La feria

Ángel López García-Molins

Algunos lectores de esta columna se me quejan de que soy un aguafiestas, que critico mucho y alabo poco. Yo diría que me quedo corto, pero en fin. ¿Pues qué se esperaban de una sección que se titula precisamente Crónicas de la incultura? Sin embargo, por una vez y sin que sirva de precedente voy a valorar positivamente un fenómeno cultural: la Fira del Llibre que se inauguró antesdeayer en los Jardines de Viveros. ¿No es demasiado atrevimiento? –me objetan mis lectores descontentos. ¿Cómo puede poner bien algo que acaba de empezar y que vete a saber cómo termina? Parece usted un político –añaden–, puro cuento de la lechera. Touché: es lo peor que le pueden decir a uno. Además no dispongo de información contrastada, me baso tan solo en lo que anuncian los responsables del evento. Me arriesgaré.

Mi impresión general es que este año las cosas se han hecho con sentido común. El primer motivo de satisfacción es que se piensa primar los temas candentes, entre los que se menciona el feminismo, la novela negra y –esta vez pensando en los lectores más jóvenes– la novela gráfica y la distopía. Bien, aunque algún lector malintencionado tal vez apuntará que quien suscribe escribió con un compañero de la facultad un libro feminista (en 1991, que ya es decir) y que tengo publicadas hasta cuatro novelitas policiacas destinadas al público juvenil. A Dios rogando y con el mazo dando, qué le vamos a hacer. En segundo lugar no quiero dejar de mencionar la calidad de los autores que van a ser homenajeados y la buena pinta de los que se beneficirán de sendos clubs de lectura. Bien otra vez. Para que no todo sea complacencia: la pareja chico/chica en cada categoría resulta obvia, pero que a las mujeres las presenten por sus obras infantiles y juveniles, cuando también tienen libros de adultos, me parece una manera soterrada de caer en el tópico de siempre: ya saben, son o serán madres y todo eso. Además se ha procurado un equilibrio lingüístico y se honra la literatura en euskera: requetebien. Otra cosa es que en los años venideros haya problemas de reconocimiento lingüístico en este país en el que proliferan las lenguas como las setas en otoño.

Lo peor que puede pasarle a una feria del libro es que se parezca a los premios literarios, esa fábrica de hacer dinero y a la vez de estragar el gusto de los lectores. Ya sé que la feria de València es cosa de los libreros y naturalmente tienen que pensar en las ventas. Pero no se equivoquen: más valen nuevos lectores en mano, que best sellers millonarios volando. Feliz feria.

Suscríbete para seguir leyendo