Cláisca de ahora: Mariana Sández

Mariana Sández

Mariana Sández

Inés Martín Rodrigo

Inés Martín Rodrigo

En la casa bonaerense de Mariana Sández (Buenos Aires, 1973) no había libros, sus padres no eran muy lectores. Fue en el colegio donde cayó presa del hechizo de la literatura. Allí, durante los años de primaria, descubrió la biblioteca y quedó fascinada. Empezó a frecuentarla con la asiduidad que sólo permite el asombro. En ella alumbró sus primeros textos, fragmentos de los diarios que comenzó a escribir a los 7 años y que mantuvo hasta los 25 para, una vez alcanzada tan simbólica cifra, tirarlos sin volver la vista, ni las páginas, atrás. También por entonces, aún bien chica, se aupaba a la ventana del aula para bosquejar versos, los mismos que era capaz de componer, sin sucumbir al mareo, en el autobús escolar, camino de los campamentos. Puede que fuera a la vuelta de una de esas colonias cuando le regaló a su madre un señalador de libros con una cita entre el deseo y la profecía: «Me enseñaste todo, y yo ahora quiero enseñarte que tener cerca un buen libro siempre será la mejor compañía». Ya tenía entre manos alguna novela propia y seguía leyendo con fruición obras de otros. «Empecé a fascinarme con Shakespeare y sobre todo con El Quijote», recuerda la autora argentina. Su voz y su mirada denotan una timidez nada fingida que se manifiesta en el cuidado con el que elige las palabras que han de contar una historia, en este caso la suya propia.

Al evocar la época universitaria, Sández confiesa que empezó Comunicación y Periodismo pero a los pocos meses se cambió a Letras, porque se dio cuenta de que era lo suyo. «Disfruté muchísimo la carrera, y a partir de ahí todos mis trabajos estuvieron vinculados siempre a la literatura». En el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) y en el de Bellas Artes gestionó las áreas de literatura; fundó el primer festival de literatura de la capital argentina; colaboró con la Feria del Libro de su ciudad natal y se especializó en la corrección bilingüe de libros de arte. Después, se marchó a estudiar Literatura Inglesa a Mánchester; de ahí pasó a Barcelona, donde se doctoró en Teoría Literaria y Literaturas Comparadas, y en 2019 decidió mudarse a Madrid, ciudad en la que vive desde entonces. «Siempre me atrajo la posibilidad de vivir en Europa, porque siento que ocurren muchas cosas en el plano intelectual. Lamentaba la distancia. Estar aquí es un placer enorme, estás en el centro neurálgico de lo cultural. Me permite tener un pie en Latinoamérica, pero llegar fácilmente a España».

Ya asentada, tanto en lo personal como en lo narrativo («Por lo general, siempre trabajo en dos textos, hasta que uno toma la delantera»), en 2021 publicó su primer libro de cuentos, Algunas familias normales, y un año después debutó en la novela con Una casa llena de gente, a la que siguió La vida en miniatura, que llegó a las librerías hace unos meses. «Me gustan mucho los clásicos, es un universo del que me siento más cerca que del contemporáneo a veces. En ese sentido, mi literatura puede ser definida como clásica, pero siempre con temas y personajes de ahora». Esas son sus influencias, ahí se sustenta su obra, en la que, además, siempre están presentes «el humor, la ironía y el absurdo», elementos igualmente heredados. Aunque la de Sández es una voz única movida por «la necesidad de llegar a decir, alguna vez, lo que quiero. Siempre tendemos al lenguaje ideal y terminamos en el real, y esa frustración hace que sigamos escribiendo. Eso es lo que yo siento que es mi literatura».

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