El humor, profesión de riesgo

‘Fungirl’ es la vida accidentada de una mujer, donde el peculiar estilo gráfico de Elizabeth Pich, con líneas limpias y colores llamativos, convierte escenas potencialmente de sexo y violencia en viñetas lindas

 

El humor, profesión  de riesgo

El humor, profesión de riesgo

Álvaro Pons

Practicar el humor, esa sana costumbre que define la inteligencia desde la crítica y la ironía, se está convirtiendo cada vez más en una profesión de riesgo. Porque el contexto que define el humor, tan necesario para entenderlo y para que tenga sentido, resulta ser voluble y cambiante con la rapidez de un clic. Las redes sociales han favorecido que el humor tenga una respuesta inmediata y personalizada, que casi siempre olvida la necesidad de comprender las coordenadas espaciotemporales de la creación humorística para ir directamente a juzgar el impacto de la risa en carne propio. Ese gesto, que tan bien definió en la ficción el personaje del monje Jorge de Burgos como un terrible poder que daba libertad a la humanidad, resulta hoy garantía de exacerbadas respuestas desde cualquier mirada, poniendo en duda la libertad de expresión frente a la sencilla y contundente libertad de elección. Que se lo digan a la editorial valenciana Fandogamia, que ha encontrado en el humor un espacio de trabajo muy interesante, pero que recientemente se ha topado con la furia de la incomprensión: la publicación El niño Jesús no odia a los mariquitas, de Don Julio, ha protagonizado una viral polémica, con amenazas de denuncias judiciales incluidas e incluso intervención de Elon Musk, por confundir una publicación satírica para adultos como infantil por el simple hecho de ser un tebeo, dibujos que parece que solo pueden ser leídos por tiernas mentes y nunca por adultos. El resultado, como suele ser habitual, ha sido un «efecto Streissand» de manual que le ha dado una impensable visibilidad y publicidad a la publicación, poniendo el foco en una editorial que está apostando por obras muy interesantes, como la reciente fungirl, de Elizabeth Pich (traducción de Marina Vidal). La autora germanoestadounidense es bien conocida en redes por su webcomic War and Peas y practica un divertidísimo humor tan irreverente como sencillo: su joven personaje protagonista es un auténtico tornado que provoca todo tipo de situaciones que van de lo escabroso a lo hilarante, pero siempre desde una naturalidad que hace de la incorrección constante algo tan próximo como aceptable. Su vida como empleada de una funeraria, mientras comparte piso con Becky, una antigua amante, y el novio de esta, Peter, es un caos continuo en el que las situaciones más estrambóticas se suceden sin solución de continuidad, una dinámica que en ocasiones recuerda al slapstick más acelerado, que pueden ir desde la desvergüenza más atrevida a la ternura más emotiva.

No hay reglas ni normas en el mundo de esta chica divertida de la que desconocemos su nombre, solo esa infinita capacidad de meterse en situaciones inverosímiles que rayan muchas veces el surrealismo más procaz y a la par jocoso. Humor sin límites que la autora basa en un dibujo sencillo, que recuerda en ocasiones a Tom Gauld y a Simon Hanselmann, de personajes sin rasgos faciales que no necesitan de la gestualidad para ser tremendamente eficaces a la hora de provocar una carcajada que nos recuerda constantemente que la vida diaria tiene tanto de absurdo y miseria que mejor tomársela con el sano desparpajo, el humor y la ironía que practica Pich. Y sí, sin duda, muchas de las hilarantes locuras que vive la protagonista seguro que pueden ser ofensivas para alguien, pero si una lección sacamos de fungirl es que la vida es corta y vale la pena vivirla, aunque sea a veces ridícula, absurda, de mal gusto o deprimente: con risas todo se lleva mejor. 

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