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Alopecia

Calva Tereza Drahoňovská y  Štěpánka Jislová  Andana Gráfica 128 páginas. 18,91 euros.

Calva Tereza Drahoňovská y Štěpánka Jislová Andana Gráfica 128 páginas. 18,91 euros.

Álvaro Pons y Noelia Ibarra

Piensen en una persona calva: lo más probable es que visualicen algún famoso actor o deportista de cráneo brillante y perfectamente rapado, de bronceado homogéneo e impoluto, mientras su deslumbrante calva alude a su potencia sexual y masculinidad acompañada de espectaculares músculos esculpidos en gimnasio. Testosterona con sabor a éxito, sin duda. Pero realicen ahora un simple ejercicio: en lugar de imaginar un hombre sin pelo, piensen en una mujer. La imagen que su mente dibujará se alejará automáticamente de la masculina y seguramente les hará pensar en enfermedad, en tristeza o extrañeza…

Aunque la alopecia pueda afectar a cualquier sexo, nuestra sociedad se ha encargado a lo largo de la historia de construir alrededor del pelo historias muy diferenciadas. Se ha vinculado en la historia no solo con la mujer, sino con su opresión, como una forma de control que confiere al cabello una sexualidad que debe ocultarse, que puede ser usado como castigo porque privarla de él es señalarla como distinta. Un discurso que ha calado desde la perspectiva histórica para construir un estereotipo de belleza que vincula el pelo en la mujer con la belleza, exigiéndolo. La alopecia ataca directamente a esa construcción, pues la desaparición del cabello se percibe como una pérdida íntima que desdibuja la esencia de lo que tradicionalmente se considera ser mujer.

Calva, de Tereza Drahoňovská y Štěpánka Jislová (Andana Gráfica, traducción al castellano y catalán de Katerina Valentova) aborda el relato de la asimilación de esa enfermedad por parte de una mujer joven, con un trabajo brillante y una pareja a la que ama. Un entorno de aparente felicidad que va diluyéndose ante ella con cada cabello que cae, pese a que amigos y compañero la apoyen abiertamente, Tereza ve cómo su identidad se va yendo por el desagüe y la imagen que le devuelve el espejo comienza a ser más y más ajena.

Un duro relato en el que las autoras aprovechan el lenguaje de la historieta para potenciar con el simbolismo visual sus reflexiones: desde esa paleta rosada que recuerda el color de la piel pero que también potencia su asociación a lo femenino, con el uso de elementos contextuales que permiten dotar de perspectiva histórica y cultural la experiencia personal de la autora y comprender la equiparación de una cuidada cabellera con estereotipos de belleza femenina interiorizados por generaciones que difícilmente pueden obviarlos. Tereza comparte sus sentimientos para explorar su vivencia desde lo autobiográfico, pero proyectado en la reflexión sobre el impacto de una patología que en el hombre se idealiza pero en la mujer consigue estigmatizarla hasta destruir su autoestima. No obstante, las autoras aciertan en mostrar ese camino de superación en el que el pelo se convierte en un elemento gráfico más, en algunos momentos en un recurso simbólico que conecta la imaginación con la realidad de un patrón de belleza establecido que ya no tiene por qué ser seguido. Desde la misma portada, con ese particular juego que hace del pelo un reflejo casi fantasmal, Calva busca dar respuestas a esa tiranía de la hermosura normativa, que establece un canon que no puede ser desafiado por la diferencia, que atenaza a la mujer haciendo del espejo un enemigo, pero que olvida que hay tantas formas de belleza como personas.

Una obra valiente y que apuesta por mirar sin miedo a la diferencia para descubrir que ser guapa o guapo es una sensación personal, no la decisión de otros.

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