Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Merethe Lindstrøm

Ecos del silencio

La escritora noruega Merete Lindstrøm publica una extraña novela sobre la vida y el envejecimiento de una pareja

Merethe Lindstrøm

Merethe Lindstrøm / Levante-EMV

Manuel Peris

Manuel Peris

València

Apenas unas horas de silencio cerebral, de encefalograma plano, bastan para certificar la muerte. Días en la historia del silencio es el insólito título de una novela no menos extraña de la escritora noruega Merete Lindstrøm, que ahora publica en español la editorial Errata Naturae. La novela bien podría llamarse Ecos del silencio porque por todas partes resuena ese literalmente inaudito fenómeno de la ausencia de comunicación. La obra mereció el Premio de Literatura del Consejo Nórdico y el Premio de la Crítica.

Estamos ante una novela muy nórdica no sólo por el paisaje. Una novela que nos evoca alguna de las temáticas del cine de Ingmar Bergman, como la conciencia, la mirada al otro, la introspección o los traumas de la infancia. En esta novela, a veces el silencio es una reacción frente al trauma y en ocasiones es el trauma mismo. La narradora, Eva, es una maestra jubilada que sabe que «la vejez tiene vistas a un paisaje sombrío». Simón, su marido, es un médico también jubilado, que en los últimos meses ha ido sumergiéndose en un silencio gradual. Un silencio que uno de sus colegas atribuye simplemente al envejecimiento. Simón acude dos veces a la semana a un centro de día, donde hace terapia ocupacional. Cuando su mujer lo deposita allí, tiene la sensación de que el aparcamiento de ese lugar es la frontera ante el mundo de los vivos y de los muertos. Ubicada en esa frontera, tiene la sensación no sólo de que su marido ya no está presente, sino también de que ella misma tampoco lo está.

Desde ese presente, la narradora recurre al recuerdo y a la analepsis para evocar la historia de Simón y su familia judía. Una historia de muerte y deportación que para el lector sólo está apuntada, como encapsulada en uno de los recurrentes silencios de la novela. Una historia que ha permanecido absolutamente oculta para las tres hijas del matrimonio. Pero a veces los silencios son atronadores para las conciencias. Y ese mutismo familiar es un silencio de los que Paul Valery llamaba un ruido fino y continuo. Un ruido que sacude toda la novela. Como también lo es otro secreto que la mujer ha mantenido desde la juventud.

La historia de Simón no es singular. Todos conocemos casos de personas que con los años se encapsulan en el mutismo, o se precipitan en la laguna de los olvidos. Por no salirnos del ámbito literario, podemos recordar los últimos días de Mario Vargas Llosa, destrozado por la leucemia y mentalmente atenazado por los efectos secundarios de la medicación. Su hijo Álvaro le ha contado a Juan Cruz los viajes que, día tras día, emprendió con él por las calles de Lima, incitándole a recordar los escenarios de sus obras. Dice que, para su padre, esos paseos eran «el momento cumbre del día». Pero un momento cumbre no es necesariamente un momento feliz. Y por más comprensible que pueda parecer el empeño de un hijo por sacudir la consciencia deteriorada de su padre, esa persistente instigación a la memoria pudo ser muy dolorosa para un príncipe de la altanería como Mario Vargas Llosa.

No es el caso de los personajes de la novela de Merete Lindstrøm, sin duda de otras latitudes y otro carácter. Casi circunspectos, tan comedidos ellos, tan contenidos como la sociedad de la que forman parte. Tal vez porque casi todo el contenido de esta novela no es explícito, sino sugerido. Eva, la narradora, sabe que lo que se intuye asusta más que cualquier cosa que alguien le cuente, algo que no deja de ser un «difuso y anónimo fantasma». Y es que, como se dice a sí misma, debajo de toda su vida, de los años de agitación y desasosiego, dormitaba latente su secreto. Hay un momento en que Simón balbucea unas palabras, a ella le gustaría volver a oírlo, pero hay otros días en que casi olvida su silencio. Aunque, finalmente, Eva tenga que aceptar que la vejez no es algo pasajero. Como dice Hamlet en sus últimas palabras: «El resto es silencio».

Y sí, Días en la historia del silencio es un extraño título para un libro, pero sin duda es una buena novela. Ecos de un silencio antiguo y muy largo. 

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents