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Asesinado por sembrar ideas

La Delegación de Memoria Democrática de la Diputació de València rehabilita, a través de un minucioso estudio del profesor Antonio Laguna para la Institució Alfons el Magnànim, la figura de Isidro Escandell, el ilustre político socialista que siempre creyó en la igualdad y la libertad.

Isidro Escandell, el ilustre político socialista que siempre creyó en la igualdad y la libertad.

Isidro Escandell, el ilustre político socialista que siempre creyó en la igualdad y la libertad. / Levante-EMV

Carles Senso

Carles Senso

València

Exterminar al rojo fue el sueño de aquella noche de verano del primer general que ideó el golpe, un tal Mola. Fusilar a media España fue la obsesión del caudillo de aquel golpe que le dio la victoria, un tal Franco. El saldo, más allá de la carnicería de la propia guerra, fue la ejecución de más de 130.000 personas entre 1939 y 1945. Isidro Escandell Úbeda, fusilado en el paredón de Paterna el 28 de junio de 1940, fue uno de ellos. Y como la mayor parte de todos los fusilados, representa la injusticia del crimen que, por su dimensión y por haberse realizado una vez finalizada la guerra, bien podría recibir el calificativo de genocidio.

La vida de Escandell es reconstruida de forma minuciosa en “Isidro Escandell Úbeda. El sembrador de ideas”, escrito por el insigne historiador Antonio Laguna Platero. Profesor titular en la Fundación Universitaria CEU San Pablo, en la Universidad de Castilla-La Mancha y en la Universitat de València, es especialista en Historia de la Comunicación y ha publicado más de un centenar de trabajos de investigación entre artículos académicos y monografías. El presente libro sobre Escandell supone el segundo número de la nueva colección sobre memoria democrática abierta por la delegación que capitanea Natalia Enguix en colaboración con la Institució Alfons el Magnànim, la editorial pública de la Diputació de València.

Escandell, que nació en Valencia en 1895, dedicó toda su vida a defender las ideas de igualdad y libertad que entendía representaba el Partido Socialista Obrero Español. Y simplemente por ser socialista y haber ocupado destacadas responsabilidades, fue condenado a muerte en una farsa de consejo de guerra.

Hijo de republicano, nieto de liberal y sobrino de cura, Escandell crecerá a la par que lo hace el siglo XX, integrándose en la denominada segunda generación de líderes socialistas llamada a protagonizar la II República. Cuando apenas tenía 20 años era elegido presidente de las Juventudes Socialistas de Valencia. Y cinco años después pasaba ya a liderar con el cargo de presidente el Partido Socialista de Valencia. En 1923, gracias al apoyo de los republicanos, se convertía en el primer diputado provincial que tendría el socialismo valenciano en su historia. Tas la proclamación de la II República, Escandell será elegido diputado en las elecciones a Cortes del 28 de junio de 1931 por la provincia de Valencia, siendo el segundo candidato más votado.

No pudo repetir el acta en las siguientes elecciones generales, las de noviembre de 1933, pero sí en las de febrero de 1936, donde el triunfo del Frente Popular facilitó que volviese a ser elegido diputado. Tras el inicio de la guerra, Escandell ocupó el cargo de presidente de la Federación Socialista Valenciana. Mientras Largo Caballero se mantuvo al frente del gobierno, esto es, hasta mayo de 1937, fue el referente del socialismo valenciano. Pero tras la sustitución de Largo por Negrín, Molina Conejero pasó a ser el hombre fuerte del partido, siendo nombrado, además, gobernador civil de Valencia. Escandell fue apartado de todas sus responsabilidades y así permanecerá hasta el final de la guerra.

Escandell fue detenido en su domicilio de Benimámet por agentes de la policía venidos expresamente de Madrid el 24 de julio de 1939, a las 2 de la madrugada. No supo de qué se le acusaba hasta el 23 de octubre, esto es, casi cinco meses después de su detención. Los tres cargos que se le atribuyeron fueron: en primer lugar, haber sido un destacado líder socialista, ocupando diversos cargos; en segundo, haber propagando el socialismo en numerosos mítines; y, finalmente, haber sido director del periódico socialista Adelante.

Tras recabar las declaraciones de los testigos elegidos directamente por Falange y sin darle opción alguna a defenderse, Escandell fue condenado el 30 de mayo de 1940 a muerte por el delito de “adhesión a la rebelión”. El 15 de junio se dio traslado de la sentencia al Tribunal de Ejecuciones. Y el día 28, a las 19 horas, era fusilado en Paterna, en un paredón donde se ejecutaría exactamente a 2.238 personas.

El franquismo asesinó a Escandell tras una farsa de juicio sencillamente por ser socialista. En aquella fosa común 114 quedó su cuerpo junto con casi 200 asesinados más. Allí quedó enterrada su vida y su obra, con tantas capas de olvido que ni siquiera los familiares que hoy en día le sobreviven recuerdan quién era.

El objetivo franquista de erradicar sus ideas se había cumplido… hasta hoy, que se revierte en buena parte gracias al libro de Antonio Laguna en la Institució Alfons el Magnànim.

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