Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

“Esta mañana me he bañado en el Mediterráneo”: la huella valenciana de Martín Gaite

València recibió varias visitas de la autora en su faceta de conferenciante, aunque sobre todo la vincula al territorio valenciano su larga amistad con Rafael Chirbes

Carmen Martín Gaite en una conferencia en València en los años 90

Carmen Martín Gaite en una conferencia en València en los años 90 / Archivo Carmen Martín Gaite

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Marta Rojo

Marta Rojo

València

Abrigos, un sombrero, pañuelos al cuello. Una Carmen Martín Gaiteveinteañera posa con su padre y un perro. Es entre 1948 y 1950, es difícil saberlo exactamente. Parece invierno y los dos van demasiado elegantes -las ondas marcadas en el pelo o el bolso colgado del brazo en el caso de ella, los zapatos de vestir en el caso de él- como para estar pisando la arena. Al fondo, a su espalda, se expande el mar. Bajo la foto, una anotación indica sucintamente: Playa - Valencia. En esa ocasión, quizá su primera visita a València, no parece probable que Carmen Martín Gaite se bañara en el Mediterráneo, un mar que debió resultarle, de entrada, muy lejano.

Nacida en Salamanca y criada entre esa ciudad, el Madrid de sus años universitarios y el pueblo gallego donde nació su madre, la Comunitat Valenciana fue para la autora un territorio alejado, una referencia alejada de recuerdos personales y de su geografía literaria. No hay referencias a València ni a ninguna otra ciudad del territorio valenciano en sus ‘Cuadernos de todo’, ni es escenario de ninguna de sus obras de ficción. 

Una veinteañera Carmen Martín Gaite y su padre en Valencia entre 1948 y 50

Una veinteañera Carmen Martín Gaite y su padre en Valencia entre 1948 y 50 / Archivo Carmen Martín Gaite

“Pepe desde Valencia, Antonio dos veces”

Una referencia casual en uno de sus relatos, ‘El otoño de Poughkeepsie’, parece la única prueba de vida: “Yo apuntaba recados en papeles dispersos que a veces se perdían, un tal Tito, el del perro, Pepe desde Valencia, Antonio dos veces, no sé a qué hora vendrá”. En este relato autobiográfico sobre la soledad del primer otoño en Estados Unidos tras la muerte de su hija Marta, València es un punto en un mapa que está fuera de foco.

También, en general, fuera del foco de su vida profesional literaria. La autora de culto superventas, habitual de la Feria del Libro de Madrid, donde convocaba largas colas de lectores en sus firmas, no llegó a desplegar esos encantos en su homóloga valenciana. Aun así, sí pisó territorio valenciano en otra de sus facetas, más desconocida y menos reivindicada: la de conferenciante. En el tomo ‘De viva voz: conferencias’, el doctor en Filología por la Universidad Complutense de Madrid José Teruel recopila los discursos de la autora en actos públicos, algunos de ellos en ciclos de conferencias en València.

La Carmiña conferenciante en València

“Confieso que presentar hoy a Carmen Martín Gaite en este Club de Encuentro es para mí una tarea, aparte de comprometida, muy entrañable”. Con estas palabras comenzaba, en 1989 la periodista y escritora Fernanda Zabala su presentación de la autora salmantina en València. Era 30 de enero y Zabala daba paso a la escritora, que iba a hablar de uno de los temas centrales de su obra. La conferencia "Estilo amoroso de la mujer a través del tiempo” seguía la estela de sus ensayos ‘Usos amorosos del dieciocho en España’ y ‘Usos amorosos de la posguerra española’, premiado con el Anagrama de Ensayo y una rareza que se coló entre sus libros más vendidos.

Un éxito que explicaba Zabala en que “sus obras consiguen encender esa chispa mágica entre autor y lector”, también con la narración de la microhistoria -la de los usos y costumbres - que consideraba que explicaba la historia con mayúsculas. En su discurso en València, la escritora lamentó que “la mayoría de las mujeres, tanto las de carne y hueso como las de ficción necesitan con una tan particular vehemencia ajustar su comportamiento a patrones refrendados por la opinión pública”. “A nadie puede extrañarle que las mujeres españolas tuvieran hambre atrasada de divertirse sin ser reprobadas”, añadió.

Carmen Martín Gaite antes de una conferencia en Valencia en los 90

Carmen Martín Gaite antes de una conferencia en Valencia en los 90 / Archivo Carmen Martín Gaite

Boina de medio lado, gafas, un fajo de papeles. En el archivo de la autora, depositado por la Fundación que lleva su nombre en la Biblioteca de Castilla y León y accesible online, se conservan algunas fotografías fechadas en València, entre 1990 y 1995. Una Martín Gaite que ya rondaba los 70 años llegaba a auditorios, salones de actos, plantas bajas de hoteles, se sentaba, desplegaba sus papeles y leía.

Así lo hizo el 18 de enero de 1999 en el Palau de la Música de València. Ni música de orquesta ni ballet: el público reunido en la Alameda de València pudo escuchar en cambio las palabras de la conferencia “La mirada del escritor”. Martín Gaite volvió a València el 22 y 23 de marzo de ese mismo año. El 22, para pronunciar la lección inaugural del seminario ‘El guion en el universo de José Luis Borau’ en la UIMP de la capital valenciana. Este diario recogió en una crónica la reivindicación que la escritora hizo del cine de Borau, y del cine en general. “El cine influyó mucho en la generación de los 50”, destacó. Al día siguiente, como recoge Teruel en ‘De viva voz’, estuvo en la Institució Alfons el Magnànim de la Diputación de Valencia para hablar de “Tradición y modernismo en el siglo de las luces”.

Chirbes, un interlocutor

Pero una amistad vincula más que mil visitas, y Martín Gaite la mantuvo durante años con el escritor valenciano Rafael Chirbes, de Beniarbeig. En el archivo de “la Gaite”, como siempre se refiere a ella Chirbes, no se conservan cartas, ni se han incluido referencias a esta amistad en sus ‘Cuadernos de todo’, que sí llevan un prólogo del autor de ‘Crematorio’ en su edición de 2002. 

Los diarios o cuadernos de Carmiña, en los que se mezclan reseñas y notas sobre sus lecturas, entradas en las que narra episodios de su vida y reflexiones sobre la creación literaria, desembarcaron en la casa de Chirbes en Beniarbeig en una “caja de un volumen notable” después de la muerte de su amiga en el año 2000. Los enviaba su hermana Ana María, que quería que los leyera. La caja contenía “varias decenas de cuadernos de distintos tamaños y formatos”, una panorámica de la vida de la autora y las entretelas de su “taller” de escritura. “El inicio de la lectura estuvo marcado por la inevitable emoción de volver a encontrarme con la letra de una persona querida y cuya ausencia aún era demasiado reciente como para que me resignara a ella”, reconoce Rafael Chirbes en el prólogo. 

“Había sido para mí, durante quince años, eso que a ella le gustaba llamar ‘un interlocutor’, alguien que te escucha y a quien escuchas, una amiga que, en algunas ocasiones, se permitía el discreto papel de maestra”, escribe. Se llamaban por teléfono a “horas más o menos intempestivas” para embarcarse en largas conversaciones sobre “las miserias políticas, la deriva y volubilidad de las amistades más próximas, los libros que leíamos, las pasajeras serpientes editoriales que acababan por ser lagartijas, los proyectos que teníamos en la cabeza y los trabajos que emprendíamos”. Una relación “desde la distancia”, tejida a base de “una mezcla de seriedad y corrosivo humor; de ironía y de vitalidad”. 

Esa seriedad es la que intentó trasladar Martín Gaite al prólogo a ‘Mimoun’, la primera novela de Rafael Chirbes. “Conviene decir que Rafael Chirbes no se ha convertido en escritor de la noche a la mañana, sino que lleva muchos años en esta búsqueda a la vez paciente y desesperada, ensayando el oficio, guardando en un cajón novelas que no le satisfacían del todo, podando su prosa”, reconoce con una admiración puramente literaria.

Cartel que anuncia una conferencia de Carmen Martín Gaite en València

Cartel que anuncia una conferencia de Carmen Martín Gaite en València / Archivo Carmen Martín Gaite

Pero más emocional que literario es el recuerdo de una larga amistad que evoca Chirbes en el texto que abre los ‘Cuadernos de todo’. “La llegada a casa de los cuadernos escritos de su puño y letra, su materialidad sobre mi mesa de trabajo me hizo revivir a Carmen Martín Gaite como una presencia casi física, aún más tangible”, rememora. Pero todo recuerdo lleva aparejado un vacío, también este: “Con la inmediatez de esa presencia, crecía una melancólica sensación que era a la vez la de la cercanía y la de la pérdida”. La pérdida de un interlocutor que, con su conversación, mantenía en vilo el tiempo. En palabras de la escritora, uno de “esos- que no son tantos- a los que pedimos enseguida, si hacen una pausa: sigue contando, por favor”.

“Las olas en el Mediterráneo, más que romper, arreglan”

En 1966, más o menos quince años después de esa primera foto sobre la arena en la playa de València, Martín Gaite, de 41 años, está de nuevo sobre la arena de otra playa, esta vez la de Gandia. Ha ido a visitar a su suegro, el escritor y miembro fundador de la Falange Rafael Sánchez Mazas, ya muy enfermo. Casi agonizaba en primera línea de playa, en el hotel Bayren de la capital de la Safor. “Al abuelo no lo encuentro bien”, reconoce Carmen Martín Gaite en una carta tras su visita. Moriría pocas semanas después, el 17 de octubre de ese año.

José Teruel, biógrafo de la autora, narra ese encuentro con la familia de su entonces marido, Rafael Sánchez Ferlosio. Con sus cuñados, la autora se lanza a la kilométrica y entonces mucho más vacía playa de Gandia, buscando el agua. “Esta mañana me he bañado en el Mediterráneo con Chicho y Ana”, escribe en una carta. Tanto al hermano de su marido como a ella les sorprende sumergirse en un mar en calma. “Dice Chicho que el Mediterráneo, al lado del Cantábrico, es tan suave que las olas, en vez de romper, arreglan”. Pasaron años pero, por fin, Martín Gaite se bañó en ese mar lejano.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents