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Viñetas raras

Diario de una mujer

El diario que el dibujante Kim encontró en el rastro se transforma en una novela gráfica en la que una mujer reivindica su derecho a ser ella misma

El diario de la Señorita Litgi.  Kim Aubert

El diario de la Señorita Litgi. Kim Aubert / Levante-EMV

Álvaro Pons y Noelia Ibarra

València

Los diarios constituyen un género literario en sí mismo, expresiones de sentimientos y vivencias que, en teoría, deberían quedar resguardados de cualquier mirada pública. El ejercicio de confesión en ese cuaderno escondido no busca la catarsis colectiva, sino la reflexión privada, alejada de ojos ajenos, que no debía escapar de la intimidad de ese momento. Sin embargo, aunque muchos de esos diarios, encontrados años después, han resultado valiosísimos documentos historiográficos que han aportado luz y datos fundamentales para entender la historia, el diario que encontró Kim en el rastro no parecía ser más que una personal historia romántica. No obstante, el dibujante de obras tan fundamentales como El Arte de Volar o El Ala Rota supo ver en esas palabras escritas con cuidada caligrafía mucho más que un relato biográfico y decidió crear una novela gráfica con esa experiencia vital.

El diario de la Señorita Litgi (Norma Editorial) no se limita a una mera transcripción literal: parte de una historia, iniciada en la posguerra, en la que se narra la relación prohibida entre una joven y un hombre casado mucho mayor, de la construcción de una fascinación que se traduce en necesaria sumisión, en un contexto social que encadena a la mujer a aquello que estaba tolerado. Kim toma cada página e interpreta las palabras de la joven para contar en viñetas otra historia, la que él imagina que realmente ocurría tras las expresiones de amor y pasión. Nos hace partícipes de ellas, mostrando el texto del diario al lado de la página dibujada, a modo de bambalina de la creación en la que incluso vemos unos pósit con las preguntas que le suscita la lectura y, entre época y época, el propio Kim desvela su creciente curiosidad por la vida de una joven que deja de serlo en ese diario que se dilata durante décadas. Texto y cómic dialogan entre sí, en una relación de complementariedad que obliga a una doble lectura y despierta la necesidad de conocer a ese personaje subordinado a ese amor que la aísla de todo.

De forma simultánea, Kim traza la lectura de una época, de una sociedad, plagada de carencias, pero siempre latente como contexto determinante de una joven que deja de serlo y comienza a buscar su propio discurso. Frente a una realidad que subordina el papel de la mujer al de esposa y madre, descubrimos a una joven que lucha por su independencia, por estudiar en una universidad vedada a las mujeres y por un futuro laboral donde el papel de su intenso amor se va diluyendo en una transformación que es, también, la de la historia. Una mujer que rompe con una relación de dependencia que la asfixiaba en la oscuridad de una doble vida que la relegaba al papel de la otra, impidiendo construir su propio camino, su identidad como persona.

Kim cierra la adaptación del diario pero no de la novela gráfica, que prosigue con un proceso de investigación en el que los grados de separación se reducen y le permiten conocer la historia de la señorita Litgi tras la última página escrita, con conexiones incluso cercanas, que le permiten revelar quién fue esa mujer, que luchó siempre por su libertad y por su independencia, con un final muy alejado del que narraban sus aspiraciones de juventud, pero coherente y valiente.

Numerosos hallazgos destacan en El diario de la Señorita Litgi: el difícil equilibrio formal entre texto e historieta, el juego de investigación casi metalingüístico, el diálogo entre épocas, la reflexión sobre la construcción de la identidad personal desde las imposiciones sociales… Pero, sobre todo, la voz de una mujer que supo reivindicarse y defender con valentía su derecho a ser ella misma, su derecho a decidir sobre su vida y a rebelarse ante los prejuicios que la condenaban por equivocarse al elegir su amor. 

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