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Jazz (anti) navideño

Existe un jazz navideño para los no tan navideños. Que se lo digan a Miles Davis, tocando contra la hipocresía de las fechas. Más allá de rarezas, hay oferta en València

Imagen de la Sedajazz Kids Band

Imagen de la Sedajazz Kids Band / Levante-EMV

Enrique Monfort

València

¿Es usted de los que odia la Navidad? Puede que la culpa la tengan esos villancicos a todo trapo que escuchaba en sus grandes almacenes de confianza mientras acompañaba a sus padres a hacer un maratón de compras embutido en franela y sudando como un pollo. Si esa es la razón, hay esperanza para Vd. Existe un jazz navideño para los no tan navideños.

En agosto de 1962, Columbia Records juntó a sus estrellas del jazz para grabar un álbum recopilatorio navideño. El título, Jingle Bell Jazz, no dejaba espacio a la duda sobre las intenciones comerciales del asunto, que, por otra parte, era ciertamente consuetudinario. Miles Davis recibió también el encargo. Quisquilloso de por sí, la propuesta no le debió de venir muy bien y su respuesta fue tan elegante como mordaz: grabar un tema que se burlaba abiertamente de la comercialización de la festividad.

La canción se titula Blue Xmas (To Whom It May Concern). Las letra, escrita por Bob Dorough —el mismo que años después compondría las canciones educativas de Schoolhouse Rock!—, es inmisericorde: «Todo el desperdicio, toda la farsa y el mal gusto de siempre», canta Dorough, mientras Miles responde con su trompeta sordinada, como si riera fríamente de la escena descrita. La línea más elocuente describe al consumidor acomodado escribiendo «veinte zillones de tarjetas de Navidad» mientras «montones de niños hambrientos y sin hogar están en su patio trasero». La canción cierra con una despedida a juego: «Merry Christmas I hope yours is a fine one, but for me it’s blue». El line up, por cierto, es de aúpa: Wayne Shorter, Paul Chambers, Jimmy Cobb, Willie Bobo en los bongós, y Bob Dorough cantando sobre la hipocresía navideña mientras Miles dirige el cotarro. El álbum salió a la venta el 17 de octubre de 1962, pocos días antes de la Crisis de los Misiles en Cuba. Si el apocalipsis hubiera llegado ese otoño, la melodía de Dorough habría sido una banda sonora adecuada.

No es el único ejemplo de anti-villancico jazzista. Sun Ra, que afirmaba ser de Saturno, escribió en 1957 junto a Alton Abraham un extraño single doo-wop titulado It’s Christmas Time para un cuarteto vocal masculino llamado, ad hoc, The Qualities, lanzado en 1960. La canción es pegadiza —Ra sabía escribir pop— pero profundamente extraña: un doo-wop convencional «dosificado con LSD», como escribió Kelly Doherty en The Vinyl Factory, con chasquidos bucales y una instrumentación insólita de harmonium, guitarra, campanas y woodblock que suenan a destiempo y que llevan el tema navideño a otro planeta. Tan de otro planeta que mientras me documentaba para este artículo, mi hija se asomó a pedirme explicaciones sobre lo que estaba sonando.

En tiempos más recientes, The Bad Plus ha mantenido durante dos décadas una residencia navideña en el Dakota Jazz Club de Minneapolis con una premisa que nos viene al pelo: tocar el día de Navidad, pero sin música navideña, en un ataque de conceptualismo. John Zorn, conocido por llevar su saxofón al límite de la escala y sus deconstrucciones violentas y eclecticistas, sorprendió en 2011 con A Dreamers Christmas, un álbum bastante normal (ahí la sorpesa) de villancicos. Y luego está Mars Williams con su serie An Ayler Xmas, fusionando villancicos como O Tannenbaum o 12 Days of Christmas con el repertorio de free jazz de Albert Ayler. Puede sonar absurdo, pero las interpretaciones no son ninguna broma, como señala Peter Margasak en el Chicago Reader: «la sección rítmica genera una intensidad levitante mientras los vientos declaran las melodías familiares en gritos sueltos y líneas embellecidas que se desintegran y se recomponen en un frenesí naturalista. Un ruido seriamente alegre». La frase es suya.

Si en todo caso, lo que Vd. quiere es dejarse de rarezas y escuchar buen jazz estos días, le informo de que la Navidad en València, por suerte, también respira jazz, y para todos los gustos. El Palau de la Música ofrece este año dos propuestas: esta misma tarde, Ximo Tebar presenta la tercera edición de Jazzy World Christmas Valencia, un concierto que «versiona música tradicional navideña valenciana, americana y latina en clave de jazz, con Laura Simó, Matthieu Saglio, Gisela Renes y Joan Monnè». Y el 28 de diciembre, la Jove Big Band Sedajazz cierra el año con Perico Sambeat y Sara Dowling en un concierto «rebosante de energía, color y espíritu festivo navideño». El genial saxofonista estará también el 25 con el proyecto The Kids Are Alright!, en el especial navideño del Jimmy Glass, donde este año podrán valorar a las jóvenes figuras del jazz valenciano. Su concierto el día de Navidad, acompañado de jazzmen valencianos, es otra tradición con tanta solera o más que la de The Bad Plus en Minnesota. Por su parte, Babalú Swing Band tiene consolidado su proyecto Swing Christmas, con conciertos el 24 de diciembre en Benidorm y el 25 en Puçol. Dese prisa con las entradas, porque todos estos conciertos suelen estar llenos.

Mientras tanto, si este diciembre le invade esa sensación de azul en medio del rojo y el verde, ya sabe: hay jazz para eso. Disfrute, que, además, ni engorda ni empalaga.

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