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Música

Claves del concierto de Año Nuevo: un estreno a la batuta, obras de mujeres, pero sin renunciar a los clásicos

La Filarmónica de Viena inaugura el año musical con un programa de dos horas y media de duración para cautivar a 50 millones de espectadores en todo el mundo

El director de orquesta Riccardo Mutti durante el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Vienaen 2025.

El director de orquesta Riccardo Mutti durante el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Vienaen 2025. / EFE

Lluís Pérez

Lluís Pérez

València

Se repite cada 1 de enero y, aún así, sigue seduciendo a los amantes y seguidores de la música de todo el planeta; también a muchos espectadores casuales, para quienes se ha convertido en una tradición más de la Navidad. Hablamos, sin duda, del Concierto de Año Nuevo, ofrecido por la Orquesta Filarmónica de Viena desde la Goldener Saal (Sala Dorada) del Musikverein de la capital austriaca. Aunque se repita cada año, aunque los enérgicos acordes de la Marcha Radetzky acompañados por las palmas sean lo más esperado de la velada, aunque los valses de los Strauss copen el repertorio, y aunque no haya habido aún ninguna mujer a la batuta; la cita musical sigue ofreciendo novedades a destacar, pero -eso sí- los clásicos no faltarán.

Un director debutante. Después de cinco años con viejos conocidos a la batuta, el canadiense Yannick Nézet-Séguin se estrena al frente de la orquesta en esta cita tan relevante. Actualmente, es director musical de la Ópera Metropolitana de Nueva York desde 2018, director musical de la Orquesta de Filadelfia desde 2012 y director principal de la Orquesta Metropolitana de Montreal desde hace 25 años. Le toma el releve al italiano Ricardo Mutti, quien lo ha dirigido en siete ocasiones, dos en el último lustro. Es siempre un aliciente contar con un director novel, porque puede aportar un nuevo aire a una cita tan encorsetada. Su edad también es un factor a tener en cuenta, 50 años, aunque sin superar los 35 de Dudamel en 2017, el más joven de la historia.

Cinco obras inéditas. El programa se enriquece con cinco piezas nunca antes interpretadas en esta cita. Se trata del Danusagen Waltz, op. 446 de Carl Michael Ziehrer; la polka Brausteufelchen, Op. 154, de Eduard Strauss; el Malapou-Galoppe, Op. 148, de Joseph Lanner; y las obras de dos compositoras, ambas contemporáneas de Johan Strauss. Estas son el Sirenen Lider, Op.13, de Josefine Weinlich, quien fundó en Viena la primera orquesta femenina de Europa; y el Rainbow Waltz, de la afroamericana estadounidense Florence Price.

El Danubio Azul es el vals vienés por excelencia y, aunque su versión orquestal es la mundialmente conocida, se estrenó como una composición vocal para los carnavales de 1866, aunque sin apenas éxito; este llegaría un año después cuando el propio Strauss lo dirigió en la Exposición Universal de París y pasó a convertirse en una de las piezas más populares de la música culta; sirve, incluso para acompañar una de las escenas de 2001: una odisea en el espacio de Rubrik. Tras una introducción pausada y de una belleza inusitada, la obra se construye con la concatenación de cinco valses diferentes, cada uno más enérgico, hasta llegar a una coda final explosiva. La pieza se caracteriza por melodías largas y el uso del rubato, es decir un tempo variable que va acelerando y frenando a placer del director.

La Marcha Radetzky, por su parte, es una composición enérgica, en compás binario -como ocurre con la mayoría de pasodobles- con una intensa acentuación musical, tiempos muy marcados, lo que la convierte en una pieza ideal para acompañarla con aplausos, como ocurre cada 1 de enero en la capital vienesa. En su orquestación, predominan los instrumentos de viento metal y la percusión, protagonista desde el inicio con el ritmo inicial de la caja. La pieza tiene dos temas o dos melodías características: la A (la más conocida y la que aparece en primer lugar) donde se aplaude; y la B, que está conectada con la primera mediante un puente musical -lo anuncian los metales- que sirve para cambiar la tonalidad inicial. Otra de sus características es el cambio de volúmenes, bien llamadas dinámicas, que Strauss combina pasando de fragmentos en forte a otros en pianísimo. Pese a su trascendencia, no se trata de una obra de gran complejidad ni de gran profundidad musical; Strauss compuso sus tres minutos y medio de duración en apenas un par de horas la misma tarde de su estreno.

Una tradición convertida en espectáculo de masas. Si el mundo de la venta de entrada para conciertos y espectáculos, se ha convertido en un fenómeno de masas, más lo es aún con esta cita única. Los precios oscilan entre los 35 euros para los asientos más lejanos y los 1.200 euros, que llegan a costar los mejor situados. El proceso de compra se realiza mediante un sorteo, debido a la altísima demanda, celebrado entre los meses de enero y febrero.

Una mujer, ¿cuándo? Al final del concierto, se anunciará como cada año el nombre del director encargado de dirigir la cita en 2027. En sus 85 ediciones, ninguna mujer ha sido seleccionada para coger la batuta, pese a las reiteradas críticas hacia la organización, quien siempre ha alegado que, por su trascendencia, se necesita “a alguien que sea un artista consagrado y con mucha experiencia” al frente de su orquesta para que puedan “desarrollar una relación con esta orquesta única” y se “entiendan mutuamente”. Pese a rechazar los alegatos políticos, solo el 10 % de los componentes de la formación son mujeres, quienes no pudieron acceder a la plantilla hasta 1997.

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