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1926. Tres músicos

John Coltrane sintetiza la idea de búsqueda constante en el jazz. Miles Davis es nombre de reinvención. Lou Bennett es el más vinculado a Valencia. Los tres nacieron hace ahora un siglo

1926. 
Tres músicos

1926. Tres músicos

Enrique Monfort

Si uno consulta en Wikipedia la lista de personas nacidas en 1926, se encontrará con más de dos mil biografías. Haremos por usted el filtrado de los músicos de jazz más significativos, que es —naturalmente— la razón por la cual está leyendo esta columna. Por orden alfabético aparecen Dave Bailey, Lou Bennett, Tony Bennett (sin relación de parentesco entre ambos), Ray Brown, Johnny Coles, John Coltrane, Curtis Counce, Miles Davis, Lou Donaldson, Urbie Green, Jimmy Heath, Donna Hightower, Bobby Jaspar, Melba Liston, Pony Poindexter, Frank Rosolino, Bud Shank, ‘Big Mama’ Thornton, Carlos ‘Patato’ Valdés, Mal Waldron, Randy Weston y Claude Williamson. También es el centenario de Chuck Berry, por si quieren situarse mejor en el calendario cultural, o de Jerry Lewis, por si prefieren otros escenarios. Toda una añada que acabaría convirtiéndose en gran reserva.

1926. 
Tres músicos

1926. Tres músicos

No es una generación cualquiera. Son músicos que crecieron escuchando las grandes big bands de los años treinta y cuarenta y que, en plena adolescencia, asistieron al nacimiento del bebop. Cuando empezaron a grabar, el jazz ya no era música de baile, sino un territorio de experimentación estética. De esa promoción vamos a fijarnos en tres nombres: dos por su impacto histórico y uno por su vinculación directa con Valencia.

Si hay un músico que simboliza la idea de búsqueda incesante en el jazz, ese es John Coltrane. A las puertas del centenario de su nacimiento en 2026, las discográficas históricamente vinculadas a su obra están activando una serie de reediciones de alto perfil. Rhino ha anunciado una caja en mono de sus seis álbumes para Atlantic entre 1960 y 1964 —de Giant Steps a Coltrane’s Sound— que vuelve a situar el foco en un periodo de transformación vertiginosa, desde la arquitectura armónica casi atlética hasta la expansión modal que marcaría toda la década.

Paralelamente, Impulse! ha presentado una edición integral en vinilo de las históricas actuaciones del cuarteto en el Village Vanguard de noviembre de 1961, con más de cuatro horas de música publicadas por primera vez en orden de interpretación. En aquellas noches, con el grupo ampliado por Eric Dolphy y Reggie Workman, los desarrollos se alargan, la forma se flexibiliza y la intensidad roza lo ceremonial. Buena parte del jazz de los años sesenta empieza a tomar cuerpo en ese sótano de Greenwich Village.

Todo ese proceso desemboca en A Love Supreme (1965), una obra que trasciende el ámbito del jazz para convertirse en una declaración espiritual y estética. También este disco está siendo objeto de nuevas revisiones editoriales, incluida la recuperación de su mezcla mono, lo que refuerza la idea de que no estamos solo ante un icono cultural, sino ante un corpus artístico que sigue invitando a ser escuchado desde ángulos distintos. Coltrane no buscaba una perfección técnica que ya había alcanzado, sino una verdad interior que pudiera articularse en sonido. Murió dos años después, con apenas 40 años.

Miles Davis representa otro enfoque de esa búsqueda introspectiva. Si Coltrane mira hacia dentro, Miles observa el entorno y busca el siguiente movimiento. Su carrera es una sucesión de reinvenciones. Fue precisamente él quien abrió a Coltrane las puertas de la gran industria incorporándole a su histórico quinteto, el que grabó, en 1959, el álbum más escuchado de la historia del jazz: Kind of blue. La relación, siempre difícil, se rompió poco después y Miles formó un segundo quinteto. Durante dos noches de diciembre de 1965 en el club Plugged Nickel de Chicago, estos músicos decidieron, sin avisar previamente a su líder, desmontar su propio repertorio desde dentro. La estrategia era simple y radical: hacer en cada momento lo contrario de lo esperado. No renunciaban a la técnica ni a la complejidad armónica, pero sí a toda previsibilidad. Era, literalmente, antimúsica: la negación sistemática de las convenciones que ellos mismos habían ayudado a construir.

Miles, sorprendido, dejó que ocurriera. No sabía que Columbia estaba grabando aquellas noches. En las cintas se percibe la tensión, la incertidumbre y la sensación de estar asistiendo a algo que se construye en tiempo real. Aquella experiencia, publicada primero de forma parcial y luego íntegra, vuelve este año de centenario a circular en una nueva edición en 10 discos de vinilo (Columbia Legacy Records) que permite seguir, noche a noche, cómo un grupo decide reinventarse sobre el escenario. En el caso de Davis, la revolución no se formula como manifiesto, sino como práctica cotidiana: escuchar, arriesgar y no repetir la misma jugada. Habría muchas más encarnaciones de Miles en los años venideros.

Sin embargo, de todos los músicos nacidos en 1926, el que mantuvo una relación más estrecha con Valencia fue Lou Bennett. Organista fundamental del soul jazz, su sonido está asociado al Hammond B-3, al groove y a una manera muy física de entender el jazz, a medio camino entre el blues, el gospel y el hard bop. Según mis registros, su primer concierto en la Comunitat Valenciana tuvo lugar en 1974, junto a Al Jones, en un local llamado Studio Jazz, que hoy pervive con el nombre de Mucho. A partir de ahí, se sucedieron al menos veinticuatro actuaciones, hasta diciembre de 1994 en Elx, dentro de un ciclo promovido por el entonces IVAECM, hoy Subdirección de Música del IVC.

Bennett no fue una figura de grandes portadas ni de canon académico, pero sí un músico muy presente en el tejido real de los clubes, los festivales y las giras. Para muchos músicos valencianos, su contacto directo con él fue una experiencia formativa que iba más allá de los discos o las clases magistrales. Como recuerda Ximo Tébar, uno de sus más estrechos colaboradores en aquellos años, Bennett «era un gran maestro de la vida y la filosofía del jazz. Reivindicaba el blues como origen esencia del jazz. Siempre me decía: Ximo aprende a tocar bien el blues, cuando conozcas bien el lenguaje del blues es cuando empezarás a entender de verdad el jazz». Entre la revolución y el oficio, entre el mito y la memoria local, se construye también el legado del jazz.

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