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Tiempo(s)

‘See you in memories’, de Pen So, es una atractiva propuesta que analiza las conexiones entre tiempo, espacio y nuestras memorias

Tiempo(s)

Tiempo(s)

Álvaro Pons / Noelia Ibarra

Somos prisioneros de eso que los físicos denominan «la flecha del tiempo», ese concepto tan complejo de entender que nos obliga a avanzar en una única dirección temporal mientras miramos atrás con la esperanza de poder volver a esos momentos por los que deambulamos. Desde el anacronópete al día de la marmota, las ficciones han buscado siempre mecanismos improbables para invertir la condena del sentido único del tiempo y viajar a otros instantes donde, quizás, cambiar todo ese futuro que nos atenazó. Porque al final, quizás, viajar al pasado es reconstruir nuestra memoria, ese relato de todo lo que ha sido y ocurrido.

See you in memories, de Pen So (Planeta cómic, traducción de Nerea García) es una atractiva propuesta que analiza esas conexiones entre el tiempo, el espacio y nuestras memorias, con un punto de partida aparentemente alejado de esa idea: una cantante de gran éxito desaparece y al ser encontrada es incapaz de rememorar episodios previos, pero cuenta con un cuaderno de dibujos en la mano. El artista hongkonés aprovecha ese planteamiento para explorar esa tensión que producen las redes sociales, la fragilidad de un creador que hoy ya no solo depende de la validación de la crítica, sino de una exposición constante en redes que afecta definitivamente a la salud mental, pero va un paso más allá y aprovecha la pérdida de los recuerdos para empezar a reflexionar sobre ese momento donde todo cambió, buscar en el tiempo la génesis de nuestra memoria, esa relación bergsoniana entre el tiempo que marca el reloj y la duración que nuestra mente traduce. Pero pronto descubrirá que esos recuerdos están ligados a lugares, precisamente a esos espacios que habitamos de forma efímera pero conforman ese conjunto de vivencias que, a modo del aroma de la magdalena proustiana, establecen una arquitectura para aquello que queremos recordar. Y en esa búsqueda de sentimientos, casi emulando a la pionera creación de Gaspar y Rimbaud, la protagonista comienza un viaje a ese pretérito que las imágenes del libro que tenía en las manos representa. En un atrevido juego, ese libro también lo tiene el lector en las manos, rompiendo las fronteras entre ficción y realidad para obligarnos, también, a sumergirnos en nuestro propio pasado, a evocar aquellos lugares que albergan experiencias significativas vividas. Un pasado deshabitado, inmóvil, porque aquellos a los que quisimos siguieron su existencia atados a la flecha del tiempo y ahora descansan como fantasmales testigos de amores, dolores y sentimientos. Como en la obra de McGuire, el espacio se construye ajeno al paso del tiempo, pero aquellas imágenes crean resonancias en nuestra mente que nos hacen peregrinar al pasado a través de los recuerdos. De esa memoria construida, como plantea Bachelard, desde esa poética del espacio y que se resiste a desaparecer, permaneciendo ligada para siempre a lugares que adquieren un protagonismo propio. Pen So consigue articular así una peculiar mirada a esa relación entre antaño y ahora, obligados uno a convertirse en el otro, desdibujando la dimensión temporal para que los sitios por los que transitamos nos dejen ver el peso de la nostalgia que nos impide seguir avanzando, para entender esa extraña conexión que los transforma, necesariamente en un futuro que solo podemos imaginar.

Con un estilo gráfico de exquisito naturalismo, el dibujante juega con el trazo para moverse entre una fantasía y una realidad que el lector ya es incapaz de diferenciar, moviéndose físicamente entre los dos volúmenes cuidadosamente editados, tumbando la tiranía de la dirección del tiempo para vagar libremente en cualquier dirección descubriendo que nuestra identidad, en el fondo, es solo la construcción de esas relaciones entre tiempo y espacio que fijamos como memoria.

Una experiencia lectora diferente y sugerente, que obliga a mirar la hora en la que vivimos con otra perspectiva.

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