Reportaje
Sagas familiares literarias, peligro de adicción
De los Langdon de Jane Smiley a ‘Los Cazalet’ de Elizabeth Jane Howard, pasando por ‘Los Bridgerton’ de Julia Quinn y títulos más clásicos como ‘Cien años de soledad’ y ‘La casa de los espíritus’, este tipo de relatos, un género en sí mismo, suele tener un éxito notable entre el público, que busca en él todas las emociones y las pasiones del ser humano, además de compañía

Sagas familiares literarias, peligro de adicción
Carmen López
Un matrimonio con hijos con sus particulares vivencias infantiles que les influyen a la hora de tomar las decisiones que guiarán el rumbo de su trayectoria adulta. Esa suele ser la base de una saga familiar literaria, que después tendrá las particularidades que la autora o autor le quiera asignar. Desde qué miembro de la familia es el narrador, cuántas generaciones abarca hasta si el periodo histórico en el que se enmarca la trama será decisivo. Sea como sea, este tipo de relatos suelen tener un éxito notable entre el público: al fin y al cabo, ¿qué son obras como la Biblia o la Odisea sino sagas familiares turbulentas?
La editorial Sexto Piso ha llevado a las librerías españolas la obra mastodóntica que a la escritora norteamericana Jane Smiley se le ocurrió escribir en 2010: la Trilogía de los cien años (traducida por Ce Santiago). Su propio nombre indica de qué va el asunto: las vicisitudes de una familia durante todo un siglo, desde 1920 hasta 2019. La primera entrega, titulada Un poco de suerte, abre la serie con el matrimonio formado por Rosanna y Walter Langdon, dueños de una granja en Iowa, que tienen cinco hijos. Cada capítulo está dedicado a un año (acaba en 1953) y la historia continúa en Una advertencia, donde ya hay nietos Langdon y se acaba de publicar. Este volumen termina en 1980 y faltaría Golden Age, aún inédito en español.
Cuestión de identificarse
«Lo más divertido, y lo más interesante, fue imaginar cómo se parecían y diferenciaban los miembros de la familia, y qué significaba eso para su relación», explica Smiley. Su intención era prestar la misma atención a cada niño y seguirlos según crecían y decidían irse o quedarse en la granja. «Algunos viven vidas más dramáticas y otros más comunes, y tenía que asegurarme de que lo que les sucedía a los comunes fuera lo suficientemente interesante como para satisfacer al lector. Obviamente, tuve que investigar mucho, pero fue un placer, no un desafío», sostiene. También explica que se inspiró en su madre y sus hermanos en cierta manera ya que «eran bastante diferentes entre sí y terminaron haciendo cosas distintas, pero se mantuvieron en contacto».
Smiley, ganadora del Premio Pulitzer en 1992 por Heredarás la tierra (Sexto Piso, 2023), cree que las sagas familiares literarias agradan porque los lectores quieren «leer sobre algo que no han experimentado y también identificarse con los acontecimientos de la novela y los personajes que los viven». Ella recuerda que tuvo ese sentimiento cuando se introdujo en las seis novelas de la serie Palliser de Anthony Trollope, ya que aprendió mucho sobre la Inglaterra del siglo XIX y sobre la diferencia de las relaciones entre parientes según la clase social. «Creo que tanto el escritor como el lector disfrutan siguiendo a los personajes desde el principio de sus vidas hasta, a veces, el final. Cuanto más lees sobre ellos, más sientes que te relacionas con ellos de alguna manera».
Para Cristina Franco, editora de Sexto Piso, estas cronologías funcionan tan bien porque «la familia es un microcosmos de la sociedad en general, pero concentrado en un espacio narrativo más manejable». En ella se pueden dar todas las emociones y pasiones del ser humano: «Amor, traición, envidia, rivalidad, lealtad, ambición, devoción… Es un terreno donde lo íntimo y lo universal se entrelazan de forma natural, y eso resulta profundamente atractivo para los lectores». Además, por el hecho de extenderse a lo largo de varias generaciones, «el autor cuenta con otros elementos como el conflicto intergeneracional y el trasfondo del periodo histórico».
Los adictivos Cazalet
En 1990, la escritora Elizabeth Jane Howard, que hasta entonces era más conocida por haber estado casada en terceras nupcias con Kingsley Amis, puso patas arriba el mercado literario con Los años ligeros. Es la primera de las entregas de la pentalogía de los Cazalet, que recorre el devenir de tres generaciones (desde los años 20 a los 50 del siglo XX) de una familia británica acomodada que tiene una casa de campo llamada Home Place, su principal lugar de reunión. Durante el lustro siguiente sacó tres libros más: Tiempo de espera, Confusión y Un tiempo nuevo y vendió todo lo que quiso y más. Después hizo esperar a sus acólitos hasta 2013 para llevar a las librerías el último título de la serie ya conocida en su conjunto como Las crónicas de Los Cazalet: Todo cambia.
Por supuesto, el éxito de ventas no le dio prestigio automáticamente a la autora entre la crítica más puntillosa (y esnob). Fue su hijastro Martin Amis el que salió en su defensa al afirmar que, junto a Iris Murdoch, Elizabeth Jane Howard era la escritora más importante de su generación. La editorial Siruela se ha encargado de traducir al castellano tanto los libros de esa saga familiar como otras novelas como Después de Julius o Esa clase de chica. Están incluidas en la colección Nuevos tiempos, como los títulos de Mazo de la Roche, considerada la primera autora de sagas familiares de la literatura moderna con el clan Whiteoak. Publicó Jalna, el primero de los 16 volúmenes de la historia, en 1927 y la historia de los entramados de esa familia inglesa residente en Ontario fue todo un hito, que recibió un premio dotado con 10.000 dólares que le permitió a la ganadora dedicarse a la literatura sin preocupaciones.
Ofelia Grande, editora de Siruela cree que «nos identificamos con estas familias porque les ocurren cosas que son inherentes a nuestra propia condición: la intriga, los celos, el amor, las infidelidades, la relación con los hijos, el dinero, los negocios… Todo eso siempre despierta nuestro interés y, si están bien construidas, ¿Qué mejor que poder prolongarlas en el tiempo a través de más libros, películas o series?». Menciona que hay algunas sagas que solo se desarrollan en un volumen pero que «bien podrían convertirse en una serie».
Entre ellas se pueden nombrar clásicos como Cien años de soledad de Gabriel García Márquez (Cristina Franco la menciona como su favorita), La casa de los espíritus de Isabel Allende o la recién llegada a las mesas de novedades Albión de Anna Hope (Libros del Asteroide. Traducción de Regina López Muñoz). En ella, la escritora reúne a la británica familia Brooke en su mansión del siglo XVIII para despedir al patriarca y, de paso, decidir qué hacen con la propiedad. Como también hace Tessa Hadley en El Pasado (Sexto Piso, 2024. Traducción de Magdalena Parker), aunque en Estados Unidos y con una casa menos opulenta pero sentimientos encontrados parecidos.
El fenómeno Bridgerton
Cuando se estrenó la primera temporada de la serie Los Bridgerton en 2020, había mucha gente que ni siquiera sabía que estaba basada en unos libros firmados por Julia Quinn (seudónimo de Julia Cotler), superventas donde las haya. Pero su saga, basada en los avatares románticos de un clan británico de la alta sociedad en la época de la Regencia, estaba considerada como literatura menor, o ni siquiera eso. Sin embargo, la siempre sagaz Shonda Rhimes (responsable de clásicos audiovisuales incontestables como Anatomía de Grey) detectó su potencial y la adaptó a la gran pantalla de la mano de Netflix. Y arrasaron: su primera temporada consiguió ser la serie en lengua inglesa más vista de la plataforma (durante un tiempo, pero es todo un logro).
El primer libro sobre Los Bridgerton, titulado El duque y yo, se publicó en el año 2000. A él le siguieron otros siete, cada uno dedicado a un hermano o hermana, hasta llegar a Buscando esposa. La historia de Gregory, en el año 2006. La adaptación televisiva no ha seguido el orden de publicación de las novelas, ni tampoco ha tenido en cuenta demasiado el rigor histórico pero, en realidad, a quién le importa: a casi nadie le sonroja decir que está enganchado a este culebrón pese a que comenzó como un placer culpable en toda regla.
Gracias a este fervor, Julia Quinn ha aprovechado el viaje y ha escrito un libro extra (como Elizabeth Jane Howard en su momento con Los Cazalet) que llegó a las librerías el 16 de febrero con el título Felices para siempre de la mano de la editorial Titania, como todos los anteriores. Según la sinopsis, se trata de ocho epílogos de la vida de los hermanos y una historia más sobre Violet Bridgerton, la madre que se encargó de criarlos y emparejarlos. Si nada se tuerce, podría ser una temporada más de la serie de Netflix.
Ofelia Grande comenta que no es consciente de si la popularidad de los Bridgerton (o Downton Abbey, otra estrella del género) ha influido en las ventas de las sagas que tienen en el catálogo de su editorial, pero supone que sí: «Al final, la popularidad de este tipo de relatos acaba influyendo en el interés de los lectores por todo aquello que se les parece», concluye.
Celia, lo que vive
La literatura infantil es una gran generadora de sagas de todo tipo donde también entran las familiares. Un ejemplo muy claro es la de la serie protagonizada por la pequeña Celia y firmada por Elena Fortún desde 1929. Ya en el principio, la escritora da a conocer a los parientes que rodean a la protagonista (el tío que le trae regalos, la madre que se va al Lyceum con las amigas, las primas que se saben comportar mejor que ella) y que incluso con el transcurrir de los años acaban teniendo sus propios títulos, como su hermano Cuchifritín y Matonkiki. No triunfaron tanto como los protagonizados por ella, pero continuaron con la evolución del clan.
Nuria Capdevila-Argüelles es, junto a María Jesús Fraga, directora de la Biblioteca Elena Fortún de la editorial Renacimiento y, posiblemente, una de las personas que más sabe de este personaje literario y todo lo que le concierne. Para ella, estos libros cuentan los avatares de una familia (comienzan cuando Celia cumple 7 años y llegan hasta su edad adulta) y son, sin duda, una saga. Según su criterio: «Celia madrecita es un libro fundamental», porque marca el abandono de la infancia (prematuro, obligado por la Guerra Civil) del personaje. Aunque su favorita es la que firmó Elena Fortún, no es la única: «Creo que las sagas gustan porque sostener una historia en el tiempo es la vida. Es un género que acompaña».
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