Sobrevivir en la ciudad
El clásico de Eisner y el ‘Kraken’ de Segura y Bernet indagan en los modelos de desarrollo que expulsan a los vecinos de las urbes

Sobrevivir a la ciudad
Aunque el término de novela gráfica se empezara a usar en España en torno a la década de los 50 para huir de las limitaciones impuestas por la censura a los cómics, su uso se identifica casi de forma unívoca con la aparición en 1978 de Contrato con Dios, de Will Eisner. Una obra con la que el creador de The Spirit buscaba alejarse de los formatos tradicionales y de los puntos de venta habituales del comic-book en los Estados Unidos para reclamar una atención alejada de la identificación del medio con un público exclusivamente infantil o juvenil, siguiendo el modelo de cómic autoral que tanto éxito había tenido en Francia en los 60. El resto es historia: casi cincuenta años después, el formato novela gráfica se ha consolidado y monopoliza la edición para cualquier edad y temática, recuperando incluso obras publicadas en entregas en revistas en los 80 en edición integral en libro. Pero, independientemente de los cambios de costumbres de consumo del cómic, la recuperación de este clásico por parte de Norma Editorial junto a Ansia de vivir y La Avenida Dropsie (con traducción de Enrique Sánchez Abulí, Raúl Sastre y Sergio Colomino), permite comprobar la sorprendente actualidad de la propuesta de esta trilogía.
Una actualidad que comparte con la reedición integral en cuidado formato de libro de Kraken, de Antonio Segura y Jordi Bernet (Cartem Cómics), otro clásico indiscutible nacido en las páginas de ese peculiar proyecto que fue a principios de los 80 la revista Metropol, que en este caso desde la ciencia-ficción lanza toda una serie de metáforas que inquietan por su capacidad profética. Tomando la ciudad como protagonista absoluto, la trilogía de Eisner y la obra de los españoles comparten un discurso que, a modo de espejo, explora cómo el capitalismo ha impuesto un desarrollo que expulsa a los habitantes de las ciudades. Mientras que Kraken explora la cartografía de unas laberínticas cloacas urbanas donde la violencia se convierte en un monstruo que toma forma real, en la trilogía de Contrato con Dios esas ciudades expulsan también a sus habitantes a una periferias donde los barrios van perdiendo la esencia que los caracterizaba. A través de los habitantes de esos edificios, Eisner compone un catálogo de experiencias humanas que hablan de la vulnerabilidad y fragilidad del ser humano ante esos contextos que aplastan a los individuos. La corrupción, la codicia y la especulación dejan a los inquilinos de esas casas con la única opción de una supervivencia dickensiana, en la que las urbes que debían construir espacios de seguridad para las personas que las habitan, se transforman en monedas de cambio de un poder económico que olvida a las personas.
Por lo menos en la mirada desde la ci-fi opresiva y oscura de Kraken, podría quedar la resignada esperanza de pensar en que la división entre héroes y villanos de la ficción llevaría a la victoria de los buenos. Pero la lectura actual de la serie del guionista valenciano, alejada ya de ese modelo masculinizado de la época en que se publicó, destila hoy el mensaje aterrador y pesimista de su capacidad profética, de esa podredumbre que contagia todos los niveles de la sociedad y te devora.
Resulta indiscutible la magistralidad de unas obras que basan su éxito no solo en la excelencia gráfica de unos dibujantes capaces de transmitir emociones y expresividad como pocos, sino en su capacidad para hacer una radiografía atemporal de una sociedad que se aferra a las ciudades para mostrar un mensaje demoledor de inquietante y constante actualidad, con lecturas tan diferentes como convergentes. Vale la pena recuperar estos clásicos y comprobar cómo el monstruo sigue ahí, incólume, confortablemente instalado en esas cloacas figuradas o reales mientras en la superficie se sigue luchando por la supervivencia.
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