Reportaje
Nuevas luces sobre un poeta esencial
El historiador Mario Amorós publica una biografía de Miguel Hernández en la que recupera documentación inédita del Archivo General Militar de Ávila. Así, el Ministerio (franquista) del Ejército aprueba en junio de 1940 la conmutación de la condena a muerte por 30 años de cárcel porque se le acusaba de "hechos" de "escasa trascendencia". Hechos por los que moriría en 1942 dadas las duras condiciones de vida en prisión. Para el trabajo de Amorós, ha sido clave el fondo histórico del diplomático chileno Germán Vergara Donoso, quien ayudó al poeta de Orihuela e intercedió por él ante los intelectuales falangistas Dionisio Ridruejo y Rafael Sánchez Mazas.

Miguel Hernández en un vídeo recuperado de RTVE.
Mario Amorós
Tras la instrucción del procedimiento sumarísimo de urgencia 21.001 por parte del titular del Juzgado Militar de Prensa, Manuel Martínez Gargallo, el 18 de enero de 1940 un consejo de guerra en Madrid condenó a Miguel Hernández a la pena capital. El 30 de enero, el auditor de Guerra de la Primera Región Militar aprobó la sentencia y, por tanto, solo faltaba ya el "enterado" del dictador, para que fuese conducido al paredón. Además, este auditor dirigió un escrito (obviado hasta ahora y que se conserva en el Archivo General Militar de Ávila) al ministro del Ejército, el general José Enrique Varela, para comunicarle la sentencia, indicarle que ya era firme y sugerirle que desaconsejara la conmutación de la pena capital.
No obstante, unas semanas antes, gracias a las gestiones de José María de Cossío (director de la enciclopedia taurina Los Toros, en la que el poeta oriolano había trabajado en 1935 y 1936) y del diplomático chileno Germán Vergara Donoso, el intelectual falangista Dionisio Ridruejo había sugerido a los ministros José Ibáñez Martín y Rafael Sánchez Mazas la conmutación de la pena capital aduciendo que el fusilamiento de Miguel Hernández podría tener un impacto semejante al del asesinato de Federico García Lorca en el verano de 1936 y dañar aún más la imagen internacional del régimen.
El 27 de abril de 1940, Hernández expresó por carta a Germán Vergara Donoso que le suponía al corriente de las gestiones para la conmutación de la pena capital, consciente también de cuál era su situación: "Confío en una feliz solución. Y, si esta no llegara, confío en mí, que es lo que no puedo dejar de hacer nunca".
Vergara Donoso, diplomático de carrera, había llegado a Madrid a fines de mayo de 1939 como encargado de negocios de la legación chilena, a la espera de la designación de un nuevo embajador. Era un hombre conservador, pero alejado del fascismo (como expresó en una carta a un amigo), que permanecería en España hasta 1944. Solo vio a Miguel Hernández una vez en su vida, el 15 de septiembre de 1939, cuando este le visitó en la embajada tras quedar en libertad debido a las gestiones de Cossío y a una cadena de errores en la burocracia de la represión. Pese a ello, tras su nueva detención (en Orihuela trece días después) periódicamente envió ayuda económica a su esposa, Josefina Manresa, y también a él a la cárcel, así como alimentos. Tuvo un comportamiento admirable con el poeta que no ha sido suficientemente reconocido hasta el momento.
En el Fondo Documental Germán Vergara Donoso del Archivo Nacional de Chile se conserva un intercambio epistolar, hasta ahora inédito, entre este diplomático y Rafael Sánchez Mazas, dirigente de Falange y ministro sin cartera del Gobierno de la dictadura.
El 25 de mayo de 1940, Vergara Donoso solicitó a Sánchez Mazas que interviniera para lograr la conmutación de la pena de muerte del poeta. Cuatro días después, este le respondió que reiteraría sus gestiones en este sentido e incluso que escribiría a Miguel Hernández, a quien había conocido antes de la guerra, posiblemente en el círculo de la revista Cruz y Raya. Si existió, esta misiva no se ha conservado.
La conmutación de su pena de muerte por la inmediata inferior (treinta años de cárcel) se tramitó a través del Ministerio del Ejército. Así, un documento del 4 de junio de 1940 del departamento de Asesoría y Justicia de este Ministerio (ausente en los estudios sobre el poeta hasta ahora y que se conserva también en el Archivo General Militar de Ávila) admitió que había sido condenado a muerte por "hechos" de "escasa trascendencia" y por esa razón acordaba la conmutación de la pena capital.
Después de haber revisado los dos procedimientos judiciales que la dictadura instruyó contra el poeta y sus expedientes de las diferentes prisiones donde estuvo recluido desde mayo de 1939 hasta su muerte, que suman centenares de páginas digitalizadas, realmente me sorprendió el contenido de este documento, que había solicitado al citado Archivo por los cauces establecidos para los investigadores. Obviamente, soy consciente de la ilegalidad y de la ilegitimidad de la acción de los tribunales de la dictadura contra quienes defendieron la legalidad democrática de la Segunda República, así como de la magnitud y de la crueldad de la represión franquista.
No obstante, en este documento el régimen reconoció que había sido capaz de condenar a muerte a una persona a la que solo había imputado "hechos" de "escasa trascendencia". Y, una vez admitido esto, la resolución, que ni Sánchez Mazas, ni Ridruejo cuestionaron, fue condenar al poeta a treinta años de cárcel, en las condiciones infrahumanas que sus prisioneros padecían. Así se lo informó el ministro del Ejército, José Enrique Varela, a Sánchez Mazas en una carta del 24 de junio de 1940.
Un poeta en la Historia es la primera biografía del poeta oriolano escrita por un historiador. Se apoya, por tanto, en un minucioso trabajo con documentación procedente de muchos archivos de España y varios de Chile, en una relación amplísima de publicaciones periódicas y científicas de numerosos países y en la revisión y lectura de una bibliografía de proporciones oceánicas.
Por primera vez, en un libro sobre Miguel Hernández se emplea un acervo imprescindible para relatar sus tres últimos años de vida: el Fondo Documental Germán Vergara Donoso del Archivo Nacional de Chile, en concreto los volúmenes 16-22, que suman casi cuatro mil páginas e incluyen las trece cartas de Hernández a Vergara Donoso que descubrí en 2015, cuando preparaba mi biografía de Pablo Neruda. Entonces entregué estas misivas a la familia de Miguel Hernández y, con su autorización, las di a conocer en un reportaje en la extinta revista Tiempo.
Además, en este Fondo se conservan los informes reservados que Vergara Donoso remitió al Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile en relación con sus gestiones en favor de Miguel Hernández y también su correspondencia con jerarcas de la dictadura como Rafael Sánchez Mazas: esta documentación es absolutamente inédita.
He intentado escribir una biografía total, que comienza con su nacimiento en aquella Orihuela de 1910, en el seno de una familia dedicada a la actividad ganadera, y que concluye no con su muerte, sino con un epílogo que llega a la actualidad, en el que me refiero a la universalidad que su figura y su obra han conquistado.
Miguel Hernández fue un "poeta esencial" en palabras de Antonio Buero Vallejo. Y, como destacó siempre Leopoldo de Luis, sería un gran poeta "aunque no hubiese muerto en la cárcel". La dictadura condenó su obra al silencio y la censura, pero poco a poco se recuperó su figura y su poesía acompañó la larga y dura lucha por la libertad, también desde la voz de Paco Ibáñez, Joan Manuel Serrat, Enrique Morente o Alberto Cortez. Hoy son incontables las iniciativas que inspira y conmueve la emoción que su memoria despierta en tantas personas.
A cien años de la escritura de sus primeros versos, es un poeta reconocido, estudiado, leído y querido universalmente.
Mario Amorós (Alicante, 1973) es doctor en Historia y periodista.
Carta de Rafael Sánchez Mazas a Germán Vergara Donoso del 29 de mayo de 1940 / Archivo Nacional de Chile.
Ficha de Miguel Hernández como miliciano del 5º Regimiento, en la que consta su afiliación al Partido Comunista.
Documento del 4 de junio de 1940 del Ministerio del Ejército con la conmutación de la pena. /Archivo General Militar de Ávila.
Carta al ministro Rafael Sánchez Mazas intercediendo por Miguel Hernández del 25 de mayo de 1940 / Archivo Nacional de Chile.
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