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Posdata

El aria de tenor -quizá- más famosa del mundo

La ópera póstuma de Puccini, Turandot, se representa hasta el 16 de junio en el Palau de les Arts

La ópera 'Turandot' se estrena en el Palau de Les Arts de València.

La ópera 'Turandot' se estrena en el Palau de Les Arts de València. / L-EMV

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Lluís Pérez

Lluís Pérez

València

El nombre de Calaf puede no significar nada para los lectores de este artículo o quizás sí. Tampoco el dilema sobre el cual reflexiona mientras espera el amanecer. Pero el título Nessun dorma les transportará a una música concreta, a unas emociones y, sobre todo, a la reflexión final de su protagonista: "Vincerò". Esta es, quizá, el aria más famosa de la historia de la música si lo permite su homóloga femenina Der holle rache, el canto de la Reina de la Noche en La flauta mágica de Mozart, genio de quien quería hablarles este mes en vez de repetir con la ópera, pero que he decidido posponer a dentro de unas semanas. La excusa no es baladí. El Palau de les Arts representa Turandot de Giacomo Puccini hasta el 16 de junio y, movido por la trascendencia de la pieza, es obligatorio explicar que Nessun dorma es mucho más que su agudo final y que sin toda la construcción previa que despliega Puccini no tendría el mismo impacto. No erizaría la piel de ese modo, ni generaría ese torrente de emociones que la han convertido en un himno musical de solo tres minutos, mucho más popular desde el Mundial de Italia 90 gracias a la interpretación de Pavarotti y a su elección como banda sonora por parte de la BBC.

El inicio de la composición, ejemplo de perfecta construcción musical, es completamente inverso porque el aria comienza con una breve intervención de la orquesta: un arpegiado que queda en suspenso antes de repetirse, una fórmula en bucle durante toda el tema A, y que precede a la entrada del tenor casi en forma de susurro. Calaf canta en mitad de la noche y muestra sus dudas ante un acontecimiento cumbre en la historia: el momento en que revele su nombre y que le permitirá, en eso confía, ganarse el amor de la princesa del imperio chino, Turandot.

El fragmento funciona como un diálogo a dos entre la voz y la orquesta, que no solo acompaña, sino que tiene un lenguaje propio que irá desarrollando y ganando peso a medida que avanza el aria hasta alcanzar todo el protagonismo en el final tras el agudo. El fraseo del tenor es claro, se centra en la palabra y, aunque la melodía se detiene en algunas notas con mayor duración, no destaca por las coloraturas, ni por los adornos, ni florituras. Por cada nota, hay una sílaba. Por cada sílaba, una nota. Importan las reflexiones del protagonista. Eso no significa que sea un aria sencilla de cantar, no está al alcance de cualquier voz, especialmente por su exigente agudo final: un la 3, al límite del registro del tenor, pero además largo, sostenido y en fortíssimo, precedido por un si3 más breve. Ahí llegará la música después, nosotros también.

La primera intervención del tenor finaliza con la frase de "amor y de esperanza", un momento que Puccini aprovecha para extender el arpegiado de la orquesta. A diferencia de los anteriores, este no queda en suspenso, como flotando en el aire; no. En esta ocasión, el compositor lo extiende hasta resolverlo -el oyente percibirá al escuchar la pieza que la música descansa- y llevarlo a una nueva tonalidad. Mientras que el inicio está escrito en Sol M, el segundo tema (B) está escrito en Re M, una tonalidad asociada a la victoria -aquello que anhela el personaje que la canta- por su sonido triunfal y majestuoso. La escogieron también Pachelbel y Beethoven para el Canon y el Himno de la Alegría de su novena sinfonía, respectivamente. Puccini los toma como referencia para reflejar la esperanza de Calaf.

Una vez presentados los dos temas, el compositor se entrega a construir el apoteósico final, una analogía perfecta del convencimiento de Calaf en su exitoso desenlace. Lo hace con tres factores. El primero, enriqueciendo la densidad de la orquesta con la participación de nuevos instrumentos; los vientos, por ejemplo, ganan presencia y la intervención del coro, repitiendo el tema B, permite que la intervención final del tenor sea más impactante. El segundo, el aumento progresivo de las dinámicas, es decir, que el aria gana intensidad de volumen a medida que avanza. Y el tercero, con una expansión del registro de la música. ¿Qué significa esto? Es sencillo. A medida que avanza la música, esta se expande hacia los graves, pero también hacia los agudos; de modo que parece que el aria se abra hasta la explosión final, hasta el famoso "vinzerò". Este es, sin duda, una prueba atlética para el tenor por está al límite del registro cómodo y porque, además, el público lo espera fervorosamente, se ha convertido en todo un fenómeno cultural. A diferencia de lo planificado por Puccini, poco importa al oyente lo interpretado previamente por el cantante; si falla el agudo, el aria se descompone.

¿Sería tan impactante este agudo final sin toda esta construcción previa? Imposible. ¿Conseguiría ese efecto que cautiva a tantos? De ninguna manera. Es la proeza compositiva de Puccini porque el resultado de la música, su impacto, no es casualidad, no se produce sin más. Existen motivos científicos y matemáticos que lo explican. Eso también explica que, por muchas veces que la escuches, su construcción sigue impactando en mayor o menor grado. A lo mejor, a partir de ahora, cuando vuelva a escuchar Nessun dorma, lo haga de una manera diferente.

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