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Complicidades

Everilda

Everilda Ferriols.

Everilda Ferriols. / Biblioteca Pública del Estado en Valencia.

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Carlos Marzal

Carlos Marzal

ambientales, culturales en las que viven los individuos son importantes, por supuesto, pero no escriben nuestro destino. Por fortuna, la vida de cada cual constituye una anomalía, una excepción, una casualidad que se construye tanto a favor de nuestras circunstancias, como contra ellas mismas.

Ahora bien, algunos nombres muy especiales parecen estar sólo destinados a unos pocos que puedan y sepan llevarlos. No son nombres cualesquiera, no hay mucha gente capaz de vivir con ellos. Uno de esos nombres, en mi santoral privado, es Everilda.

Ha muerto mi amiga Everilda Ferriols. Eve. El acto de escribirlo me lo hace todavía un poco más incomprensible, porque las palabras, lejos de hacernos entender ciertos asuntos, los empujan hacia el territorio de la ficción, en donde las cosas suceden conforme a leyes propias que todo lo convierten en un cuento, en una fábula.

Las únicas Everildas que he conocido han sido Eve y su hija (que es una feliz prolongación de su madre, por lo que puede decirse que sólo he conocido a una Everilda, repartida en dos). Aunque siempre la llamábamos Eve, me gustaba de vez en cuando pronunciar su nombre completo, porque Everilda tiene algo musical, cristalino, como de aguas antiguas que fluyen armoniosas por los canales de un palacio, o eso me figuro yo.

El nombre es germánico y dicen que significa «la que lucha con la fuerza del jabalí», la «guerrera valiente». En su etimología aparecen los sustantivos ‘eofor’, el jabalí sagrado que alude a la valentía, y ‘hild’, que apunta a la batalla.

Everilda Ferriols era valiente y batalladora, al mismo tiempo que elegante y discreta, porque las ideas propias se pueden defender con absoluta tenacidad sin descender al energumenismo, algo que ella aborrecía. Su sentido del humor, la agudeza de su inteligencia y sus infinitas lecturas hacían de ella una de las mejores analistas que he conocido. Sus juicios sobre literatura, política, historia (y mundanidades) solían resultar tan certeros como iluminadores. (Como cuando argumentaba, con toda la razón, que uno de los dramas de España es y será la destrucción sistemática de los cuadros intermedios de la administración -los buenos técnicos, los buenos funcionarios expertos- en favor de dóciles enchufados, analfabetos administrativos, que favorecen la corrupción y el desorden).

Con la muerte de Eve desaparece alguien importante para la vida pública de Valencia, aunque ella jamás se interesó por los asuntos públicos de la vida. No tengo el criterio que se suele tener acerca de la importancia de los individuos y los hechos: quiero decir que casi todo lo que se suele considerar importante por la actualidad me parece una pasajera estupidez.

La importancia verdadera es sutil, profunda, discreta y muy pensada. Como las historias de su libro de relatos No estoy acostumbrada a la esperanza. Como Everilda, a la que tanto queremos y de la que tanto hemos aprendido.

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