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La vida valenciana de Lope a Lorca

Vicente Gorgues recrea los pasos en la ciudad de ilustres de las letras

València històrica.

València històrica.

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Javier Hernández

«Finalmente llegaron a la ciudad del Turia, en la que entraron por la puerta del Real, y fueron directos al trinitario convento del Remedio, ubicado junto al puente del Mar. Allí pudieron descansar. Anhelaba Cervantes la tranquilidad y el sosiego que no había podido tener desde hacía mucho tiempo».

V. Gorgues (2026: 29)

Dicen que las buenas obras literarias son aquellas que nos hacen ver las cosas como si fuera la primera vez; la publicación de Vicente Gorgues El aleph valenciano (Valencia, NPQ Editores, 2026) sin duda lo consigue por partida doble: nos presenta un lugar, la ciudad de València y sus cercanías, atravesada a lo largo de los siglos por las vidas de grandes intelectuales de manera que, al novelar sus verídicas estancias, nos hace redescubrir tanto la ciudad como a dichas figuras, empezando por Cervantes y terminando con el poderoso capítulo de María Moliner.

Con su prosa ágil y amena, Gorgues nos hace conectar con la verdad humana de Unamuno, Moratín, Lope de Vega, Emilia Pardo Bazán, Antonio Machado y un Federico García Lorca lleno de ilusión que desconocía su trágico final. Sus pisadas se entrelazan sin saberlo, solo algunos cobran cierto grado de conciencia de cómo la historia va tejiendo una preciosa red entre quienes tomaron la pluma, el bolígrafo o la maquina de escribir para crear las obras que pueblan infinidad de estantes; red de una petición unánime sobre la cultura, el progreso y la vida pacífica.

El centro de esa red es València; leerla en esta novela es como asomarse a un cuadro de Hubert Robert: la ciudad que pisamos hoy contiene la que pisaron aquellos, ver nuestras calles es también ser conscientes de sus pisadas y del legado que nos interconecta a todos a través del lenguaje, de la literatura. La obra de Gorgues le da una vuelta más a la conocida frase de Víctor Hugo (por boca de uno de sus personajes de su novela, Nuestra Señora de París) en la que afirma que el libro, la literatura, sustituiría al edificio, la arquitectura, como medio de transmisión de conocimiento para regalarnos no una alternativa o disyunción sino una fusión ya que una posibilita la otra. De hecho, varias obras de Lope de Vega fueron inspiradas por paisajes valencianos y Hemingway nunca faltó a su mención de la capital del Turia en sus novelas. El caso del escritor estadounidense resulta significativo de lo afirmado; en su capítulo se nos explica que, cuando llega por primera vez a nuestra ciudad, dos edificios próximos entre ellos le llaman especialmente la atención: la Estación del Norte y la plaza de toros, símbolos de progreso y tradición respectivamente.

Por otra parte, el rigor histórico queda perfectamente avalado por la extensa bibliografía incluida, prueba del gran trabajo de documentación llevado a cabo que ofrece un aliciente más para el historiador, el filólogo o el curioso de nuestra historia.

Estoy convencido de que su lectura no les decepcionará y espero disfruten tanto como lo he hecho yo.

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