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El desencanto que no cesa

Se cumple el cincuentenario de ‘El desencanto’ de Jaime Chávarri y el próximo año serán cincuenta de las memorias de Felicidad Blanc, escritora, esposa y madre de los Panero. Cátedra se ha adelantado con una edición crítica

Felicidad Blanc

Felicidad Blanc / Levante EMV

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Javier Casado

Javier Casado

València

Cuando todavía hay en el mercado de libros antiguos ejemplares de Espejo de sombras, editada por Argos Vergara en noviembre de 1977 (corregida en enero de 1978) y posteriormente muchas veces reeditada por la misma editorial el pasado siglo y por otros sellos en el actual -con el mismo éxito que el documental citado y el interés por la obra literaria de la familia-, pero siempre recurriendo al original, una autobiografía de Blanc escrita en colaboración con la periodista Natividad Massanés (1924-2012), quien describe la gestación del libro.

Por todo ello se hacía necesario, en plena etapa de sumo interés por los años setenta y ochenta en nuestro país, y así lo asume la prestigiosa colección Letras Hispánicas de Cátedra, reeditar los dos centenares y medio de páginas del texto, bien acompañadas gracias a un estudio en profundidad del mismo; cuestión de la que se ocupa, también con un centenar de páginas, Virginia Trueba Mira -Universidad de Barcelona- y desde la portada ya no mira esa joven espejada, sino un retrato de la autora con pelo blanco, sacado del aparato gráfico y fotográfico de la publicación.

Felicidad Blanc y Bergnes de Las Casas (Madrid, 1913-Donostia, 1990) era hija de una importante familia, desempeñando su padre la dirección del Hospital princesa en Madrid, y muy conocida en sociedad como escritora de cuentos o relatos, traductora, actriz y deportista, si bien tras su matrimonio con el poeta astorgano Leopoldo Panero (1909-1962), en 1941, fue abandonando tales actividades y dedicándose a madre de familia en la España de la dictadura franquista, donde su marido era un literato oficial del régimen.

Aunque Felicidad Blanc realiza algunos relatos en los cuarenta y en 1979, sus cuentos salen a la luz de forma póstuma en el año 2019 por obra de Sergio Fernández Martínez, investigador de la Universidad de León, pues durante muchos años, cual desvelan sus recuerdos, fue una mujer de izquierdas y republicana habitando un mundo conservador donde se sentía sola, como resume, en primera persona, escribiendo: «De aquel Madrid que no era precisamente una fiesta», refiriéndose al mejor de los ambientes culturales.

También servidor vivió la aparición y éxito del documental de Chávarri (97 minutos con entrevistas a la viuda e hijos del poeta oficial), cuando aún montábamos cine-clubs para crear espacios culturales alternativos, y no me extraña que a la propia Blanc le inspirase componer su obra autobiográfica. El filme fue producido, como no, por Elías Querejeta y aún sufrió los efectos de la censura tardofranquista, dado que se suprimieron alusiones de Leopoldo María sobre sus experiencias sexuales en la cárcel.

Casi dos décadas después, en 1994, el director Ricardo Franco rodó Después de tantos años, una secuela de aquel desencanto basada en entrevistas con los tres hermanos, pues Felicidad había fallecido, que contiene valiosas aportaciones y, ya en el siglo actual, en 2009, el director Luis Miguel Alonso realizó el documental Los abanicos de la muerte sobre Leopoldo María en concreto, si bien con vocación de complementar la filmografía anterior, cuando vivía de forma estable en el hospital psiquiátrico canario donde falleció y seguía aún publicando.

Amén de su marido, Felicidad Blanc tuvo tres hijos, siendo dos también poetas y un tercero, el menor, un escritor sin obra, aunque yo disfruté mucho de sus columnas en el diario El País. El primogénito, Juan Luis Panero (1942-2013), fue poeta, escritor e intelectual, al igual que el segundo, Leopoldo María Panero (1948-2014), de la generación de los Novísimos -de los setenta-, aunque habitando un ‘malditismo’ propio y padeciendo esquizofrenia, mientras Michi -José Moisés- Panero (1951-2004), el benjamín, fue símbolo de la bohemia madrileña finisecular (sus escritos se publicaron en 2020).

Larga es la nómina de secuelas ensayísticas del desencanto y cabría destacar un texto en 2008 de Federico Utrera titulado Después de tantos desencantos. Vida y obra poéticas de los Panero, anterior a la muerte de los protagonistas y que contiene documentación inédita de Juan Luis y Michi, completando la visión sobre la obra de ambos, menos conocida que la de su hermano Leopoldo María; a lo que hoy debemos añadir esta excelente edición-estudio el pasado abril de las memorias de Felicidad Blanc, interesantísimas, para cerrar el círculo.

Podemos dar testimonio de cómo la expresión «el desencanto» se convirtió en forma de caracterizar el período sociopolítico de la denominada transición democrática española y el crítico cinematográfico Diego Galán lo destacaba en 2003, señalando que el propio Jaime Chávarri así se lo había reconocido. Pese a la desaparición hace más de una década de todos los protagonistas, stricto sensu, el desencanto parece gozar de buena salud -sigue generando curiosidad inteligente: historia- y retorna su rayo como si el tiempo no hubiere de transcurrir.

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