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Viñetas raras

¿Se sueña en el espacio con pelícanos eléctricos?

Pelícanos eléctricos en los lagos

Pelícanos eléctricos en los lagos / Levante-EMV

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Álvaro Pons y Noelia Ibarra

València

La ciencia ficción que encuentra su edad dorada a partir de los años 30 en revistas tan recordadas como Amazing Fantasy o el Astounding Science Fiction de Joseph Cambell creció en paralelo con la pasión por el avance científico, que se miraba con tanta admiración como con un temor creciente que permitió al medio pasar de la fantasía fundacional de Edgar R. Burroughs a ser altavoz de los miedos de la guerra fría e instrumento de denuncia social. El cómic no fue ajeno al auge de este género, que tuvo una eclosión espectacular en las revistas de la EC para después encontrar en la prensa su propio espacio gracias a la reescritura genérica que protagonizó en 1951 el Flash Gordon de Dan Barry (recuperado en España por Dolmen Editorial, con traducción de Rafa Marín) y que favoreció que las turas diarias siguieran el camino con series como Skymasters of the Space Force de Dave Wood y Jack Kirby o Beyond Mars, de Jack Williamson y Lee Elías, que ahora recupera lujosamente Diábolo en una edición integral que recopila toda la serie publicada entre 1952 y 1955. Con guiones de uno de los grandes referentes del medio, escritor coetáneo de clásicos como Simack, Asimov o Heinlein pero también el primer académico en darle rango de objeto de estudio al género, el cómic volvía a Marte sin el glamour de John Carter pero con un espíritu de aventura que bebía tanto de los nuevos retos de la ingeniería como de las batallas de piratas del mar de China que Milton Caniff dibujaba en Terry y los piratas e inspiraban a Elías.

Pero el género ha seguido evolucionando en el tiempo, encontrando caminos propios que llegan también a las estanterías de hoy con obras como Space Scouts, de Matt Kindt y David Rubín (Astiberri, traducción de Santiago García), una serie en la que el guionista americano realiza un ejercicio de amalgama referencial que comprende tanto las novelas y películas de Running Man o Los juegos del hambre a los cómics de Legión de superhéroes o Atari Force pasando por La guerra de las galaxias, para construir un relato que enmienda el camino del héroe y cuestiona la realidad de la meritocracia en una sociedad que convierte las vidas, cuerpos y problemas de la juventud en un espectáculo de masas. David Rubín aplica su espectacular concepción de la composición de página y el color para lanzar una conexión con el ritmo de los videojuegos que termina de definir un panorama transmedial del género como crítica del colapso de nuestro tiempo, retransmitido en directo como un reality show.

No obstante, hay también espacio para otra ci-fi, que no abandona el espacio, pero sí la espectacularidad: Pelícanos eléctricos en los lagos, de Sun Bai (Fulgencio Pimentel, traducción de César Sánchez) constituye una melancólica inmersión en un futuro donde el viaje a otros planetas deja de ser una aspiración para convertirse en una burocracia vacua. Con una paleta de colores fríos y asépticos, Bai mira desde el futuro un pasado que ya no existe y desprende la nostalgia de lo que ya no será, donde los sueños de ovejas eléctricas se perdieron hace mucho, en una eclosión tecnológica que solo maquilla una abulia laboral que deriva en existencial. Soledad con ecos de Tarkovski que todo lo impregna desde la monotonía, dejando solo el brillo de los mensajes en las aplicaciones de mensajería como escape de ese aislamiento. Deconstrucción íntima de emociones y sentimientos que encajan en una visión moderna del género, que es capaz de asumir formas poliédricas para seguir manteniendo incólume su vocación de denuncia de aquello que nos resulta ingrato de la realidad que vivimos.

Tres obras que conectan pasado y presente de un género que siempre habita en el futuro.

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