ARDERN: ante la pira del poder

Ardern: ante la pira del poder / MARK COOTE
La edición de la autobiografía de quien fue primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, ha significado, como ocurrió con su sexenio de mandato político, un aldabonazo a la conciencia pública mundial sobre la acuciante necesidad de nuevas formas de ejercer el poder.
Ardern aboga en su título por otro poder diferente, que la editorial subtitula largamente: «Las memorias de una mujer que gobernó su país desde la empatía y está redefiniendo el liderazgo en el mundo», que en parte es cierto y en parte peca de optimismo. La obra se editó en inglés el pasado año y ha sido traducida al castellano por Plaza y Janés (Renata Somar) en febrero último, teniendo una buena acogida por parte del público y la prensa especializada, si bien no parece que los grandes medios de comunicación se hayan fijado demasiado.
Ello es curioso, pues precisamente España no tiene sus antípodas en un área marina, sino en las tierras australes de Nueva Zelanda y, sin embargo, la lectura de Ardern resulta enseguida de gran cercanía en cuanto a las preocupaciones de quien se describe ideológicamente como republicana (en monarquía), socialdemócrata, progresista y feminista, sin ser boomer, pues este mes cumple 46 años y fue la primera ministra más joven del mundo con 37 y también de su país en 150 años de Historia.
De hecho, profundizando en el libro, aparece su acción de gobierno que supone lo contrario a esas antípodas de lo que se dilucida en España y, en su primer mandato, se centró en combatir la pobreza infantil, la crisis de la vivienda, la brecha de la desigualdad y las emisiones de carbono; tras una reelección con mayoría en 2020, pasó la crisis del coronavirus y dejó el puesto en 2023 aduciendo falta de energía y deseos de vida familiar, pues fue la segunda líder mundial en dar a luz en su mandato tras Benazir Bhutto, la paquistaní asimismo socialdemócrata y laica.
Las memorias de Jacinda Ardern parten de su niñez y narran el proceso de ascenso al poder de un nuevo tipo de persona, hasta la inesperada decisión de dimitir como primera ministra. Son una autobiografía política, pero también una reflexión sobre el liderazgo, ya que como ella señala, destacado por los editores: «Encontré la forma de ser humana en primer lugar y líder en segundo», y de ahí la dedicatoria que abre el texto: «Para quienes lloran, / para quienes se preocupan, / para quienes abrazan (sic)».
Con Ardern nunca el personaje tapa a la persona y ella misma redacta tanto el prólogo, con esa mezcolanza particular que veremos, como el epílogo, breves, y declara sus reglas vitales principales: «Ser madre y una neozelandesa orgullosa». Por ello en agradecimientos se extiende con sus padres -por su ayuda para el libro- y familiares, amén de su equipo en pandemia y cuantos la acompañaron en su carrera, logrando que la crítica coincida: inspiradora, prioriza la humanidad, modelo de líderes, bondad, sabiduría adquirida, liderazgo femenino, etcétera.
La obra es extensa, pero abarca treinta capítulos no muy largos (cada uno con su propio título) donde detalla su recorrido vital y se apoya también en un aparato gráfico de fotografías en color -8 páginas- fuera de numeración y sin índice, pero con pies explicativos. Como señalé antes, desde el prólogo detectamos una escritora atípica, que no se atiene a una narración convencional y da sus toques literarios o combinaciones espaciotemporales llamativas; empieza con una prueba de embarazo en un baño durante la campaña electoral.
Jacinda Kate Laurel Ardern (Hamilton, 1980) nació en un pequeño pueblo, hija de un policía y en una familia mormona (ella se declara agnóstica). En 2001 se graduó en comunicación y desde los 17 años es militante del partido Laborista -trabajó un tiempo para Tony Blair en Reino Unido-, siendo elegida presidenta de las juventudes socialistas internacionales. Entre 2017 y 2023 fue líder de su partido y primera ministra, enfrentándose a una crisis terrorista, al control de armas, a la covid y a erupciones volcánicas; panorama que a servidor tampoco le parece tan lejano.
En el epílogo cuenta una anécdota con su hija, a propósito de la dimisión, donde en primera persona se pregunta: «¿Podía ofrecerle una razón sólida por la que no deberíamos simplemente darnos todos por vencidos?» Ardern no lo hace y actualmente ha creado la beca Tield para un liderazgo empático, es investigadora principal en la universidad de Harvard y apoya causas mundiales contra el cambio climático, para eliminar contenidos violentos online y de apoyo a mujeres y niñas.
Una trayectoria sociopolítica que vemos gestarse en sus memorias, en el ser y en el estar de una importante política sin pelos en la lengua, hasta devenir en un liderazgo ejemplar, como el del expresidente de Uruguay José Mujica fallecido hace un año, y resulta impresionante la forma en que desde países recónditos llega su mensaje a todo el planeta, para luego hundirse bajo el océano de nuestras miserias. Feliz lectura.
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