30 de noviembre de 2019
30.11.2019

La central y la autovía que dieron vida al Valle y la Hoya

Cofrentes y Buñol se convirtieron en dos oasis poblacionales dentro del éxodo rural, pero ahora se enfrentan al incierto futuro de la nuclear y las carencias ferroviarias de la C-3

30.11.2019 | 04:15
La central y la autovía que dieron vida al Valle y la Hoya

Dentro del fenómeno originado por el éxodo rural y la despoblación del interior que se ha acentuado en el inicio de este siglo XXI, durante los últimos 40 años de ayuntamientos democráticos surgieron dos oasis vinculados a dos grandes hitos en la infraestructura de la Comunitat Valenciana: la puesta en marcha de la central nuclear de Cofrentes y la construcción de la autovía a Madrid, la A-3.

Aunque el proyecto de la central nuclear de Cofrentes ya se inició años antes de aquellas primeras elecciones municipales de 1979, la instalación no comenzó a funcionar hasta bien entrado el período democrático. Entró en servicio en 1984 y, desde entonces, sirvió para dar empleo a miles de personas ya no solo en Cofrentes sino también en el resto de la comarca del Valle de Ayora-Cofrentes e incluso en la demarcación de Requena-Utiel. De este modo, un municipio que se veía abocado a un fenómeno de despoblación inevitable, incluso ha crecido en habitantes desde entonces. Además del empleo generado por la propia central e industrias vinculadas a ella, los residentes en el municipio gozan de ciertas ayudas y subvenciones por las incomodidades que genera convivir con la instalación cerca de sus hogares. Con el cierre de la central en un horizonte cercano, la comarca ha de buscar ahora una transición hacia un nuevo modelo económico para que la despoblación no haga mella de forma definitiva en la región.

El efecto provocado en la Hoya de Buñol-Chiva por la construcción de la A-3 fue mucho mayor. La apertura a principios de la década de los 90 de la autovía, que desdoblaba la mítica Nacional-III a Madrid, permitió acercar ostensiblemente a poblaciones como Buñol, Chiva o Cheste a València.

El municipio de Buñol, gran potencia industrial por la cementera, las papeleras y el sector textil, se vio fortalecido por esta infraestructura vial que la dejaba a poco más 20 minutos por carretera de València. Además, esa cercanía de la capital del Turia le ha permitido potenciar la que ya es una de las fiestas con mayor proyección internacional del mundo y de la que saca un gran rédito económico: la Tomatina. No obstante, el gran debe en Buñol en materia de transporte se encuentra en la red de Cercanías. La línea C-3 presenta múltiples deficiencias y todavía no ha sido electrificada.

La apertura de la A-3 también tuvo un gran impacto sobre los otros dos grandes municipios de la comarca. En Chiva, la población se ha duplicado en 40 años al pasar de unos 6.000 a alrededor de 15.000 habitantes. La autovía ha convertido a la localidad chivana en parte del área metropolitana de València, y la implosión de las urbanizaciones provocó un ostensible crecimiento poblacional. Mientras, en Cheste, la A-3 permitió la localización en su término del Circuit Ricardo Tormo y el establecimiento de una de las áreas con mayor potencial logístico empresarial de toda la Península.

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