30 de noviembre de 2019
30.11.2019

Ilusión sí-añoranza no

30.11.2019 | 04:15
Ilusión sí-añoranza no

L a Diputación de Valencia y Levante-EMV han presentado una exposición con motivo del 40 aniversario de los primeros ayuntamientos democráticos desde la Segunda República. A ella hemos sido invitados algunos de los protagonistas-supervivientes de aquellas elecciones que hemos sido interrogados por los periodistas deseosos de saber lo que supuso aquel momento para nosotros.

La respuesta más frecuente ha sido: «una gran ilusión». Y no había motivos para menos ya que, en aquel momento, teníamos una enorme esperanza de que iba a ser posible nuestra entrada en los ayuntamientos, y participar en el gobierno de nuestros pueblos y ciudades de forma muy distinta a como hasta entonces se había hecho. No sólo íbamos a ser elegidos democráticamente por los ciudadanos sino que gobernaríamos con más trasparencia y participación. Ya no sería el Gobernador Civil de turno el que nos impondría el alcalde ni lo cesaría cuando quisiera. Era un tiempo nuevo, el fin de una dictadura. Una ilusión que se hacía realidad. Teníamos, en definitiva, como dice Julio Monreal en un reciente artículo en Levante-EMV, «la ilusión y el deseo de cambiar la faz de las ciudades».

Ahora, cuarenta años después de aquella primera ilusión, el resultado de tantos esfuerzos está a la vista de todos. Las ciudades en las que ahora vivimos no se pueden comparar en ningún aspecto con las de 1979. Sería patético que así no fuera, pero lo cierto es que miremos donde miremos todo es mejor que hace cuarenta años lo cual, aunque no se piense en ello, ha exigido mucho trabajo por parte de muchos que, gota a gota, día a día, han ido mejorando nuestra ciudad. No se ha hecho solo.

En sanidad tenemos una asistencia universal, más hospitales, centros de salud, personal sanitario, especialistas, medios materiales, presupuesto en definitiva. Lo mismo podemos decir del ámbito educativo desde la escuela infantil hasta la Universidad con todos su medios humanos y materiales. Y así podríamos seguir comparando las zonas verdes, las calles y plazas, las actividades culturales y deportivas, la protección social, los alcantarillados, depuradoras, etc. Todo ha mejorado y el municipalismo puede sentirse satisfecho. En mi opinión esto no hubiera sido igual sin la existencia y ayuda del gobierno autonómico, pero eso daría para otro artículo.

Por supuesto que nuevas generaciones se plantearán nuevas necesidades a cubrir y que todo lo ya realizado ha de seguir mejorando. El trabajo municipal no se acaba ni acabará nunca porque las necesidades de los ciudadanos están en permanente modificación e incremento.
Sin embargo, y pese a esta satisfacción por una tarea bien hecha, por haber participado inicialmente en algo que ha beneficiado a tantos, los de la «quinta» municipal de 1979 no deseamos que aquello vuelva a ocurrir. No sentimos añoranza por aquellos momentos ni los recordamos con pena por haberlos perdido. La única añoranza es por la juventud perdida, pero personalmente no me gustaría repetir la campaña electoral de aquellos comicios en la que teníamos que repetir una y mil veces que se votara sin miedo, que se abrieran las ventanas, que se saliera a la calle a participar con alegría. No me gustaría ir de puerta en puerta explicando lo que se estaba dirimiendo, repartiendo papeletas ya ensobradas como nos pedían para evitar que nadie se enterara de lo que votaba.

No me gustaría ver de nuevo el temor al qué pasará si ganan unos u otros como el que entonces había. Y ello pese a que la normalidad democrática había llegado con las elecciones generales de 1977 donde todos habían participado con normalidad y personajes como Carrillo, La Pasionaria, Alberti, Felipe, Guerra o Fraga etc. trabajaban codo con codo en el Congreso de los Diputados.

No me gustaría, en definitiva, que nadie formara parte de otros primeros ayuntamientos democráticos; que se saliera de una dictadura y que se encontrasen con que todo estaba por hacer. Me gusta más como ocurre ahora donde todos votan sin temor, la ilusión por la política municipal es la misma y saben que dentro de cuarenta años no habrá nada especial que celebrar.

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