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Del optimismo a la catástrofe

Una mujer con su perro huyendo de los incendios en Grecia.

Una mujer con su perro huyendo de los incendios en Grecia. Agencias

El futuro de la crisis climática dependerá de las acciones que tomemos ahora. El último informe elaborado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU advierte de que solo una «reducción drástica» de las emisiones de gases de efecto invernadero evitará que el aumento global de las temperaturas supere los 1,5 grados a finales de este siglo. De hecho, el diagnóstico señala a que el único freno posible al calentamiento global pasa por conseguir cero emisiones en el año 2050.

Del optimismo a la catástrofe

La última radiografía del planeta corrobora que la superficie es hasta 1,2 grados más cálida que en la era preindustrial. Y todo apunta a que la temperatura global seguirá aumentando hasta mediados de siglo y que en las próximas décadas se superará la barrera de los 1,5 grados; el horizonte que aspiraba evitar el Acuerdo de París. Según concluye el IPCC, el clima terrestre de finales de siglo dependerá de las emisiones que generemos en las próximas décadas. Estos son los cinco escenarios posibles:

Si conseguimos ‘cero emisiones’ para 2050.

El escenario más optimista tiene que ver con el reto más ambicioso de todos: lograr la neutralidad climática. Si se consigue, se calcula que a corto plazo el aumento global de las temperaturas podría alcanzar los 1,5 grados en 2040 y los 1,6 grados en 2060. Si los esfuerzos de mitigación se mantienen, para finales de siglo se salvaría una décima. En el mejor de los casos, pues, tendríamos solo 1,4 grados en comparación con la era preindustrial.

Si bajamos nuestras emisiones.

En un escenario donde los esfuerzos de mitigación son menos ambiciosos, el panorama que se plantea es algo peor. Entre 2021 y 2040, el aumento global de las temperaturas alcanzaría los 1,5 grados. Para 2060, la temperatura terrestre podría aumentar hasta 1,7 grados y para finales de siglo llegaríamos a tener temperaturas de 1,8 grados más. No obstante, este escenario, aunque menos optimista que el anterior, también nos quedaríamos por debajo del umbral crítico de los 2 grados.

Si seguimos como hasta ahora hasta, al menos, mitad de siglo.

Si la humanidad no hace nada para hacer frente a la crisis climática, para 2060 estaríamos por encima de 2 grados y para finales de siglo alcanzaríamos los 2,7 grados de incremento de las temperaturas globales. Esto equivaldría a un alza de entre cuatro y siete grados en la zona del Mediterráneo.

Si aumentamos los niveles actuales de emisiones.

Si la especie humana aumenta sus emisiones de gases de efecto invernadero, las previsiones apuntan a un calentamiento extremo. En los próximos 20 años, la temperatura media del planeta subiría hasta los 1,5 grados respecto a la era preindustrial. Para la década de 2060, el calentamiento global alcanzará los 2,1 grados. Y para finales de siglo, los termómetros podrían subir hasta 3,6 grados.

Si duplicamos los niveles actuales de emisiones.

El escenario más pesimista muestra las consecuencias que viviría el planeta si las emisiones de gases de efecto invernadero aumentaran exponencialmente. Las previsiones señalan que antes de 2040 se llegarían a superar los 1,6 grados. Para 2060, el aumento global de las temperaturas alcanzaría los 2,4 grados. A finales de siglo, el mundo podría estar hasta 4,4 grados más por encima. Si estas previsiones se cumplieran, para finales de siglo el verano típico en España sería de casi 10 grados más que ahora.

No está todo perdido

La conclusión final del IPCC es que, lejos de darlo todo por perdido, no es tarde para evitar un calentamiento global extremo. Pero hay que tomar medidas drásticas para conseguirlo. «Esta generación puede hacer los cambios sistémicos necesarios para frenar el avance la crisis climática», destacó esta semana Inger Andersen, directora ejecutiva del programa de las Naciones Unidas sobre medio ambiente.

La buena noticia, subraya el informe, es que todavía estamos a tiempo de salvar el planeta. La mala es que, incluso si detuviéramos hoy mismo todas las emisiones, harían falta entre 20 y 30 años para detener el calentamiento global. La lucha contra la crisis climática, pues, será a largo plazo o no será.

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