En 1990, casi al comienzo de su trayectoria profesional, dos jóvenes diseñadoras ganaron el concurso convocado por la firma italiana Alessi. Juntas, la después Premio Nacional Marisa Gallén y Sandra Figuerola -compañeras en el estudio La Nave- crearon la fuente para horno de la conocida marca italiana, un icono ya del diseño. Esta creación protagoniza la lámina que Levante-EMV entrega hoy en su colección «Iconos del diseño valenciano. Del 1930 al 2022», en colaboración con València Capital Mundial del Diseño y el Arxiú Valencià del Disseny.

«El proyecto de Alessi fue muy especial ya que llegó en el inicio de la profesión, recién aterrizadas en el estudio La Nave. Alessi es una conocida empresa italiana, importante y muy comprometida con el diseño. Fuimos seleccionadas para participar en un concurso internacional dirigido a mujeres y nuestra pieza, una bandeja para el horno, fue una de las seleccionadas. Cuidamos mucho la presentación del proyecto, incluimos textos e ilustraciones y, finalmente, ser seleccionadas y recibir la llamada del propio Alberto Alessi fue una de las mayores alegrías de mi vida profesional, iniciada en ese momento», recuerda Sandra Figuerola.

La Premio Nacional de Diseño Marisa Gallén. l-EMV

El diablo como inspiración

Sobre el diseño de la fuente, Gallén explica que empezaron a trabajar alrededor de una serie de productos con la figura del diablo, pero «convertida en alegre personaje despojado de maldad». «Presentamos un librito muy artesanal, confeccionado con papeles y texturas especiales, en el que explicábamos el concepto y mostrábamos la figurilla del diablo aplicada a diferentes utensilios para servir la comida como salvaplatos, sopera o bandeja para horno y mesa». «Formalmente simpático, esta representación del diablo la vimos adecuada para simbolizar irónicamente la gula; funcionaba muy bien desde la monocromía pero también podía soportar los más encendidos contrastes cromáticos. Ofrecía una interpretación novedosa para la empresa», añade la diseñadora. Finalmente, el proyecto se materializó en una bandeja de horno y mesa coronada por la cabeza del diablo.

bandeja Diablo: el icono que nació en la nave

Gallén recuerda también el contexto en el que nació esta pieza: los años del colectivo La Nave. Eran once socios (Gallén, Figuerola, Eduardo Albors, Paco Bascuñán, José Juan Belda, Carlos Bento, Lorenzo Company, Luis González, Luis Lavernia, Nacho Lavernia y Daniel Nebot) que se unieron tras el verano de 1984 y su nombre venía del espacio donde se instalaron, una nave industrial de 400 metros cuadrados. «La Nave fue un estudio de once socios que funcionábamos de manera flexible, individualmente o en grupos de trabajo, según los requisitos y complejidad de cada proyecto», señala la Premio Nacional.

Para Gallén, la situación sociocultural del momento fue clave para asentar en España el diseño como profesión «que se encontró con las circunstancias adecuadas para su eclosión». «Hubo una explosión de creatividad, energía y talento que convirtió a la ciudad de València en referente cultural de la época», apunta. Y de ahí, el éxito de La Nave. «Un grupo numeroso de diseñadores inquietos y talentosos compartiendo un espacio singular y realizando proyectos relevantes, despertó mucho interés mediático», sostiene.

bandeja Diablo: el icono que nació en la nave

Para Figuerola «La Nave fue el inicio de mi profesión y, si todos los comienzos tienen algo de inseguridad o incertidumbre, el hecho de estar rodeada de colegas, ya muy profesionales, hacía que esa sensación se minimizara. Comenzar en La Nave me dio seguridad y me quitó muchos miedos, sin renunciar a la audacia más típica de los jóvenes. Esta circunstancia hizo que mantuviéramos la frescura gráfica en muchos de nuestros proyectos».

«Las circunstancias sociales, económicas y políticas, hicieron que en esa etapa se creara un proyecto potente, audaz, un poco loco y muy creativo. Sin duda había mucho que hacer y teníamos muchas ganas y el hecho de estar todos juntos hizo que se potenciara nuestro bagaje creativo. Ver, escuchar y compartir toda esa actividad, los planteamientos, soluciones o giros que muchas veces se daban a los proyectos, para que siempre fueran diferentes, modernos e innovadores. La Nave fue un auténtico máster, un aprendizaje de la profesión intenso y acelerado. Además, por si esto fuera poco, lo hacíamos desde la diversión y la risa», añade Figuerola sobre aquellos años. Para ella, las nuevas generaciones han bebido, en cierto modo, de «esa mezcla de anarquía y rigor, de diversión y trabajo, que hacía de la Nave el deseo de cualquier creativo. Muchos de los socios, posteriormente ejercimos como docentes y transmitimos ese espíritu y esa forma de hacer» a las nuevas generaciones.

bandeja Diablo: el icono que nació en la nave

Bocas y huevos XXL

Ambas coinciden en un diseño de la aquella época al que guardan especial cariño: los hinchables Toi. «El cliente nos pidió que diseñáramos algo impactante y original, alejarnos de los manidos hinchables de playa. Era un tipo de industria poco desarrollada en ese momento y un gran campo para explorar. Fue un proyecto estimulante y divertido; era un placer entrar en la fábrica y ver montañas hinchables de bocas y huevos fritos a tamaño XXL», dice Figuerola.