27 de febrero de 2019
27.02.2019

"Tan fundamental es un trabajo digno con salario digno, como disponer de tiempo digno"

Jose Luis Casero, presidente de Arhoe, incide en la importancia de orientar la RSC a los empleados

27.02.2019 | 10:27
Jose Luis Casero, presidente de Arhoe.

Jose Luis Casero deja a sus hijas en el colegio a las 9:00 y se va a trabajar. Es socio-director de Grupo Tempo y, además, preside ARHOE, Comisión Nacional para la Racionalización de Horarios Españoles. Compaginar todo y no vivir "enganchado" al trabajo no es tarea sencilla, pero con "entrenamiento y organización" ha logrado predicar con el ejemplo. "Yo a partir de las ocho de la tarde, no le cojo el teléfono ni al Rey –afirma entre risas- porque a esa hora hago cosas tan normales como bañar a mis hijas, cuando eran más pequeñas, o cenar con mi mujer".

Cuando hablamos de Responsabilidad Social Corporativa muchas veces pensamos en acciones filantrópicas y orientadas hacia fuera de la empresa, pero el experto llama la atención sobre la importancia de impulsar políticas que tengan como sujeto a los propios empleados de la compañía. La RSC aplicada al ámbito del trabajo incluye aspectos como la retribución y la promoción, pero también la flexibilidad horaria y la conciliación de la vida familiar y laboral.

Me da la sensación de que a políticos y empresas se les llena la boca con términos como "conciliación" y "flexibilidad", pero ¿cuánto hay de verdad? ¿Se ha pasado de las palabras a la acción?
El cambio es lento, pero sí se va viendo. En los programas electorales se ha trascendido de afirmaciones que no decían nada, como "promoveremos la conciliación y los horarios racionales" a medidas más concretas como "equipararemos los permisos de paternidad a los de maternidad de forma progresiva" que nosotros aplaudimos, vigilamos y recordamos. En lo relativo a las empresas, las grandes corporaciones y, poco a poco, las pymes, se van dando cuenta de que la conciliación es rentable. Les hemos demostrado que una empresa con horarios racionales incrementa su productividad entre un 15 y 20%, rebaja el absentismo laboral entre un 20 y un 25% y, además, a efectos de capital humano, un trabajador que siente respetados esos espacios y tiempos privados es un trabajador más feliz y, en consecuencia, más fiel y comprometido con la empresa.

Entonces, ¿tener tiempo para uno mismo y ser productivo en lo personal, implica ser más productivo en lo profesional?
 Por supuesto. Tan fundamental es tener un trabajo digno con un salario digno, como disponer de un tiempo digno para disfrutar de ese salario digno. Un horario injusto de trabajo merma nuestro tiempo de ocio y de descanso y hace que nos sintamos más infelices, cabreados, frustrados y, por tanto, menos productivos. No se trata de que el Gobierno deba garantizar nuestra felicidad u organizar nuestra vida, pero si tiene que facilitar los marcos adecuados para que cada uno pueda desarrollar su vida personal en el sentido que desee. Porque la conciliación no es solo para aquel que tiene hijos. Si no tienes hijos, tienes el mismo derecho a disponer de tiempo libre para ir al gimnasio, salir con los amigos o lo que sea.

Si racionalizamos los horarios, los trabajadores rinden más y las empresas aumentan la productividad. Entonces, ¿por qué existe aún resistencia al cambio? ¿Cuáles son las principales trabas?
En España hay un problema cultural. Ha hecho mucho daño el "presentismo", el calentar la silla, el miedo de los trabajadores, el pensar "si no se va la jefa o el jefe yo no me voy". Las empresas siguen controlando la presencia por delante de la productividad y los objetivos, pero los estudios muestran que, tras el salario, lo que más valoran los trabajadores jóvenes, los millennials, es la flexibilidad. Si una empresa quiere atraer talento y retenerlo debe escuchar esta demanda y actuar. El cambio de dinámica exige un nuevo tipo de líder que predique con el ejemplo y que dé y exija confianza y honestidad. Aún existe gente que actúa de freno de mano porque consideran prioritarios otros asuntos o porque viven para trabajar. A mí que el presidente de una multinacional no tenga casa, haya entregado su alma al trabajo, tenga hijos que no le conocen€ no me preocupa, es su problema. Lo que me preocupa es la gente que se ve atrapada bajo las decisiones y el liderazgo de este tipo de personajes.

"La disponibilidad y el desenganche se gestionan con un dedo, es tan fácil como darle a un botón"

Pasando por alto la diversidad de puestos y funciones y partiendo de un trabajo de oficina estándar, ¿cuál sería un horario racional?
Para nosotros un horario racional es un horario flexible, con una hora de entrada entre las 7:00 y las 10:00 y, de salida, entre las 16:00 y las 18:00. Esta flexibilidad permite a los trabajadores organizar su vida para tener tiempo para todo. En el caso de padres con hijos, por ejemplo, este margen de entrada y salida facilita dejar y recoger a los niños en el colegio y, de este modo, fomentar la igualdad y corresponsabilidad. Además, durante la jornada hay que evitar todas esas distracciones que roban tiempo, rompen la productividad y alargan la jornada, como ir al trabajo a desayunar o pararse a mirar el resultado del partido de fútbol. Y, por supuesto, ¿qué sentido tiene dedicar dos horas o dos horas y media a la comida? Lo lógico es almorzar en 45 minutos, seguir trabajando y salir antes. Se trata, en definitiva, de saber organizarse, optimizar el tiempo y cumplir los objetivos y expectativas para tener horarios más racionales.

¿Veremos en España la semana laboral de 4 días?
Sería fantástico, pero siendo honestos y realistas, debemos empezar a construir la casa por los cimientos y no por el tejado. Ahora mismo el objetivo es racionalizar los horarios laborales y favorecer la conciliación y la corresponsabilidad partiendo de la semana laboral de 5 días. Una vez alcanzado este logro y habituados al nuevo modelo, estaremos en disposición de avanzar hacia la semana reducida intensificando nuestro trabajo y con ayuda de la automatización y las nuevas tecnologías.

La tecnología ha roto las barreras espacio/temporales. Se puede trabajar en cualquier lugar, a cualquier hora y con cualquier dispositivo€ ¿puede esto volverse en nuestra contra?
Los modelos de organización del trabajo cada vez encajan menos con la regla clásica de 8 horas de trabajo, 8 de recreo y 8 de descanso. Es más acertado hablar de las 4 D: dedicación, disponibilidad, desenganche y descanso. Al igual que la D de dedicación tiene que ser en mayúscula y negrita, conviene tener bien diferenciadas las otras tres. La tecnología nos da herramientas maravillosas y nos facilita muchísimo la vida pero no nos debe atrapar ni deshumanizar. No podemos convertirnos en esclavos de los mensajes, ni obsesionarnos con devolver todas las llamadas. Pensando en modelos de teletrabajo, si resulta que estás trabajando en casa, ni te vistes, ni te afeitas, aprovechas para hacer las lentejas€ al final no estás haciendo ni una cosa ni la otra. Hay que ser cauto e inteligente en el uso del tiempo y la tecnología.

¿Cómo podemos gestionar la disponibilidad y el desenganche?
Garantizar el desenganche es tan fácil como darle a un botón. La disponibilidad se gestiona con un dedo porque es tan sencillo como apagar el móvil o no contestar, no tienes por qué estar atendiendo permanentemente. Yo, por ejemplo, más allá de las ocho solo le cojo el teléfono a mi familia. Me ha llevado tiempo y entrenamiento, pero es posible y necesario.

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