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El trabajo en la maleta

Una cullerense trabaja haciendo paellas para visitar en 3 años una decena de países

Un popular anuncio televisivo afirma aquello de que cuando más viajas, más grande se hace tu mundo. Muchos ribereños lo están experimentando en los últimos años, cierto es que la mayoría de ellos de forma forzosa por tener que buscarse (en un buen número de rincones cercanos y lejanos) sus futuros. Patricia Sánchez, una joven vecina de Cullera, decidió en 2011, cuando sólo tenía veinticuatro años de edad, hacer las maletas e irse a conocer mundo. El resultado han sido tres años de viaje por prácticamente todo el continente asiático: India, Nepal, China, Japón, Taiwán, Nueva Zelanda, Laos, Camboya, Tailandia; además de Filipinas. Todos los paisajes, momentos, personas y costumbres que más le llamaron la atención se recogen ahora en la exposición «Records nòmades», que se inauguró ayer en Cullera y que puede ser visitada por todos los interesados.

Patricia Sánchez cuenta que decidió emprender esta aventura porque en nuestra sociedad «vivimos en una burbuja, nos tienen ignorantes de lo que pasa en el mundo». Hace tres años consiguió el visado Working Holidays para trabajar durante un año en Nueva Zelanda. Y allí se marchó. Trabajó en todo tipo de tareas: recogiendo tomates, limpiando platos, en un hotel e, incluso, haciendo vino. También se dedicó a cocinar un plato tan internacional como la paella. Después, emprendió un viaje por todo el sudeste asiático.

En algunas ocasiones iba acompañada de amigos, pero también viajó sola. Aunque, como dice ella, realmente nunca estás sola porque «conoces a mucha gente viajando». Las noticias que llegan a Occidente sobre estos países son sobre las continuas violaciones de mujeres. Pero Patricia cuenta que, si se toman precauciones, una mujer puede viajar sola perfectamente. Lo importante es conocer el país antes de viajar e informarte de a qué zonas no debes ir. El choque cultural es enorme, pero a esta joven de Cullera le gusta más la cultura oriental. «Asumen más las responsabilidades», cuenta la cullerense. En sus fotografías enseña las diferencias culturales, como por ejemplo mostrando un cementerio de Nepal para dar a conocer que allí la muerte no es un tema tabú, sino que está más presente en la vida. También se pueden ver texturas, como las de las arenas que, al bajar la marea, se quedan de color azul en algunas playas asiáticas.

Los mejores recuerdos que guarda son de todas las amistades que ha conocido. En cambio, el momento más peligroso fue cuando un taxista la intentó timar obligándola a que le pagará más dinero por un viaje. El taxista la amenazó con llevarla a la comisaría y ella aceptó y, de hecho, al final las autoridades le dieron la razón a la joven. Pero «cuando llegas allí, impone ver a los policías con metralletas, yo pensaba que me mandaban a la cárcel», dice.

La conclusión que extrae Patricia Sánchez de esta experiencia es que en todos estos países «las personas tienen menos, pero son más felices, aquí nos engañamos en querer comprar la felicidad». Pronto volverá a Nueva Zelanda a trabajar como cocinera, porque «aquí sólo tengo trabajo dos meses», lamenta. En Asia un chef tiene más reconocimiento que un médico porque son conscientes de la importancia de la alimentación en nuestra salud.

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