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Promotor de una educación de vanguardia en la Escolaica

La asociación Cullera Laica rinde homenaje al insigne docente con la presencia de su nieto, Rafael Arizo Marín

El profesor Rafael Arizo, con varios compañeros.

El profesor Rafael Arizo, con varios compañeros. Levante-EMV

El CEIP Lluís Vives de Cullera, la Escolaica, es una escuela con historia, no sólo porque cuenta con más de un siglo de vida, sino también porque fue de las primeras en introducir nuevos métodos pedagógicos que promovían la libertad de pensamiento y los conocimientos científicos. Rafael Arizo Aparici (Valencia, 1987-1967) fue su primer director y el responsable en gran medida de todas estas innovaciones. La asociación Cullera Laica organizó el viernes por la noche un acto en este colegio para recordar su figura. En el homenaje estuvo el nieto de Arizo, Rafael Arizo Marín y, además, se pudo ver un retrato del exdirector, obra del pintor José Mongrell. Como explica el profesor Malonda, la elección de Arizo para dirigir el centro no fue casual. Sus ideas sobre laicismo y educación eran bien conocidas y la asociación La Liga de la Enseñanza, creadora de la Escolaica, depositó su confianza en él. Las clases empezaron en el curso 1907-1908. El reglamento de este centro destacaba por innovaciones pedagógicas difíciles de encontrar en otros colegios de la época. Se suprimieron los deberes para hacer en casa, se aprovechaban los incidentes en clase para promover la moralidad en los alumnos y quedaron prohibidos los castigos físicos. Arizo no era partidario de la enseñanza memorística, «los libros de texto oxidan el cerebro», decía. Este profesor dejó la Escolaica a principios de 1911 y, después de dar clases en Ayora, volvió a Cullera en 1915. En 1919 abandonó de nuevo Cullera.

Fue uno de los fundadores del Grupo de Valencia de la Liga Internacional de Educación Nueva, precursores de la innovación pedagógica en Valencia. También fue un gran defensor de las colonias escolares y, entre 1930 y 1932, fue director de las colonias organizadas por el Ayuntamiento de Valencia. Pero, tras el final de la Guerra Civil, sus novedosas ideas no casaban con la férrea moral franquista. Arizo y sus hijos fueron encarcelados y sometidos a un Consejo de Guerra.

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