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La sátira toma las calles de Alzira

La corrupción y el afán del consistorio por inaugurar infraestructuras ante la llegada de las elecciones centran las críticas de las comisiones en la cabalgata multicolor El «caloret» de Rita Barberá y la crisis, en el punto de mira de los falleros

Miles de falleros de Alzira se lanzaron ayer por la tarde a las calles armados de sátira y afilada crítica. Desde las trincheras del buen humor hubo disparos certeros de toda clase, aunque si algo estaba en el punto de mira de las comisiones era la actual situación económica y política. La corrupción, la proximidad de las elecciones y diversos asuntos de índole local coparon los temas más tratados en la cabalgata multicolor.

Plaça Major, con sus componentes disfrazados de mimos, aludía a la teatralidad que invade la política ante la cercanía de los procesos electorales y señalaba que «sempre que vénen eleccions hi ha moltes inauguracions», con una caricatura que recordaba a la alcaldesa Elena Bastidas cortando una cinta.

Caputxins, caracterizados como flamencos rosados, criticaban que «en época d'eleccions tot és de color de rosa, enguany es repoblen els jardins per amagar tanta destroça». Asimismo, ironizaban sobre el afán por mejorar la imagen de la ciudad del consistorio y expresaban que «amb tant d'arreglo (sic) als jardins, tenim Alzira que sembla un zoo, sols falta que fiquen flamencs i lleons».

Una de las fallas más multitudinarias, Camí Nou, no se olvidaba del polémico discurso de Rita Barberá en la «crida» de Valencia y se mofaba de su «caloret». Los componentes de la comisión optaron por disfrazarse de bebidas alcohólicas y decían: «Ací bevem gin-tonic valencià. God save the Queen!».

Las tarjetas «black»

Por su parte, les Basses no dejaba pasar la oportunidad para hacerse eco del escándalo de los exdirectivos de Caja Madrid con las denominadas tarjetas «black» que usaron para gastos personales. Los falleros se enfundaron en originales tarjetas de crédito negras en las que podían leerse diversas frases como «Això ho pague jo!».

Camilo Dolz, en cambio, se fijó en una cuestión más local. Ataviados en un complicado disfraz de carrusel, cuestionaron la instalación del recinto ferial.

Cerca de ellos, Sant Andreu aprovechaba para reivindicar una mejora en su casal, de 50 metros cuadrados, donde la comisión no cabe. «No tenemos tantas influencias como otros», decían, en alusión a las cesiones de locales municipales para albergar los centros de reunión de las fallas. Colonia Anna Sanchis no se olvidaba del paro. Con trajes de leones, denunciaban que a las puertas del INEM «hi ha coles a vagons» y advertía de que «ens convertirem en lleons al tocar-nos les prestacions».

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