Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Sueca llevaba la mejor mano

«Durá es el impresor más importante que ha habido en España, incluso más que Fournier», afirma Jorge Amorós, copropietario de Expo Galería

Sueca llevaba la mejor mano

Sueca llevaba la mejor mano

El tradicional juego de cartas tuvo un extraordinario referente valenciano. Desde el Cap i Casal salieron centenares de miles de barajas que acabaron en manos de jugadores de países europeos, Filipinas, el Caribe y Sudamérica. La imprenta de Simeón Durá (Sueca, 1849-Valencia 1931) fue todo un referente en el último cuarto del siglo XIX y primer tercio del XX. Su fallecimiento en los primeros meses de la Segunda República Española y la Guerra Civil cortó una brillante trayectoria que pretendían seguir sus herederos. Las barajas creadas y editadas en los talleres de este suecano se han convertido en auténticas joyas para coleccionistas.

Desplazado a Valencia de joven, trabaja como aprendiz en una imprenta hasta que con tan solo 20 años se independiza para montar su propio negocio dedicado exclusivamente a la fabricación de naipes. Con el tiempo, aquel joven emprendedor llegaría a construir una empresa con 130 operarios a principios del siglo XX y más de 160 poco antes de su muerte. Ni la pérdida de las colonias de Cuba y Puerto Rico, donde tenía un gran mercado, ni la aplicación en 1904 del impuesto sobre naipes con lo que las barajas pasaron a costar el doble para los compradores, pudieron con él.

El ministerio le concedió en 1929 la Medalla del Trabajo a instancias de un antiguo empleado, Julián Moya, cuya iniciativa fue ampliamente respaldada por diferentes asociaciones culturales de Sueca, su localidad natal donde era muy conocido y apreciado y de la que nunca se desvinculó. El alcalde de Sueca, Juan Serrano, le impuso el galardón en presencia de Pedro Juan Serrano, que representaba al Gobernador, y Juan Artal, concejal de Valencia y delegado por su propio alcalde, suecanos todos ellos. El acto se celebró en la propia fábrica del homenajeado en junio de 1930, según recogieron las crónicas publicadas en la prensa local de la época, El Sueco y El Anunciador Comercial. Ese mismo año, el consistorio suecano le nombró Hijo Predilecto.

«Simeón Durá es el impresor más importante que ha habido en España desde mitad del siglo XIX hasta la actualidad; incluso más que Fournier», afirma Jorge Montaner Amorós, coleccionista y copropietario de la filatelia Expo Galería en Valencia.

De aprendiz a prohombre

A pesar de que las primeras referencias son poco concretas, algunos le sitúan en sus inicios como aprendiz en el taller de los también naiperos Manáut Hermanos, en Valencia. Su primer negocio lo monta en la calle Sant Vicent, y tras crecer la empresa pasa a Guillem de Castro. Definitivamente en Arrancapins (hoy Àngel Guimerà) se asienta en el terreno donde construirá la gran fábrica que le dio el prestigio por el que fue conocido en su tiempo.

La producción de barajas a gran escala se frena al finalizar la Guerra Civil. Pocos años antes había fallecido el alma mater, quien supo ganarse el respeto y el cariño de sus empleados. La fábrica Hijos de Simeón Durá fue incautada por los obreros durante el conflicto bélico aunque les permitieron seguir viviendo en el recinto de la industria donde tenían sus domicilios. Recuperada tras la contienda por José Durá Andreu, se encontró con que el cupo de la cartulina estaba acaparado por Heraclio Fournier. Por añadido, las dificultades para renovar la maquinaria en la crisis postbélica condicionaron que dejara de ser puntera en la elaboración de naipes. La imprenta cerró en 1970.

«Primero cogió la línea de estilo de los franceses y creó unas barajas preciosas a las que llama Naipes El Cid», apunta el coleccionista Jorge Montaner. Simeón Durá también registró las marcas Fortuna y El Club. Cuenta que hizo la serie para Chocolates El Barco, «muy colorida y muy bonita» que en aquella época regalaban naipes con el producto. «Tiene barajas de diferentes temáticas y estilos, como el catalán y el castellano», narra.

«Parece mentira que apenas se le conozca fuera del ámbito del coleccionismo cuando hizo una labor tan importante», manifiesta Montaner de Durá para quien reivindica un mayor reconocimiento en Valencia. «El naipe también marca la historia de España desde el siglo XVII hasta ahora; van cambiando los modelos, y Simeón Durá hizo lo mismo durante la época en la que vivió», observa. En el mundo del coleccionismo, una de sus barajas completa y en buen estado de conservación como los de la línea El Cid de 1900, podía costar hace 10 o 15 años fácilmente unos 200 euros, asegura Montaner. «Las que hizo para la marca de chocolate El Barco, que son preciosas, de lo más bonito que se ha hecho en este país, han llegado a superar los 1.000 euros», afirma.

Durá se valió de destacados dibujantes. Entre sus creaciones las hay de ganaderías de reses bravas y toreros; o reyes como Felipe XIV pintado por Jacint Rigau i Ros, y que E. Pastor trasladó a la figura del as de oros para una creación de Durá. También las hay dedicadas a escenas y figuras de la Primera Guerra Mundial, editadas en este caso para la firma de chocolate Angelical, de Barcelona. Y protagonizadas por políticos, como la baraja republicana, editada ya por sus herederos, con las figuras de Pi y Margall, Costa, Salmerón y Castelar, cuyo as de oros era la Mariana tocada con el gorro frigio. En su taller destacó como ilustrador el ya citado Pastor. Elaboraron originales para su empresa de litografía Luis Dubón, Manuel Diago, Ramón Izquierdo, Álvaro Beltrán e incluso José Segrelles. Más allá de los naipes imprimió carteles como el de la Exposición Regional de Valencia de 1909, en la cual participó como expositor. Y siendo de Sueca, no podían faltar las estampas de la patrona, la Mare de Déu de Sales, que publicó en 1896, 1900 y 1909.

Compartir el artículo

stats