­Treinta y nueve fueron los deportados de la Ribera que acabaron pasando por los campos de exterminio nazis en los primeros años de la década de los cuarenta del siglo pasado. Muchas de las localidades de la comarca cuenta con vecinos y vecinas que vivieron el infierno sobre la tierra, caso de Alzira, Carcaixent, la Pobla Llarga, Algemesí, Turís, Cullera, Sueca o Almussafes, entre otros. La mayoría de ellos (todos hombres menos una mujer, Virtudes Cuevas) fueron asesinados, con especial intensidad en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, cuando la barbarie de los nazis fue desmedida. Sin embargo, también entre los ribereños existen fenómenos difíciles de explicar.

Como se recoge en el libro «La ignomínia de l´oblit. Els valencians de la Ribera als camps d´extermini nazis», editado por Publicacions de la Universitat de València, el alcireño Rafael Sivera Escrivá fue protagonista de uno de los consideradas citas memorables en los campos de exterminio nazis: ser liberado antes del final de la contienda mundial. Nacido el 23 de febrero de 1923, es el ribereño más joven en entrar a un campo de concentración del III Reich. Fue detenido con 17 años (el 21 de junio de 1940) en Mirecourt (Vosgos, Francia) como soldado del regimiento extranjero francés en el que se enroló el 4 de noviembre de 1939 para luchar contra los alemanes después de haber combatido el golpe de Estado capitaneado por Franco en España.

Antes de formar parte del 11º Regimiento de Infantería extranjero, en el Tercer Batallón, Sivera estuvo en el campo de Barcarés. El 16 de diciembre de 1940 fue trasladado al Espinal, enviándolo al Stalag XIII-D el 25 de diciembre de 1940 (donde recibió el número de prisionero 1.336).

El 24 de marzo de 1941 fue de nuevo trasladado de prisión, ahora a la de Stuttgart hasta que el 14 de junio de 1941 llegó a Mauthausen, señalándolo con el número 6.667. Su entrada se dio junto con otros diecisiete españoles, llegando Sivera con vida hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. La salida está datada el 11 de noviembre de 1944. Según los fondos documentales que consiguieron conservar Casimiro Climent y Juan de Diego fueron liberados de Mauthausen solamente 110 personas antes del final de la guerra mundial, mayoritariamente españoles (69) pero también franceses (31), polacos (2) y un italiano, un suizo, un canadiense, un ruso, un mexicano y un inglés. Algunos fueron trasladados a Stalags alemanes o compañías de trabajo públicas o privadas, donde continuaron siendo explotados por las tropas nazis, obsesionadas en sacar beneficio bélico de sus prisioneros.

Se puede entender la exclusividad de la medida si se tiene en cuenta que las esperanzas de puesta en libertad de los presos de campos de concentración se habían empezado a desvanecer tan pronto como estalló la guerra.

En otoño de 1939, Reinhard Heydrich prohibió dispensar de su detención preventiva a los reclusos mientras durasen las hostilidades. Aunque podrían darse excepciones, advertía que los funcionarios policiales debían asegurarse de que los prisioneros no se aplicaban a activistas políticas comprometidas, por ser considerados criminales peligrosos con «elementos de conducta particularmente antisociales».

Los prisioneros que figuran en la lista al ser liberados dejaron de pertenecer burocráticamente al campo de Mauthausen y de hecho, según constató el investigador Adrián Blas, ninguno figura en ningún otro listado del campo de la Alta Austria, incluida la de los supervivientes. Esa liberación no significa la libertad de los prisioneros y simplemente eran trasladados a otros centros de trabajo tanto del Estado como privados que no dependían de la burocracia del campo de Mauthausen. Algunos de estos prisioneros, especialmente los más jóvenes incluso trabajaron en el mismo pueblo de Mauthausen, como el alcireño Rafael Sivera Escrivá. En la lista especial aparecen dos prisioneros que fueron liberados por la Cruz Roja internacional, caso del catalán José Ester Borràs y del francés Louis Recordeau. Ambos fueron liberados a finales del mes de abril de 1945, cuando faltan menos de dos semanas para que las tropas americanas liberen el campo nazi. Sivera, uno de los más jóvenes de todos los que fueron liberados, consta que estuvo trabajando en el pueblo de Mauthausen, sin conocerse la función. La primera residencia conocida de Sivera la fijó en en los años posteriores a la II Guerra Mundial en Gironde (Francia).