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Pionera en poner música al Ejército

La alcireña Mª José Castillo abrió el camino para que muchas féminas ingresaran en las unidades filarmónicas del Ejército

Pionera en poner música al Ejército

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r. s. | alzira

Hay mujeres que, afortunadamente, se empeñan en romper todas las barreras. Quiebran los grilletes que las oprimen y consiguen hacerse un hueco en un mundo de hombres que les han privado de buena parte de sus derechos. La alcireña María José Castillo es un claro ejemplo. Fue la primera en ingresar en el Cuerpo de Músicas Militares en una época en la que ese simple hecho suponía una auténtica revolución. Ella marcó el camino a seguir de muchas mujeres y de todos aquellos que buscan una sociedad igualitaria.

María José nació en Alzira el 21 de abril de 1963. Cuando todavía era una niña, escuchó una melódica llamada que la llevó a incorporarse a las filas de la Societat Musica de Alzira. Allí, con nueve años, inició su formación. El saxofon era su instrumento y con el tiempo demostraría que de talento no iba nada corta. Finalizó sus estudios en el conservatorio de València y pasó de alumna a maestra. Esa transición ya supuso romper los primeros moldes ya que fue una de las primeras mujeres en impartir clase en la entidad local.

Pionera en poner música al Ejército

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Disfrutaba de aquello pero entre ceja y ceja tenía una meta aún más mayúscula. Dos amigos músicos, Fernando Parrilla y Bernardo Pérez, despertaron en ella el interés por el Cuerpo de Músicas Militares. Casi en secreto se presentó a las oposiciones. Fue la única mujer que superó las pruebas de selección y la primera y única mujer que hasta entonces ingresaba en la Academia y después en el Cuerpo de Músicas Militares como suboficial de las Fuerzas Armadas. Además, quedó la décimo quinta en la lista de selección. Detrás de ella, una veintena de hombres.

María José tenía 27 años y en su ingreso se encontró con un mundo que no estaba preparado para la presencia femenina. «Cuando yo llegué no había nada, la academia tuvo que adaptarse a mi presencia. Al principio yo estaba como en una habitación aparte, a veces me concedían espacios enormes en los que estaba yo sola. Tenía algunos momentos de soledad pero lo cierto es que me acogieron muy bien. Tengo un grato recuerdo de mis compañeros de promoción», explica para Levante-EMV. A María José le correspondió abrir camino e impulsar las transformaciones necesarias para que las mujeres tuvieran su espacio en el ejército y para que pudiesen desarrollarse profesionalmente.

Una agradable visita

Hay un recuerdo imborrable de sus inicios en el cuerpo que rememora siempre de manera entrañable. Llevaba menos de un mes en el ejército cuando los buenos de Enrique y Teresa, sus padres, fueron a visitarla. «Me parece una anécdota muy graciosa. En aquella época no había teléfono móvil así que como mucho podías hablar con tus familiares a través de cabinas. Ellos estaban preocupados porque desconocían cómo era aquello y en qué condiciones estaba, pero se fueron encantados y muy contentos. Envié muchas cartas durante aquellos años, antes del toque de diana me sentaaba en un rincón y les escribía», rememora María José.

En el año 2008 se le concede la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco En ese año recibió también un premio muy especial de manso de la ministra de Defensa, Carme Chacón, de la cual guarda un emotivo recuerdo, el primer Premio Soldado Idoia Rodríguez como reconocimiento a su labor para potenciar el papel de las mujeres y a la igualdad de oportunidades; al abrir camino, desde un punto de vista profesional y social, porque otras muchas mujeres hayan ingresado con posterioridad a las Fuerzas Armadas. Por otra parte, en el 2010 y 2016 recibió la Cruz y la Encomienda de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, respectivamente.

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