11 de abril de 2018
11.04.2018

Morante, el maestro acallado por las balas

El maestro carcagentino asesinado por el franquismo fue un símbolo de la innovación educativa durante la II República y un destacado militante de Izquierda Republicana

11.04.2018 | 17:41
Morante, el maestro acallado por las balas

­Cuando terminó la guerra en 1939 y los sublevados se hicieron con el poder empezó una cruel represión contra aquellos que habían tenido algún atisbo de participación en la vida social o política al lado de las instituciones legítimas republicanas. La represión de los rebeldes se cebó más duramente contra los maestros y maestras de la República, contra aquellos que habían formado parte del avance educativo que aspiraba al modelo de una escuela abierta, laica, democrática e innovadora, que creían –tal como decía el lema de la revista de las escuelas de Carcaixent, llamada «Laborando»- que: «La Escuela debe ser atalaya altísima desde la que el niño vea y descubra todas las realidades de la vida». Este ensañamiento de los vencedores se llevó a cabo, principalmente, mediante la depuración. Reubicaron o directamente apartaron de la vida pública a prácticamente todos los maestros y maestras. Sin embargo, en muchos casos la represió se tradujo en cárcel o directamente el asesinado. Fue el caso de José María Morante.

Una vida de compromiso
Morante Benlloch nació en Cuenca en 1892. Obtuvo el título de enseñanza primaria en la Escuela Normal de Madrid y desde el año 1923 desarrolló su actividad pedagógica y vital en Carcaixent. Fue un hombre con un firme compromiso político. De ideas progresistas y republicanas, se afilió a Izquierda Republicana, partido del que fue secretario local. Además, pertenecía a la Federación de Trabajadores de la Enseñanza (FETE) de la UGT. Desde el 1935 hasta el 1939 fue director del Grupo Escolar Navarro Darás de Carcaixent.
Cuando terminó la guerra, fue acusado de pertenecer a la organización de la masonería Rama-Radja-Daramba, de poseer una «pistolita» y de esconder una cajita con emblemas republicanos. La mayoría de estas acusaciones nunca fueron probadas. Al contrario, Morante, en los primeros meses de guerra, ayudó y dio cobijo a personas de derechas y católicos, según atestiguó en su día el reverendo Enrique Pelufo en su carta de alegaciones, que nunca fue atendida. Pero, a pesar de la intercesión de «Don Enrique», el maestro de Carcaixent no se salvó de los sumarísimos judiciales, que supusieron su condena a muerte directa. Uno de sus alumnos, Salvador Bono, contó en una entrevista realizada por Mª Antonia Iglesias que cuando «se supo la noticia de que le habían fusilado en público no se dijo nada, pero en privado la gente que le apreciaba lo sintió muchísimo. Había pánico. Yo tenía 8 años cuando fusilaron a don José María y no entendía por qué un hombre que había dedicado su vida a este pueblo, que no era el suyo, impartiendo clases, bondad, cultura€ ¿Por qué?».
Treinta hombres armados con fusiles lo asesinaron, a él y a otros. «Yo muero tranquilo, pero que muy tranquilo. Hay una Justicia Divina a la que no se le engaña y es ante la que me veré dentro de poco y me dará el pago que los hombres me han negado», escribió Morante, sin que le temblara el pulso, en su carta de despedida. Un 31 de octubre de 1939, a los 47 años, teniendo una mujer y cuatro hijos, fue fusilado en las tapias del Cementerio de Alzira, y sus restos fueron abandonados en una fosa común.

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