14 de mayo de 2018
14.05.2018

«No olvido el olor de la carne humana quemada»

14.05.2018 | 10:33
«No olvido el olor de la carne humana quemada»

La misionera de Alginet. Elvira Bosch ha dedicado casi toda su existencia a labores humanitarias. Tiene 81 años. Cincuenta de ellos los ha pasado en el Congo para dotar de servicios básicos a los africanos y enseñarles habilidades para convertirlos en motores de desarrollo. Desde muy joven tuvo claro que ese sería su cometido vital.

Karen Christence Blixen-Finecke escribió, bajo su pseudónimo literario (Isak Dinesen) la conocida novela «Memorias de África», sobre la que posteriormente se realizaría una celebérrima adaptación cinematográfica dirigida por Sydney Pollack y protagonizada por Meryl Streep y Robert Redford. El relato autobiográfico narra la experiencia vital de la protagonista durante los 17 años que pasó en Kenia. Más de mil kilómetros al oeste, la vecina de Alginet Elvira Bosch ha pasado medio siglo como misionera en el Congo, donde ha ayudado a promover la educación y la sanidad en zonas de máxima necesidad humanitaria.
Con 21 años ingresó en la congregación religiosa Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús porque tenía muy clara su vocación: «Yo quería ser misionera y por eso busqué una congregación que fuera exclusivamente misionera. Cuando era joven sabía que iba a ser monja, pero recibí una revista del Papa Pío XII que decía ´África, ahora o nunca´, al leer el artículo comprendí que era lo que yo quería», reconoce. Tras estudiar Bachillerato y Magisterio en la orden religiosa, cumplió su deseo y fue a su destino soñado.
Cuando llegó al Congo, la visión del país africano le impactó. «Aquello era otro mundo, te encuentras la nada más absoluta. Intentas aplicar una inventiva que allí la gente no tiene para dar una solución a sus problemas», expone, a lo que añade: «Por ejemplo, hicimos un carro. De cero. Lo enganchamos a un toro y así podíamos transportar cargas pesadas. Todo el mundo se quedó boquiabierto. Jamás habían visto un pupitre cuando llegué. Pues yo le hice un dibujo al carpintero y él lo fabricó. Cosas como un retrete o una cisterna para almacenar el agua de la lluvia también les impresionaron mucho».

Cambios políticos
Un país tan complejo desde el punto de vista occidental, que sólo lo ve como un puñado de tierra que explotar, como ocurre con la extracción del coltán. A eso, se suma la propia cultura y su idiosincrasia. «Nunca sabes por dónde te va a salir el pueblo congoleño. Aquí cuando la gente mata, mata. Allí descuartizan. Lo hacen por razones personales, hay mucha más venganza que guerras o motivaciones políticas. Nunca se me olvidará un día que venía del trabajo, muchas personas ocupaban el camino. Cuando me abrí paso, vi que estaban quemando gente. Esa imagen y ese olor los tienes siempre presentes», rememora conmocionada. «Los cambios de gobierno han sido muy complicados. Mobutu ha estado muchos años, en unos las cosas eran blancas, en otros eran negras y luego eran coloradas. Dependía mucho de los de fuera. Han habido momentos difíciles, días en los que te acostabas vestida por si ocurría algo, te llamaban y tenías que salir corriendo», añade.
Pese a ello, asegura que se adaptó «bastante bien» al nuevo país, con la vista siempre en su objetivo: «Es cierto que he pasado por muchas dificultades, pero yo he sido la persona más feliz del mundo en el Congo. Siempre trataba de salir a flote. A mucha gente de allí le faltaba iniciativa. En vez de darle las cosas hechas ellos deberían querer conseguirlas. Por eso durante estos cincuenta años he luchado para formarlos de manera que puedan salir de la situación donde están por ellos mismos», afirma, orgullosa de su labor.

Alginet siempre se vuelca con su vecina
Elvira Bosch ha contribuido a crear zonas agrarias en Mwilambongo, a cultivar campos de arroz o fundar una cooperativa en Koshinbanda y a ayudar a minusválidos en Kinshasa. Siempre defiende su pueblo natal, Alginet, que la reconoció como Hija Predilecta. Y éste le ha correspondido con su colaboración. Tanto una ONG local como el colegio que lleva el nombre de la congregación religiosa han realizado numerosas colectas para ayudar a Bosch.

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