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Virtudes Cueves se abre paso en la historia

Un estudio de la investigadora Amalia Rosado Orquín ya es la primera biografía sobre la única ribereña que acabó en los campos de exterminio nazi, exactamente en Ravensbrück. La periodista destaca la doble represión que sufrieron las féminas y la necesidad de recordar para evitar que la historia se repita

Virtudes Cueves se abre paso en la historia

Virtudes Cueves se abre paso en la historia

Carles Senso - Alzira

­En tiempos de retrocesos democráticos son más necesarios que nunca referentes de lucha contra el fascismo. De pugna innegociable, de compromiso hasta la muerte. Lo fue (y ahora lo es, en presente, un poco más) Virtudes Cuevas, de Sueca. Así lo testifica la biografía sobre la ribereña redactada por Amalia Rosado Orquín, periodista y Máster en Investigación Aplicada en Estudios Feministas, de Género y Ciudadanía por la Universitat Jaume I.

«Virtudes Cuevas. Una superviviente del campo de concentración alemán de Ravensbrück» supone el primer estudio monográfico sobre una mujer con una vida de película que vuelve en mayúsculas a la Historia tras fallecer en 2010 y apagarse su recuerdo poco a poco en los últimos años por falta de apoyo institucional, sobre todo de un Ayuntamiento de Sueca que sigue sin dar provecho a la antigua casa de la luchadora, que fue cedida para ser convertida en un museo antifascista.

«Ni Sueca ni nadie del territorio español ha reconocido como debe a Cuevas. Lamentablemente han sido los franceses los que han llevado la delantera hasta el momento en honrar a nuestras víctimas. No puedo evitar pensar que si Virtudes Cuevas hubiera nacido francesa posiblemente estaría enterrada en el Père Lachaise. Y quizás tendría una calle en algún sitio. Situarlas en el digno lugar que merecen es una cuestión no solo de humanidad, sino un auténtico ejercicio de justicia histórica», afirma la autora del libro.

Virtudes Purificación Cuevas Escrivà, nacida en Sueca en 1913, fue conocida en la resistencia francesa como «Madame Carmen» o «Madame Vidal». Es un símbolo mundial de la lucha contra el fascismo. No tardó en afiliarse a las Juventudes Socialistas Unificadas y durante la guerra de 1936 se alistó en el Quinto Regimiento. A medida que avanzaban las tropas franquistas se desplazó a Cataluña y llegó a Francia, donde se alistó en la resistencia. Actuó como enlace y abasteció de alimentos a militantes anarquistas, comunistas y socialistas con la puesta en circulación de propaganda, información y armas. Sobrevivió a Ravensbrück junto a Geneviève de Gaulle y fue condecorada por el presidente galo. La suecana fue una de las poco más de mil personas que pudieron lucir la condición de Comandantes de la Legión Francesa, ya que el país galo quiso reconocer su labor como enlace entre los militantes anarquistas, comunistas y socialistas, a quienes la ribereña les proveyó de armas, alimentos o información.

«La protagonista de este libro es un ejemplo a seguir. A través de su trayectoria vital queda profusamente probado que mujeres como ella fueron doblemente olvidadas y doblemente heridas. Fueron profundas las heridas sufridas por estas republicanas antifascistas, firmes luchadoras contra el totalitarismo y, por ello, víctimas de manera particularmente intensa y cruel de la represión, el exilio, la tortura e incluso, en muchos casos, el asesinato sistemático y organizado en campos de exterminio nazis», relata la autora de la biografía. La obra cuenta con un prólogo de Baltasar Garzón y ha sido publicado recientemente en la colección «Història i memòria» de la Universitat Jaume I.

Según Rosado: «Baltasar Garzón habla en el prólogo del libro de la condena al olvido por parte de los que hoy disfrutamos de unos derechos que no siempre conocemos ni reconocemos. Por poner un ejemplo, en nuestro país una inmensa mayoría tiene la falsa creencia que el Holocausto tan solo afectó a víctimas judías, pero la realidad es otra. Conocer estos hechos es necesario para entender el proceso histórico evitando cometer los mismos errores del pasado. A poco que nos interroguemos sobre la realidad actual, podemos ver que desconocimiento y falta de memoria es un tándem que no suele dar buen resultado».

Necesario reconocimiento

La autora reflexiona sobre la doble represión que sufrieron las mujeres: «El libro es durísimo, hay capítulos demoledores e imposibles de adjetivar que hacen referencia precisamente a lo que sucedió en Ravensbrück. El Holocausto, del que fueron testigos Virtudes y el resto de españolas, es uno de los episodios más atroces de nuestra reciente historia. Pero era necesario abordar la deportación femenina desde una perspectiva de género, ya que ni las acciones ni las reacciones que se derivan de esta fueron iguales para los dos sexos. Las asimetrías que se dieron en la deportación femenina así lo justifican. Existen elementos diferenciadores como por ejemplo la prostitución o los experimentos médicos, en suma y resumen la cosificación de las mujeres al servicio de una ideología perversa. Además, las españolas tuvieron que continuar sufriendo, ya que no pudieron regresar a su país tras la liberación de los campos. Eso es lo que diferencia a las españolas de las deportadas del resto de países. En mis visitas, no recuerdo haber visto ninguna bandera española de homenaje en el campo de Ravensbrück». La obligación de recordar.

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