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La rebelión contra el marqués de Llombai

El historiador Vicente Sanz analiza las turbulentas relaciones entre Pasqual Francesc de Borja y sus vasallos a través de unas cartas de 1707

El convento de la Santa Creu acogió entre sus muros al gobernador del Marquesat.

El convento de la Santa Creu acogió entre sus muros al gobernador del Marquesat. vicent m. pastor

Sanz desgrana algunas cartas, cuyo contenido se desconocía hasta hace unos años, en su trabajo «La Guerra de Successió al Marquesat de Llombai a través de les cartes del governador», que figura en la «Aproximació històrica a la Ribera del Xúquer» editada por Carmel Ferragud con motivo de la Assemblea d'Història de la Ribera. Las misivas, fechadas entre el 19 de junio y el 4 de diciembre de 1707, iban dirigidas en su mayoría al X duque de Gandia y XII marqués de Llombai, Pasqual Francesc de Borja-Centelles y Ponce de León, y estaban escritas por el gobernador del Marquesat, Francesc Figueres.

En la correspondencia entre ambos, se destacan algunos hechos históricos como la quema de Xàtiva, la muerte del gobernador de Oliva, la entrada de Felipe V a Gandia o la situación que vivía Llombai, con los vasallos del duque de Gandia rebelados contra su señor. El autor recuerda que mientras que los nobles de la época eran partidarios de que Felipe V ocupase la corona, entre ellos Pasqual Francesc de Borja, lo cierto es que en las clases más bajas no veían con buenos ojos al Borbón. Preferían al archiduque Carlos.

En aquel contexto, tal y como narra Sanz, el duque de Gandia tenía «una gran necesidad de liquidez» ya que, en algunos casos, llevaba hasta dos años sin poder cobrar las rentas de sus vasallos. No en balde, éstos eran definidos de este modo en una de las cartas del gobernador al duque: «Vasallos más rebeldes que los de vuestra Excelencia no se conocen [...] advierto a vuestra Excelencia cuantas maldades se pueden imaginar contra el rey y vuestra Excelencia, las hallarán en sus estados. De hacer moneda, dineros, doblones y reales de ocho, hasta ni respeto en los templos, ni ley de Dios, ni ningún vasallo que desee aumentos de casa vuestra Excelencia». De hecho, el gobernador llegó a expulsar del palacio ducal de Gandia a todos sus sirvientes por considerarlos unos ladrones.

Ejecuciones

Según relata el autor, el duque dio órdenes a su gobernador para hacer valer su autoridad y realizar los cobros oportunos. Hasta tal punto estaba necesitado, que no le importaba la forma de recibir los pagos, ya fuera en capital, rentas o incluso en seda. De hecho, también dio instrucciones para que Figueres cogiera a sus personas de mayor confianza, una vez lograda la recaudación, «para que la conduzcan a esta Corte y resguarden este caudal».

Pero el gobernador se encontró una férrea resistencia. Hasta tal punto, que el 8 de agostó envió al duque una carta en la que le recomendaba una intervención militar del comandante de València o del conde Mahoni ya que, de no ser así, no conseguiría nada. No obstante, el autor considera primordial para entender la situación del Marquesat la carta que Figueres escribió el 22 de agosto, en la que narraba como fue perseguido hasta el convento de la Santa Creu, lugar en el que se encerró para protegerse de los migueletes (seguidores de Carlos III). Éstos llegaron, incluso, a jurar fidelidad al archiduque y a declararse libres del pago de más impuestos al marqués de Llombai y al duque de Gandia. En aquella carta contaba, además, que pudo escapar del convento gracias a la ayuda del conde de Carlet y una guarnición de soldados, que les escoltaron hasta Alzira, desde donde posteriormente partiría a València.

A través de otros documentos, como el Quinque libri de la iglesia, se revela que en 1708 hubo una importante ocupación militar en el Marquesat para controlar a los vasallos. Incluso aparecen escritos que certifican la ejecución de dos migueletes. Ya en una carta posterior, de 1710, Figueras explicaba al duque el mal estado que presentaban tanto las tierras como algunas de las infraestructuras, como la propia casa del gobernador o algunos molinos. El autor concluye que, incluso dos años después de la guerra, «se puede comprobar que la situación del Marquesat es lamentable y el territorio no se había recuperado todavía».

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