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Otro verano en el limbo en Antella

El ayuntamiento y la ciudadanía vuelven a reclamar más seguridad en el paraje de l'Assut por la proliferación de incidencias ante la masiva llegada de turistas - Pese a que el baño está prohibido, miles de personas ignoran la señalización de la CHJ

Los coches llegaron a superar las barreras y situarse a pocos metros del agua, dentro del paraje.

Los coches llegaron a superar las barreras y situarse a pocos metros del agua, dentro del paraje. levante-emv

Pasan los veranos y la solución no llega. La consecuencia la padecen, sobre todo, los vecinos. Antella ha vuelto a vivir un verano de limbo legal en l'Assut, con la llegada de miles de turistas que transgreden las normas establecidas sin que ninguna de las administraciones competentes mueva ficha. La conducta usual de los visitantes es ejemplar, con el respeto del medio ambiente y de la legislación que, por ejemplo, marca que está prohibida la venta ambulante o el aparcamiento de los vehículos en el paraje. Sin embargo, no son pocos los que, ante la falta de un control policial más estricto, han ido invadiendo el paraje y volviendo a «adueñarse» de l'Assut. Mención aparte merece el hecho de que, pese a la prohibición del baño, miles de personas se sumerjan cada semana en sus peligrosas aguas.

Este año no se han tenido que lamentar víctimas mortales en Antella o Sumacàrcer, dos núcleos que en otros veranos vieron morir a varios visitantes por el desconocimiento de los parajes y sus particulares condiciones. Cabe recordar que las señales de la CHJ hacen hincapié en la prohibición del baño dada la presencia de peligrosas infraestructuras hidráulicas. A pesar de ello, se ha vuelto a vivir el malestar ciudadano. También el municipal, ya que los ayuntamientos (tanto el presidido por Amparo Estarlich en Antella como el de David Pons en Sumacàrcer) exigen una mayor presencia policial para combatir las malas conductas y ante la frustración que supone tener plantillas de Policía Local muy limitadas que encima no pueden ser ampliadas.

El ayuntamiento que dirige David Pons García sí decretó, casi por vía de urgencia, la limitación de los aparcamientos en la zona denominada como Illa de l'Esgoletja con el objetivo de acotar el número de vehículos, y por lo tanto de personas, que prácticamente durante todos los días del verano (con más incidencia durante los fines de semana) llenan el paraje natural vinculado al río Xúquer. El alcalde de Sumacàrcer con algunos agente sociales de la localidad vinculados a la lucha por el medio ambiente y decidió tomar la medida para controlar un turismo que, en el caso de Antella, está provocando grandes quebraderos de cabeza, incluso, como dijo el alcalde, un grave problema de seguridad. Por ello se limitó el aforo de vehículos en la zona a un total de ochenta y cinco coches. Sumacàrcer fue declarado Municipio de Atracción Turística en 2008 y en la última década ha concentrado, como Antella, una elevada llegada de visitantes.

Los problemas con el tráfico (ya que se bloqueaban caminos por el alto número de coches aparcados sin control) llevó a la configuración de dos aparcamientos autorizados. Más allá de en ellos, está prohibido el estacionamiento en la zona. Más ahora con el nuevo decreto.

L'Assut convertido en cocina

Antella optó en el pasado por hacer del municipio una gran zona azul en la que, durante los fines de semana de julio y agosto, sólo pueden aparcar los vecinos, que cuentan con una acreditación que sitúan en la guantera de los coches. Las denuncias han sido múltiples un verano más, sobre todo por el desconocimiento de los turistas a pesar de que existen grandes carteles anunciando la restricción de aparcamiento en todas las entradas al municipio. Si la decisión tomada por el ejecutivo de Amparo Estarlich ha logrado pacificar en cierta medida el conflicto vial en Antella, ha sido más complicado combatir la propagación de suciedad en el paraje de l'Assut. Múltiples vecinos han colgado en las redes sociales durante el verano varias fotos denunciando la continua suciedad e incluso la proliferación de fuegos para la preparación de comidas, lo que pone en peligro el paraje natural.

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